Prosa aprisa
Vivía para
leer, leía para vivir
Arturo
Reyes Isidoro
Decir
que fui su amigo sería mentir. Nos saludábamos bien cuando nos encontrábamos,
sobre todo en ferias del libro (en Xalapa o en la Ciudad de México; o en
librerías); me identificaba muy bien como lector, como su lector: me autografió
un ejemplar de El Mago de Viena
−primera edición en el continente que se publicó en Bogotá, Colombia− el sábado
25 de febrero de 2006 cuando lo presentó en el Palacio de Minería, y un
ejemplar de Sergio Pitol. Una
autobiografía soterrada (ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones) que
recién había llegado a Xalapa, el 16 de julio de 2010 cuando nos encontramos en
el edificio de la Editorial de la Universidad Veracruzana. La primera vez lo
hizo todavía con mucha facilidad, la segunda con mucha dificultad, con una
demora que pareció una eternidad porque poner cada letra le costó mucho
esfuerzo, muy afectado ya por su enfermedad. A veces lo veía cuando iba a tomar
café a Dauzón de Xalapeños Ilustres, a donde llegaba caminando porque le
quedaba muy cerca de su casa. O lo veía caminando por las calles de la capital
del Estado.
Nos
ha legado una obra con vigencia permanente, que no habrá de caducar con el paso
del tiempo. Me gustó siempre su sencillez, que es una característica de los
hombres valiosos de la humanidad. Nunca lo vi comportarse con altanería o
soberbia no obstante que era un personaje universal. Lo conocí cuando él era
joven, cuando alguna vez fue a saludar al entonces Subdirector del Diario de Xalapa, Froylán Flores
Cancela, con quien se hablaba de tú. Yo trabajaba en ese periódico. En sus
libros (tengo todos sus títulos y abrevo en ellos) nos deja una herencia que
siempre le habremos de agradecer. De hecho, siempre está y habrá de estar con
nosotros.
Ayer
por la tarde, a vuela pluma entresaqué algunos subrayados de varios de sus
textos publicados en diversos títulos que había marcado cuando los leí por
primera vez. Comparto una breve selección.
Presentación de la colección Biblioteca
del Universitario de la Universidad Veracruzana (Xalapa, 2007)
“…
el libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres.
Libres de la ignorancia y de la ignominia, libres también de los demonios, de
los tiranos… El libro afirma la libertad, muestra opciones y caminos distintos…
Si el hombre no hubiese creado la escritura no habríamos salido de las cavernas…
El mago de Viena (2006)
El
libro realiza una multitud de tareas, algunas soberbias, otras deplorables;
distribuye conocimientos y miserias, ilumina y engaña, libera y manipula,
enaltece y rebaja, crea o cancela opciones de vida.
Quienes
odian los libros también odian la vida.
Hay
quienes leen para matar el tiempo. Su actitud frente a la página impresa es
pasiva; se afligen, se divierten, sollozan, se retuercen de risa; las páginas
finales donde todos los misterios se han revelado ya les permitirán dormir con
mayor tranquilidad.
LA
AUTÉNTICA LECTURA, LA RELECTURA. Nadie lee de la misma manera… la diversa
formación cultural, la especialización, las tradiciones, las modas académicas,
el temperamento personal, sobre todo, pueden decidir que un libro produzca
impresiones distintas en lectores diferentes.
Releer
a un gran autor nos enseña todo lo que hemos perdido la vez que lo descubrimos.
Un
libro leído en distintas épocas se transforma en varios libros. Ninguna lectura
se asemeja a las anteriores.
(Sergio
Pitol) no sólo vive para leer sino que lee para vivir.
Uno
no advierte el proceso que lo conduce a la vejez. Y un día, de repente,
descubre con estupor que el salto ya está dado.
“Viajar y escribir” (Xalapa, marzo de 1992)
La
obra de arte expresa, y lo hace de una vez para siempre, la mejor energía que
es capaz de producir el ser humano.
…
ante la obra literaria se descubre todo lo que de ramplón e intrascendente
contiene el lenguaje de la política práctica, el de los negocios, el de las
ceremonias mundanas, ese idioma que Galdós definió como “la escuela diaria y
constante de la vulgaridad”.
Bernard
Berenson declaró que el hombre es la perfección del universo; el espíritu, la
perfección del hombre; y el arte, el conjunto y resumen de todas las
perfecciones humanas.
