Prosa aprisa
La inmundicia que destapó Cinthya
Arturo Reyes Isidoro
Lo que
reclamó la diputada local panista Cinthya Amaranto Lobato Calderón la noche del
miércoles pasado y que se hizo público el jueves gracias a un audio que se
filtró a las redes sociales no fue más que destapar y exponer lo que es un
verdadero lodazal, una inmundicia de corrupción en la que chapotean todos los
diputados, de todos los partidos, hombres y mujeres, a menos que demuestren lo
contrario y que ha desatado una feroz campaña de descalificación en su contra
tanto en algunos medios (que lamentablemente se han prestado) como en las redes
sociales.
La actual
legislatura con mayoría panista y morenista heredó de la anterior priista un
acuerdo no escrito que les permite el manejo de millones de pesos, de dinero de
los veracruzanos, sin control alguno, sin que alguien los fiscalice y sin que
den un informe público de ello, menos que lo transparenten.
Ese acuerdo
consiste en que aparte de su “dieta” (su sueldo), 140 mil pesos mensuales, 70
quincenales, a cada uno se le otorgan 40 mil pesos mensuales para gastos de
ellos, a comprobar (es lo único que comprueban), que les reponen mes a mes.
Pero aparte, a cada bancada se le otorgan 100 mil pesos más por diputado, que
muchas veces quedan al manejo discrecional del coordinador. ¿En qué se los
gasta cada diputado si se supone que para eso les dan 40 mil mensuales aparte?,
¿a qué se destina ese dinero?, ¿se lo embolsan? La opacidad la encubren con el
pretexto de que es para “trabajo legislativo”. ¿Cuál si no se ve o se sabe que
hayan hecho algo que valga la pena?
Si son 50
los diputados, entonces estos “representantes populares” se llevan en conjunto
5 millones de pesos mensuales, de los cuales un millón 900 mil pesos son para
los panistas y un millón 100 mil pesos para los morenistas, o sea, sólo entre
esas dos bancadas 3 millones, lo cual resulta ofensivo cuando millones de
veracruzanos sobreviven en la pobreza o en la pobreza extrema, cuando se dice
que no hay dinero y por eso despidió a miles de trabajadores del Gobierno del
Estado y a otros les rebajaron su sueldo que apenas y les alcanza para
sobrevivir.
Si fuera
dinero de su bolsa ni me ocuparía del tema, pero resulta que todo ese dinero sale de lo que pagamos los
veracruzanos en impuestos y servicios e indigna que se derroche hasta en
borracheras y mujeres, como lo denunció la diputada Lobato Calderón.
Decepciona
que quienes pregonaron en la campaña de 2016 que actuarían con transparencia y
honestidad, quienes se rasgaban y se rasgan las vestiduras de actuar conforme a
la ley, quienes se proclaman el cambio
que tanto esperábamos los veracruzanos hayan resultado iguales de
corruptos que los priistas a los que tanto criticaban. Bien decía el honorable
sacerdote e historiador de la Iglesia católica en Veracruz, Celestino Barradas,
todos son lo mismo. No fue más que un quítate tú para que entre yo.
Pero no se
podía esperar otra cosa de una legislatura con mayoría panista que nunca se
preocupó por hacer efectiva la investigación que ofreció para saber dónde
quedaron los 75 millones de pesos que aparentemente en forma inexplicable
desapareció la anterior con mayoría priista, y los blanquiazules no lo hicieron
porque ahora se sabe que también estaban metidos en el ajo o que pactaron una
negociación para hacerse de la vista gorda.
En
“Prosa aprisa” del pasado 28 de diciembre comenté que en noviembre fuentes del
Congreso local me habían comentado que el último día en funciones de la
anterior legislatura, extrañamente de la Secretaría de Finanzas se habían
depositado 140 millones de pesos a la caja de la legislatura saliente, cuando
ya no había motivo.
“Me
han corregido la cifra –dije entonces–. Me dicen que en realidad fueron sólo 75
millones de pesos y que sirvieron para apoyar con un pago extraordinario a los
diputados salientes, entre quienes se repartieron 50 millones, y los 25
restantes fueron para los coordinadores de las bancadas así como para los
miembros de la Comisión Permanente”.
Apunté
que ese dinero habría entrado y salido de la cuenta de la Tesorería del Congreso,
cuyo titular era entonces el contador Serafín Hernández Sagaón, operación que
le habría valido que en agradecimiento por las atenciones a su padre Juan
Nicolás Callejas Arroyo, entonces presidente de la Junta de Coordinación
Política, su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán, ahora líder de la bancada
priista, hubiera negociado para que lo dejaran como Director de Recursos
Humanos de la nueva legislatura, donde cobró hasta que por el escándalo tuvo
que dejar el cargo.
