Prosa Aprisa
Ni flaco, ni
ojeroso, ni cansado y sin ilusiones
Arturo Reyes Isidoro
¿Flaco,
ojeroso, cansado y sin ilusiones, como en la canción “Fotografía” de Oscar
Athié, aquel baladista de los años 80?
No. Ni
desaliñado ni andrajoso. Tampoco barbón, sin rasurar, ni melenudo. Ni con
zapatos rotos y sucios.
Revise
usted cuantas fotos se han difundido del arresto de Javier Duarte y comprobará
que para nada presenta la imagen de un fugitivo.
¿De veras
el Gobierno Federal estaba a la búsqueda y perseguía al exgobernador de
Veracruz?
Para un
hombre que presuntamente tenía más de seis meses huyendo y escondiéndose de la
ley, Duarte presenta hasta mejor aspecto que el que tenía El Chapo Guzmán, el
macizo, no el de Tantoyuca, cuando fue arrestado, que ya es decir mucho.
Al dictador
Sadam Husein, hombre poderosísimo, expresidente de Iraq, lo capturaron las
tropas norteamericanas el 15 de diciembre de 2003 en un hoyo.
El agujero
estaba bajo una choza en una granja, camuflado con arena y ladrillos. El hoyo
tenía entre 1.80 y 2.40 metros de profundidad y contaba con un ventilador para
que pudiera respirar.
Por
supuesto, su estado físico estaba muy deteriorado. Vestía una camiseta blanca,
pantalones oscuros y una camisa de manga larga, todos sucios.
En las
fotos que se difundieron entonces se veía greñudo y barbón por tantos días sin
rasurarse. Tenía la imagen de un auténtico fugitivo.
Pero Duarte
apareció fresco, gordo y rozagante. Las primeras imágenes que se difundieron de
su captura, cuando lo sacan del hotel, lo muestran con el corte de pelo de una
estética, bien cuidado.
La ropa que
vestía no dista de la misma que usaba cuando era gobernador, cara y de marca, y
aunque no calzaba sus zapatos Ferragamo, sí unos tenis Nike, de los más caros.
¿En algun
momento usted le vio la cara de angustia, de aflicción? Se veía sereno, tranquilo, hasta despreocupado.
Se ve que
los pocos más de seis meses (186 días) presuntamente huyendo y escondido, en
realidad se la pasó mejor que como Dios manda.
Cité a
Sadam Husein porque si de veras Duarte se hubiera visto presionado por las autoridades
mexicanas, de preocupación al menos hubiera bajado de peso. Pero no. Al
contrario, subió.
¿Se sentía
seguro, protegido? Seguramente.
Por la
oportunidad del tema, recupero ahora una parte de la columna “Usted Dirá…” que
el columnista Roberto Valerde García publicó en varios portales el pasado 29 de
marzo, con el encabezado: “Javier Duarte, ¿en Chiapas?”. Le dejo la palabra:
“Ayer martes el secretario de Gobernación, Miguel Ángel
Osorio Chong, estuvo en el municipio de Suchiate, Chiapas, en los límites
fronterizos con Guatemala. Lo acompañaron altos mandos del Ejército, de la
Policía Federal y también estuvo el gobernador Manuel Velasco Coello.
Estuvieron todos en un módulo de atención ciudadana
donde elementos de la Policía Federal interactúan con niños y jóvenes y de
manera didáctica abordan temas de seguridad.
El tema viene a relucir porque la semana pasada
justamente en Chiapas y allá por Suchiate, en la tienda de conveniencia de una
gasolinería fue visto el ex gobernador prófugo de Veracruz, Javier Duarte de
Ochoa, muy campante y quitado de la pena.
¿Quiénes lo vieron?, un grupo de veracruzanos que
andaban de viaje por aquellos rumbos y que a su regreso al parar, alrededor de
las 18:00 horas, en una estación de servicio para pasar al baño, ¡¡ohh sorpresa!!,
Javier Duarte iba llegando manejando una camioneta Toyota, Land Cruisser, de
color gris acero, de modelo muy reciente y con placas del estado de Chiapas,
aunque los jarochos no salían del asombro que no pudieron ni siquiera tomarle
una fotografía y para cuando lo intentaron, Duarte de Ochoa, que se percató de
las placas de Veracruz, de inmediato se retiró del lugar junto con tres
acompañantes, dos hombres y una mujer.
La persona que me ha proporcionado esta información
trabajó en el gobierno del estado durante los dos sexenios anteriores por lo
que afirma que muy difícilmente podría confundir al ex gobernador nativo de
Córdoba.