…
ante el discurso del poder el filósofo y el poeta opondrían con suprema
eficacia los recursos del bufón… Nada irrita tanto al poderoso como la
ridiculización de sus gestos y palabras, ser convertido no en objeto de culto
sino de mofa, entre otras razones porque a menudo su lenguaje se sitúa al filo
de la parodia. A Chaplin le bastó hacer unas mínimas alteraciones o
intensificar uno que otro gesto para convertir un discurso de Hitler en una
perfecta ejemplificación de lo grotesco.
Para
el escritor el lenguaje lo es todo.
“Todo está en todas las cosas” (Xalapa, febrero de
1996)
Uno…
es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y
olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos
amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas
restas. Uno está conformado por tiempos, aficiones y credos diferentes.
Vivo
en Xalapa, una capital de provincia rodeada por países de excepción. Por las
mañanas salgo al campo, donde tengo una cabaña, y me dedico varias horas a
escribir y a oír música. De cuando en cuando hago una pausa para jugar en el
jardín con mi perro. Regreso a la ciudad a la hora de comer y por la tarde
vuelvo a escribir, a oír música, a leer, a veces a ver algún viejo filme en
videocasetera. Me comunico con amigos por medio del teléfono. A partir de las
seis de la tarde, salvo casos extraordinarios, no hay poder que me haga salir
de casa.
Trabajo
hasta las dos o las tres de la mañana. Este ritmo de vida que a muchos podría
parecer desesperante es el único que me resulta apetecible.
Recorrer
mi jardín; ver por fin reunidos mis libros, saber que he llegado a la isla
desierta con más opciones que los diez minutos que exigen las encuestas; estar
lejos de todo, sin haber renunciado a observar el mundo, escrutarlo, leerlo, tratar
de descifrar sus señales, intuir sus movimientos, es en conjunto un placer.
Citando
a Julien Green: Todo ser humano lleva un misterio que ignora.
…
la tolerancia… es obra de la voluntad. No hay virtud humana más admirable.
Implica el reconocimiento a los demás: otra forma de conocerse a uno mismo… es
una virtud que requiere un esfuerzo y una vigilancia constantes. No tiene
prestigio popular.
Citando
a Carlos Fuentes: Sólo dañamos a los demás cuando somos incapaces de
imaginarlos.
Citando
a Octavio Paz: La democracia política y la convivencia civilizada entre los
hombres exigen la tolerancia y la aceptación de valores e ideas distintos a los
nuestros.
Cuando
observo el deterioro de la vida mexicana pienso que sólo un ejercicio de
reflexión, de crítica y de tolerancia podría ayudar a encontrar una salida a la
situación.
Cada
uno de nosotros es todos los hombres.
¡Todo
es todas las cosas!
“Con Monsiváis, el joven” (Xalapa, enero de 1996)
Sobre
Monsiváis: … hace allí una leve pausa y añade que uno de los momentos más altos
de la lengua castellana le es debido a Casiodoro de Reina y a su discípulo
Cipriano de Valera, y cuando desconcertado ante aquellos nombres, pregunto: ¿y
ésos quiénes son?; me responde, escandalizado, que nada menos que los
traductores de la Biblia.
Los
financieros no le perdonan a López Mateos haber definido su gobierno como de
izquierda, aunque fuese dentro de la Constitución.
Está
convencido (Carlos Monsiváis) de que los años vividos en el pasado reciente
(antes de los años 90), esos en que los granaderos fueron usuarios de las
calles de tiempo completo, sólo pudieron producirse gracias a una petrificación
de las mentalidades y, por ende, de las instituciones.
“La herida del tiempo” (Xalapa, mayo de 1994)
Revisar
el pasado significa, entre otras tristezas, contemplar un mundo que es, y al
mismo tiempo ha dejado de ser, el mismo.
La
memoria puede, a voluntad de su poseedor, teñirse de nostalgia, y la nostalgia
sólo por excepción produce monstruos. La nostalgia vive de las galas de un
pasado confrontado a un presente carente de atractivos.
“El sueño de lo real” (Xalapa, julio de 1997)
…
aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido,
pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una
radiografía: es el sueño de lo real.
Creo
que el mejor homenaje que se le puede hacer, y en forma permanente, es leerlo,
leer su obra.

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