Comenté
que Serafín, según la fuente, andaba muy preocupado porque esos 75 millones eran
del presupuesto de 2016 y no daban los números para cumplir con los compromisos
de fin de año como pagos, prestaciones y aguinaldos de diciembre. En realidad
Serafín sólo había sido el operador porque hubo un documento autorizando la
anomalía firmado por los entonces coordinadores de las bancadas Juan Nicolás
Callejas Arroyo, del PRI y de la Junta de Coordinación Política; Joaquín
Rosendo Guzmán Avilés, del PAN (hoy flamante secretario de Desarrollo Agropecuario
del Gobierno del Estado; Jesús Alberto Velázquez Flores, del PRD (hoy
destapador de Miguel Ángel Yunes Linares como precandidato presidencial); Juan
Eduardo Robles Castellanos, del PVEM; y Jaqueline García Hernández, del Panal.
El 4
de enero, en una conferencia de prensa para fijar su postura ante el aumento al
precio de las gasolinas, el gobernador Yunes Linares confirmó que había
autorizado un incremento de 75 millones de pesos a la nueva Legislatura para
que pudiera hacer frente a los compromisos de fin de año ya que cuando entraron
en funciones los nuevos legisladores se dieron cuenta que el presupuesto anual
ya había sido aplicado en su totalidad por quienes los antecedieron.
Coincidentemente,
en esa misma fecha el actual presidente de la Junta de Coordinación Política,
Sergio Hernández Hernández, informó que esa misma semana se contrataría al
despacho que se encargaría de auditar ese sobreejercicio de 75 millones de
pesos que había dejado la LXIII Legislatura y que se podrían fincar
responsabilidades a funcionarios y exfuncionarios del Congreso local.
Sobre el asunto, el 3
de enero pasado la presidenta de la Cámara de Diputados, María Elisa Manterola
Sáinz, declaró: “La Legislatura anterior tuvo este subejercicio (de 75 millones), apenas
se pidió cuentas, la ampliación fue el pasado jueves, entonces tiene que haber
una investigación y además profunda para saber por qué tomaron un dinero que
era para cerrar el ciclo del Congreso local”. Detalló que era para pagar a
empleados, aguinaldos y para gastos del mes.
En los dos casos todo
quedó en puro bla bla y nunca se hizo algo.
Lo que
extraña ahora también es que los diputados de Morena han guardado silencio
cuando supuestamente ellos son los representantes en la Tierra del castillo de
la pureza, son la transparencia andando y no aceptan dinero y menos prácticas
propias de la “mafia del poder”. ¿Por qué nadie salió a pedir que se investigue
el señalamiento de la diputada Cinthya Lobato contra el diputado Sergio
Hernández y su amanuense “Chico” Fuentes? Porque “son lo mismo” –dixit el padre Celestino Barradas.
Cosa de
recordar que otra diputada local, Eva Cadena, presentó el 31 de mayo ante la
Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) una
denuncia de hechos por el presunto uso de recursos del Congreso local para
beneficiar las giras de Andrés Manuel López Obrador y financiar campañas de los
candidatos de ese partido.
“Los
recursos públicos del Congreso, en especial los bonos que deben servir para
contratar estudios, para contratar expertos en los diversos temas que se
manejan en las comisiones legislativas, en el caso específico de Morena, esos
recursos que recibe el coordinador de la fracción parlamentaria, el diputado
Amado Cruz, tengo conocimiento pleno de que se destinan a financiar actividades
políticas y a las giras de su dirigente nacional por instrucciones de la
diputada Rocío Nahle”, declaró.
Como prueba
presentó documentos sobre las nóminas de personas que aparecían como
consultores de Morena y que eran candidatos a las presidencias municipales.
No. No se
trata de Cinthya contra Sergio. Se trata de toda una cloaca, de un lodazal, de
una inmundicia, del desvío de recursos públicos, del mal uso del dinero de los
veracruzanos. Si algo se le debe agradecer a la diputada Lobato Calderón es que
haya dado pie a que se conozca todo este estercolero (no hay que olvidar que el
propio Fiscal del Estado Jorge Winckler declaró el pasado 3 de mayo en rueda de
prensa que “todos los diputados son una bola de corruptos y me dan vergüenza”).
La
hipocrecía de panistas y morenos salta a la vista, pues supuestamente se pelean
cuando se cobijan bajo el mismo manto de la corrupción.

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