Prosa aprisa
Y la criada resultó
respondona
Arturo Reyes Isidoro
¡Chin!
Nomás eso faltaba: que la criada resultara respondona.
En el circo
de ayer, al gordo y barbudo Duarte no sólo se le vio tranquilo sino que hasta
se mostró seguro y retador.
Como un gallito
de pelea bien maiceado, pachoncito, y con los guantes puestos, bailoteando
sobre el ring guatemalteco, se dirigió a Miguel Ángel Yunes Linares: “No hay
tiempo que perder, vamos a México a enfrentarle”.
Como si en
Veracruz no nos sobraran distractores de los graves problemas que padecemos, tal
parece que Javidu ha hecho suya la proclama de su odiado enemigo: ni perdón ni
olvido.
Y como el
borracho de cantina envalentonado que pide a los muchachos nomás no me agarren,
decidió aceptar (allanarse) a la solicitud de extradición.
La
audiencia en el décimo nivel de la Torre de Tribunales pudo haber sido por
video, pero sus abogados no se presentaron a solicitar tal recurso. Se esperaba
incluso que de último momento se justificara y no asistiera. No fue así.
Claro
indicio de que Javier quería los reflectores sobre su persona, que le abrieran
cámaras y micrófonos, hacer el mayor ruido sabiendo que su comparecencia se
transmitiría en vivo y a todo color en todo México.
Y como una
verdadera estrella mediática irrumpió en el escenario y para nada se le vio
aspecto de ser un reo como los presos comunes y corrientes de cualquier cárcel
mexicana.
¡Caray!
Parecía más bien un junior salido de una estética, a veces hasta sonriente,
como si en lugar de en una prisión estuviera en un sitio de descanso.
Maltratado
no se le veía. Ojeroso tampoco. Cansado menos. Flaco, desnutrido, anémico por
falta de una adecuada alimentación, para nada.
Parecía
rozagante como si disfrutara el espectáculo sabiéndose la estrella principal.
Con su
actitud desmentía incluso a su exvocera y ahora compañera de tambo Gina
Domínguez Colío, porque para nada parece haber caído en el “juego de la habitación
del pánico” de Miguel Ángel Yunes Linares.
El juego
ese que consiste, según ella, en “que nadie duerma tranquilo, ni siquiera
puedan conciliarlo (el sueño)”, porque Duarte se nota que duerme a ronquidos,
hasta con silbidos y a pierna suelta.
¿Qué
alegato en su favor hizo Peña Nieto para que lo trataran bien en su visita a
Guatemala a principios de este mes a punto de terminar?
Sanote como
se ve no es creíble que le estén dando una comida equivalente a 25 pesos
mexicanos ni que esté durmiendo en una cama de piedra amortiguada sólo por una
delgada colchoneta.
¿El
presidente Peña Nieto obtuvo de su colega guatemalteco Jimmy Morales que le
dieran el colchón que pedía, un ventilador, una lámpara y que lo sacaran al
patio a tomar el sol para que pudiera hablar con los demás reos?
¿Cara de no
estar cuerdo? Tampoco, como se ha insinuado por las supuestas dosis de
ansiolíticos que toma a diario.
¿Qué
mensaje le dio o le mandó Peña ahora que estuvo por aquellos lares que lo hace
estar muy seguro tanto como para retar a Miguel Ángel?
“Pasajero
gobierno” llamó al del azul. Sus acusaciones las tildó de “infundadas, ligeras,
vagas, imprecisas y completamente dictadas desde el escritorio de un gobernador
(con g minúscula) que quiere llevar la política a la arena jurídica”.
Para estar
enjaulado se mostró muy agresivo, nada temeroso. Es más, fue para adelante
tirando golpes: rectos, jabs, bolados, ganchos al hígado, haciendo fintas,
doblando la cintura, desplazándose por el encordado rumbo al 2018.
“Yunes
Linares quiere que su hijo le suceda. Olvida la cantidad de ilícitos que ha
cometido, y que el destino lo alcanzará (se nota que ha visto la película Cuando el destino nos alcance con
Charlon Heston) para que sean castigados”.
Luego de
soltar metralla retrocedió un poco para tomar aire y distancia y de nuevo
volvió a la carga: “Olvida que no basta con hacer declaraciones en las que se
ostenta como un hombre dotado de moralidad. Lo olvida, ya que sus acciones lo
delatan y que deberá enfrentar más temprano que tarde sus ilegales acciones de
enriquecimiento descarado”.
¿Po’s que
le darían de desayunar los chapines que no se canzaba ni paraba de tirar
golpes?
Y luego, de
pronto le apareció una aureola sobre el corte de cabello de su nuevo look y unas alitas a sus espaldas. Apareció
Duarte el santo.
“El que se
haya generado una campaña mediática para pretender desprestigiar al ex
Gobernador Duarte, de ninguna manera supone veracidad de lo difundido”. Y otro
reto más: “Lo veremos”. (Que sea menos, Javier).
(Para esto
yo ya había pedido que me hicieran palomitas y me acercaran una coca cola.
