Prosa aprisa
AMLO desmiente baja de
delitos
Arturo Reyes Isidoro
¡Carajo!
Ahora resulta que en materia de seguridad pública el gobierno de Veracruz es
más efectivo que el federal que preside Andrés Manuel López Obrador.
El domingo,
un boletín de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) informó con bombo y
platillo que en los primeros 100 días de la administración estatal se redujo la
incidencia delictiva en 42 por ciento, ¡casi en 50 por ciento!
Pero ayer,
durante el informe de los primeros 100 días de su gobierno, AMLO no se anduvo
con rodeos ni quiso maquillar la grave situación de inseguridad que prevalece
en el país.
Afirmó
que aunque se ha contenido la violencia en los primeros 100 días de su gestión,
esta sigue sin bajar.
"En los hechos la
población del país se encuentra en estado de indefensión. Esto explica en
parte, no es justificación, el por qué solo se ha logrado contener la
incidencia delictiva pero no reducirla significativamente como lo
deseamos".
Si bien el encabezado del
boletín de la SSP era “alegre” y contundente: “En
primeros 100 días, se redujo la incidencia delictiva en un 42 por ciento”, el
cuerpo de la nota no reflejaba lo mismo.
“En lo que va de este sexenio, el secuestro es el
único delito que ha aumentado, ya que pasó de 49 a 120 casos, o sea, aumentó un
144.9 por ciento; mientras que el homicidio doloso, la extorsión, feminicidios
y robo de vehículos se redujeron en 43, 38.1, 20.6 y 54.2 por ciento,
respectivamente”. López Obrador en cambio afirmó ayer que se
mantiene prácticamente el mismo número de homicidios y de robos de vehículos de
antes de que llegara al Gobierno.
En Veracruz no se puede ser
contundente en una afirmación cuando los secuestros han aumentado ¡en 144.9 por
ciento!, y los feminicidios se redujeron solo en 20.6 por ciento.
Qué ganas de engañarse por
parte de las autoridades de Seguridad Pública del Estado. Pero si se creen el
cuento, entonces la situación es doblemente grave porque aparte de que son
ciertos y reales los altos índices de inseguridad y de violencia, se agrega
ahora que los mandos policiacos ven y viven otra realidad, su mundo de
fantasía.
Lo afirmo con conocimiento de
causa.
El pasado 20
de febrero, en Coatzacoalcos, un cercano familiar mío salvó la vida de milagro:
delincuentes seguramente lo confundieron con otra persona (eso creemos),
armados rompieron por la fuerza un portón y se metieron a su casa exigiendo que
les dijera dónde estaba el dinero.
Les explicó
que ahí no había ningún dinero (mi familiar tiene deudas y sobrevive con los
pocos ingresos que recibe), no le creyeron, lo amarraron a una silla y se
dedicaron a golpearlo y tal vez no hubiera sobrevivido si no fue porque unos
vecinos que se dieron cuenta avisaron a la policía que, tengo que reconocerlo,
esa vez no tardaron en llegar lo que hizo huir a los delincuentes.
Antes de
hacerlo le quitaron su celular y su identificación y le dejaron la amenaza de
que si los denunciaba pagaría las consecuencias. Mis familiares abandonaron la
casa de inmediato y si tuvieran con qué tal vez se hubieran ido ya de la ciudad
como lo han hecho otros, pues no es fácil vivir con la zozobra que los
aterroriza. Prácticamente viven escondidos.
Su caso es el
pan nuestro de cada día en Coatzacoalcos para las familias de esa ciudad, no
obstante los anuncios (del anterior gobierno y del actual) de operativos y de
la llegada de policías de diversas corporaciones, cuyos resultados no se ven
hasta ahora. No es cierto que estén bajando los índices delictivos, lo que pasa
es que nadie denuncia por miedo y terror.
Por eso, si
viviera o hubiera yo estado en la Ciudad de México el domingo 24 de febrero me
hubiera sumado sin más a quienes huyeron de Coatzacoalcos a causa de la
violencia y la inseguridad que se
manifestaron afuera de la representación del gobierno de Veracruz sin que
fueran atendidos.
Ayer mismo en
Coatzacoalcos, el alcalde Víctor Carranza, que cada que puede afirma, igual,
que han bajado los índices delictivos, prefirió esconderse y suspendió la
visita que tenía programada a la escuela Francisco Javier Mina luego de que
apareció una narcomanta con amenazas directas contra él. Pero el señor había
venido pintando otra realidad hasta ahora que lo amenazaron.
Cuán grave
debe ser la situación de inseguridad y de violencia que vive el país que entre
tantos autoelogios ese tema fue el único en el que AMLO fue autocrítico. Al
menos qué bueno que no intente tapar el sol con un dedo como en cambio lo
pretende hacer don Hugo Gutiérrez Maldonado, el titular de la SSP del Estado,
que con sus cifras engaña al gobernador Cuitláhuac García.
López Obrador
afirma que no hay baja de delitos, este señor que menciono en el párrafo
anterior dice que sí. ¿Usted a quién le cree?
Resultaron igual de arbitrarios
Dijeron que
iban a ser diferentes y han resultado más de lo mismo.
Ayer el
portal alcalorpolitico.com publicó
que uno de sus reporteros fue víctima de la prepotencia y la arbitrariedad de
la diputada local de Morena, Claudia Tello Espinosa.
El
periodista, que viajaba en una motocicleta, le pidió a un guarura que manejaba
la camioneta de la “legisladora” que no fuera escribiendo en su teléfono
celular mientras conducía pues al cambiar de carril sin cuidado, como iba
distraído, lo había obligado a salirse con su unidad de la carretera.
“Escolta” y
diputada, en lugar de ofrecer disculpas, comenzaron a perseguirlo hasta que lo
alcanzaron y le cerraron el paso, amenazándolo con que lo iban a “levantar” y a
“desaparecer” pues no sabía con quiénes se había metido.
No fue sino
hasta que el reportero mostró su identificación cuando lo dejaron en paz y
entonces, cobardes, lo acusaron que los iba acosando.
Hemos vuelto
a las peores prácticas del PRI, de la prepotencia, el abuso y la arbitrariedad.
Mi más enérgica condena y toda mi solidaridad con el reportero y con alcalor.

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