Prosa aprisa
¿Y cuándo apagarán el otro incendio?
Arturo Reyes Isidoro
Las noticias hasta anoche
eran que ya mero acaban de apagar el incendio forestal en los ejidos
Toxtlacoaya y la reserva de San Juan del Monte, en el municipio de Las Vigas,
relativamente cerca de Xalapa.
El reporte era que lo tienen
controlado en cien por ciento y “liquidado” (apagado totalmente) en 85 por
ciento, o sea, ya mero pero todavía falta.
Sería mezquino no reconocer
que los tres órdenes de gobierno han trabajado para sofocarlo, por lo que si
bien el daño a 500 hectáreas de coníferas es irreparable, debe aprovecharse el
siniestro para sacar lecciones.
Una de ellas es que solamente
con el esfuerzo conjunto se pueden resolver los problemas, que no distinguen
colores ni siglas, y que el patrimonio estatal está por encima de todo y de
todos.
Todos esperaríamos a que
amanezcamos este jueves con la noticia de que se ya se apagó totalmente el
fuego, y que las autoridades nos demuestren con decisiones concretas que
iniciarán de inmediato los trabajos de valoración para de ahí proceder a la
reforestación.
Se apaga, pues, ese incendio,
pero queda el más grande y peor: el de la inseguridad, el de la violencia, el
de la falta de empleos, el de la falta de inversiones, el de la falta de pago a
los proveedores, el de la falta de justicia que motiva que pobladores la hagan
por propia mano, el infierno de la falta de medicinas, el del incumplimiento de
la promesa de campaña de que los altos funcionarios se bajarían los sueldos, el
que desató el enojo social al saber que los secretarios enquistaron en las
nóminas a toda su familia, el infierno de la inconformidad de los trabajadores
porque les quitaron su compensación y les rebajaron sus sueldos.
A Toxtlacoaya y San Juan del
Monte acudieron efectivos del gobierno pero también voluntarios, muchos
voluntarios, en especial los pobladores del área circundante, los más
preocupados e interesados porque se puso en peligro su entorno, su hábitat, el
territorio en el que viven y del que viven.
Para el otro incendio, el que
se mantiene y por como van las cosas no se ve que se vaya a apagar en seis
años, hace falta, igual, la coordinación de los tres niveles de gobierno, que
si se hace efectiva, estoy seguro que todos los veracruzanos acudirán también
para tratar de salvar la situación.
A nadie más que a los
veracruzanos les interesa que se controle el gran incendio político, económico
y social que abrasa a todo el territorio estatal, y que se vayan apagando
fuegos (“liquidando” dice el lenguaje burocrático). Estoy plenamente seguro que
todos saldrían con palas, picos y cubetas de agua a ayudar a las autoridades,
pero resulta que hasta ahora nadie los convoca, no hay un jefe de bomberos…
políticos que coordine y lidere la ayuda. Veracruz vive una verdadera situación
de emergencia.
Qué bueno que las autoridades
vieron el incendio que arrasaba con coníferas y que salieran a combatirlo, qué
malo que no vean el otro en medio del cual incluso están y los puede alcanzar.
Veracruz, pues, arde, y
apenas comenzará la primavera y vendrán los calores intensos. La geografía
estatal se puede incendiar si no se prevé y se actúa a tiempo.
Ha lamado AMLO a dejar
de pelear y darse la mano
En esa línea,
me pregunto con frecuencia si las autoridades estatales oyen y escuchan los
mensajes de su amado líder, el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Lo hago porque
veo que mientras que el gran Tlatoani dice y recomienda una cosa, acá en la
aldea hacen otra, lo que hasta la fecha les ha dado muy malos resultados.
Por ejemplo,
el sábado 23 de febrero, en el estado de Campeche, AMLO llamó a dejar de
estarse peleando con los opositores y a darse la mano, mientras que en Veracruz
hacen lo contrario y van abriendo frentes de batalla y sufriendo estrepitosas
derrotas.
En esa fecha,
tanto en la capital campechana como en el municipio de Candelaria, López
Obrador salió en defensa del gobernador priista Alejandro “Alito” Moreno
Cárdenas ante abucheos que recibió.
Dijo que su
pecho no era bodega, que era deslenguado y que siempre dice lo que piensa
aunque a lo mejor no gusta, y reconoció entonces que “Alito” lo está apoyando.
“… y de una
vez les digo, ya que pronuncié estas palabras, ya no hay que estarnos peleando,
hay que darnos la mano”.
Prosiguió: “¿Qué se
hace en los templos? ¿En la iglesia no se dice vamos a darnos la paz? Pues eso
es lo que se hace ahora: la unidad, la reconciliación; ahora, si somos muy
pleitistas y queremos pelearnos, ¡vamos a pelearnos contra la corrupción!, pero
no a pelearnos nosotros, somos hermanos y así nos tenemos que ver”.
Continuó: “¿Y, saben
qué? El partido más importante en esta circunstancia fundamental se llama
México y a ese partido pertenecemos todos los mexicanos”.
Antes, en el municipio
de Candelaria recordó que “ya pasó la campaña” y ahora hay un solo partido:
Mexico, “¿o vamos a seguir peleando?, ¿qué ganamos con eso? ¡Nada!”
“No vamos a seguir
peleando. ¿Qué ganamos con eso? ¡Nada!, Peleábamos cuando queríamos llevar a
cabo la transformación, ahora ya estamos en eso, vamos a llevar a cabo la
cuarta transformación desde abajo”, dijo.
Broncas con iglesias no, “así de claro”
Anteriormente, el 18
de febrero, López Obrador había sido contundente: “No queremos confrontarnos con las iglesias. Así de claro.
Necesitamos la unidad nacional, estamos por la reconciliación”.
Lo expresó en su conferencia mañanera. Si bien
fue en respuesta a una pregunta concreta sobre si su gobierno se involucraría
en investigaciones sobre casos de pederastía, que el propio Vaticano reconoció,
su postura aplicaba, sin duda, a su relación en general con las cúpulas
religiosas del país.
Dijo que en el país hay una gran diversidad y
una gran pluralidad, “y tenemos que ser respetuosos de todos, de todos; sobre
todo cumplir con la Constitución para que se respeten las libertades… buscamos
la conciliación, resolver las diferencias de manera pacífica y no alebrestar,
no meterle carga ideológica”.
También muchas veces me pregunto si el
presidente dice lo que dice tanto por como se la van presentando las
circunstancias como también porque sabe lo que pasa en Veracruz, le preocupa y
aprovecha para enviarles mensajes para que corrijan.
Pero tal parece que no. Insisto en que hace
falta un gran pacto social que incluya a todos, de todas las siglas y colores,
y que juntos busquen apagar el incendio de la división que todo lo daña y que
ya se prolonga por varios años, sexenios y bienio anteriores incluidos.

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