Disfrutaba de lo lindo del espectáculo a la espera del juego entre las
selecciones de México y Alemania mañana jueves.)
Luego del
sangriento fin de semana pasado me dije que no me venía mal un poco de
distracción y de diversión y que no era lo mismo ver correr mole sobre el ring
que ríos de sangre sobre suelo veracruzano.
Y como
búfalo, Duarte otra vez a la carga.
“Si lo que
se dice del ex Gobernador fuera cierto, ¿por qué no incluyeron la abominable
mentira consistente en que supuestamente privó de medicamentos a niños? ¿Qué
eso no sería un delito?” (o sea, Javidú, ¿no es cierto que eras la versión
moderna de Herodes?).
El esposo
de Karime iba de un lado a otro del ring. Soltaba golpes y retrocedía o se
movía hacia los lados sin bajar la guardia.
¡Moles! Y
atacaba de nuevo.
“Quiso
manipular a la opinión pública y hoy no tuvo los pantalones de sostener
semejante sandez ante los tribunales”.
Para esto
ya me había dado hambre y pedí entonces un sandwich de jamón y queso y otra
coca cola, sin azúcar.
“Yunes
piensa que a través de videos en la plataforma Periscope mintiendo a la
sociedad se puede gobernar. Es fácil hablar y pretender influir en la opinión
pública con atrocidades como esa”.
Pese a lo
gordo que está (pachoncito dirían sus bienquerientes, que los tiene, no se
crea), Duarte no se cansaba:
“Como ese
ejemplo, el resto de los que sí fueron materia de acusación se caerán como un
castillo de naipes (¡oh, my God!), por
su propio peso”.
Pero cuando
yo creía que, ¡ahí te voy!, quería de veras regresar de inmediato a México,
salió con que a Chuchita la habían bolseado.
“Respecto
de las imputaciones federales, se esperará a la audiencia del 4 de julio en
Guatemala para tomar una determinación sobre aceptar o no la extradición por
los delitos del fuero federal. No es momento de adelantar acontecimientos”.
¡Chin!
Quién lo entiende entonces. Está dispuesto a venir a enfrentar a Yunes, “no hay
tiempo que perder”, pero nos deja en veremos con respecto a la PGR, a Peña
Nieto. Le tira golpes y le declara la guerra a uno, pero se reserva con
respecto al otro.
Pero todavía
tomó aire y descargó lo que le restaba de fuerza: “La política en México no
puede ni debe ser factor en el ámbito judicial. De nuevo, ya lo veremos”.
Echó su
resto: “¡Pobre de Yunes! Querer vivir de una acusación infundada y con ello
distraer a los veracruzanos en su catastrófica y fallida gestión. ¡Pobre de
Yunes! Querer heredarle el cargo de Gobernador a su hijo, cuando uno y otro
saben que se llenaron las bolsas con dinero mal habido”.
“Acusar es
fácil, ahora les llegó el momento de
probar sus falaces acusaciones. Nos vemos en México”.
¡Reacciona Kid
Yunes!
El Kid Yunes, que se había mantenido contra
las cuerdas, de pronto ¡zas! que revira tirando golpes.
“… el pueblo de Veracruz reclama
justicia; quiere que se castigue a los culpables del atraco a los recursos
públicos y que devuelvan lo que se robaron”.
Tiraba mazazos arriba y abajo: “Durante
doce años Veracruz fue gobernado por una banda de delincuentes que asaltó las
arcas públicas y provocó una crisis social y de seguridad sin precedentes”.
Trataba de bajarle la guardia a Pachoncito Duarte: “Apostaban a la
impunidad. Fidel Herrera fue perdonado por Duarte porque eran parte del mismo
grupo delictivo. Duarte apostó a que también serían encubiertos sus atracos; no
contaba con que en las elecciones del año 2016 los veracruzanos optarían por el
cambio y exigirían castigo a la banda que asaltó la tesorería del Estado”.
Soltó un uppercut contra la humanidad de Javidú: “La extradición de Duarte
de Guatemala a México es apenas el primer paso. Se trata de que pague con
cárcel el daño brutal que le hizo a más de 8 millones de veracruzanos y que
devuelva lo que se robó”.
Devolvía la golpiza: “Me siento
muy orgulloso de haber sido quien logró la detención y encarcelamiento de
Duarte a partir de las investigaciones y denuncias que hice como ciudadano,
desde antes de ser Gobernador”.
Trataba de abrirle una herida, de
sangrar al adversario: “Valió la pena el esfuerzo. Hoy empieza la justicia a
caminar. No habrá marcha atrás. Ver a Duarte en la cárcel era una demanda de
millones de personas. Ya está en la cárcel. Lo logramos”.
Y en eso
estaba cuando de pronto me acordé. Me llevé las manos a las bolsas del
pantalón. ¡Ya me habían bajado la cartera! ¡Nos robaron!, me dije. ¡¿Dónde está
la lana que nos bajaron a los veracruzanos?!, me pregunté.

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