Mi fuente comenta que aunque ya era de tarde y
empezaba a oscurecer, el ex mandatario usaba un sombrero tipo cazador tratando
de ocultar su identidad ante la comunidad, sin embargo su voz es inconfundible
y no usaba lentes. Vestía un pantalón caqui, camisa blanca de lino, zapatos
casuales y se destaca que la camioneta que manejaba, aunque último modelo, pero
estaba toda enlodada como si hubiesen salido de algún rancho a través de un
camino de terracería y lodoso.
Llama la atención que andando por allá toda la
plana mayor de la seguridad federal, nadie tenga indicios de la presencia del
ex gobernador Javier Duarte de Ochoa por quien la Fiscalía del Estado de
Veracruz ofrece 15 millones de pesos a quien aporte información que lleve a su
localización y captura.
Y es que ya son muchas
coincidencias amable lector, mire usted, hacia finales de octubre del año
pasado el padre Alejandro Solalinde ubicó a Javier Duarte en Chiapas y acusó
que el político tenía protección gubernamental”.
Me llamó la atención lo que
decía Valerde, quien fue compañero mío en la Coordinación de Comunicación
Social, por lo que el 5 de abril cuando nos encontramos en el acto en el que
rindió protesta Elizabeth Morales como delegada del ISSSTE, le pregunté quién
era su fuente, si confiaba plenamente en ella, si le creía.
Me respondió que sí y entonces
me reveló que en realidad era un familiar suyo, que eran familiares suyos de
Córdoba quienes habían viajado hacia aquel Estado y que lo habían visto cuando
ya venían de regreso. Hoy no dudo que fue cierto, que sí lo vieron.
¿Por qué, pues, entonces, no
lo podía encontrar la policía mexicana y detenerlo? ¿De veras los servicios de
inteligencia del Cisen, de la Marina y del Ejército nunca pudieron dar con él?
¿Es que ahora se vieron
obligados a actuar ante el riesgo de que la policía guatemalteca y la Interpol
de ese país evidenciaran a las autoridades mexicanas cuando allá si pudieron
dar con él?
Tal vez todo esto sería peccata minuta y lo que contaría es el
hecho real de que Duarte ya está detenido, pero las dudas y sospechas son
válidas por todo lo que el caso envuelve y hay atrás de él.
Esto es, si en realidad lo estuvieron
protegiendo con tal de que no hable y diga todo lo que sabe e implique en los
abusos de poder que cometió a funcionarios federales de muy alto nivel.
Una pregunta que se hacen
todos los veracruzanos –estoy seguro que así es– es por qué no se ha emprendido
ninguna acción en contra de Karime Macías de Duarte, si la prensa mexicana ha
hecho muchas revelaciones de cómo está implicada en los ilícitos de su marido.
¿Hubo alguna petición, algún
acuerdo a solicitud de las autoridades mexicanas para no informar sobre Karime,
para no revelar una sola imagen suya no obstante que entró ilegalmente al
vecino país? ¿El Gobierno Federal tiene la intención de protegerla?
Muchas dudas, muchas preguntas
se irán despejando con el paso de los días, cuando se revelen detalles del
caso, si es que las autoridades deciden darlos a conocer.
Por ahora llama la atención
que nadie de los colaboradores de Duarte ha salido a decir siquiera una palabra
piadosa a favor de su jefe, ni siquiera los más cercanos de los cercanos: Erick
Lagos Hernández, Gina Domínguez Colío y Alberto Silva Ramos, los súper asesores
que no salían de la Casa Veracruz, tres de los más beneficiados económicamente
del gobierno de la prosperidad.
Le cayó de perlas a Yunes
Uno de los directamente
beneficiados, al menos por el momento, es el gobernador Miguel Ángel Yunes
Linares, pues la detención de Duarte distrajo la atención mediática que estaba
centrada en los altos índices de inseguridad y violencia que se están dando en
el Estado. A ver cuánto dura el compás.
¡Dice López Obrador que es chivo expiatorio!
Contrasta en cambio la actitud
de nada más y nada menos que Andrés Manuel López Obrador, quien, ese sí,
implícitamente salió en defensa del regordete exgobernador.
Su tuit de ayer después de la
una de la tarde habla por sí sólo: “Detienen a Duarte para simular que combaten
la corrupción. Pero el pueblo no se conforma con chivos expiatorios, quiere la
caída del PRIAN”.
¿Duarte chivo expiatorio,
señor López Obrador? ¿O sea, inocente, blanca paloma, una víctima de la “mafia
del poder”? ¿Es que lo defiende porque es cierto que los financió en el pasado
proceso electoral?
¿Por qué no mejor se
solidariza con los veracruzanos que padecen las consecuencias de las raterías
de Duarte y su pandilla y exige, en cambio, que a él y a todos los suyos los
obliguen a devolver todo lo que se robaron?

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