Prosa aprisa
Crece el
desencanto, la decepción
Arturo Reyes Isidoro
Abrumado
por la abundante información sobre la masacre revestida de barbarie contra
miembros de la familia mormona Le Baron en los límites de los estados de Sonora
y Chihuahua, noticia que conmocionó al mundo entero, me preguntaba anoche qué
es peor para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la reacción del
presidente norteamericano Donald Trump o la de Gael García Bernal, a lo que
habría que sumar la molestia y el descontento de los miembros del Ejército
nacional.
De
más está decir el liderazgo del actor, quien explotó: "Dan ganas de clausurar el país a cada rato. Qué
tristeza. Cada feminicidio, cada asesinato, cada injusticia en contra de niños
y viejos. Terrible lo que sucedió ayer. Lo que sucede diario, carajo. Qué
tristeza”.
Uno de los principales y más entusiastas
promotores del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador mostró su
desencanto con el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien
reprochó: "Si no cambian el Gobierno y López Obrador de narrativa para asumir
sus responsabilidades, ¿para qué chingados votamos por ustedes? Más vale que
asuman por completo su responsabilidad y hagan lo imposible para que esto no
suceda más".
Me atrevo a afirmar, porque lo he venido
escuchando en los sitios públicos de Xalapa –lo que bien podría tomarse como
una muestra aleatoria– que la actitud del también director y productor mexicano
conocido en todo el mundo refleja fielmente la decepción, el desencanto y el
descontento de muchos que votaron por los candidatos de Morena pensando que,
por fin, eran la solución a los ancestrales, grandes y graves problemas de
México.
En junio pasado, otra famosa, Susana Zabaleta,
mostró también su decepción. Al triunfo de AMLO ella había lanzado las campanas
al vuelo declarando: “Yo creo que a la cultura nos va a ayudar muchísimo y ahora sí hay lana por fin,
después de no sé cuántos miles de sexenios. Ahora sí hay lana para la cultura…
¡Vete a volar Gaviota!” (esto último en clara referencia a la entonces esposa
del entonces presidente Enrique Peña Nieto).
Sus palabras se las recordó el columnista
Sergio Sarmiento en el diario Reforma
y ella no tuvo empacho en reconocer que se había equivocado. El 17 de junio
escribió en su cuenta de Twitter: “Mi querido
@SergioSarmiento, tristemente sí me equivoqué. Perdón por mi estúpida esperanza
y por pensar en un México que todos queríamos; lo sé, es decepcionante”.
Pero volviendo al tema inicial, si Gael encarna el desencanto, que
golpea ya al gobierno de López Obrador, lo que afectará, si no es que ya le está afectando, la confianza y
credibilidad en su gobierno, la ayuda revestida de aparente buena fe que le
ofreció ayer el presidente Trump para “limpiar a los cárteles” puede significar
exactamente eso, una verdadera ayuda, pero también una advertencia y hasta una
amenaza.
“Monstruos” llamó el güero a los criminales que masacraron a tres
mujeres y seis niños mormones y dejaron heridos a otros más, todos indefensos,
un calificativo que seguramente todos compartimos, algo que no suena fuerte por
la bestialidad con la que actuaron todavía incinerando los cadáveres, pero con
gran decepción el presidente de México no se atrevió a usar ningún calificativo
para reprobar los hechos.
En plena mañanera agarró a López Obrador el
tuit de Trump: "Una maravillosa familia y amigos de Utah quedaron
atrapados entre dos malvados cárteles de la droga, que se disparaban el uno al
otro, con el resultado de que muchos grandes estadounidenses fueron asesinados,
incluidos niños pequeños, y algunos desaparecidos. Si México necesita o solicita
ayuda en la limpieza de estos monstruos, Estados Unidos está listo, dispuesto y
capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva. El gran
nuevo presidente de México ha trabajado sobre este gran problema, pero los
cárteles se han vuelto tan grandes y poderosos que a veces se necesita un
ejército para derrotar a un ejército!".
Si el Ejército mexicano ya está muy lastimado
luego de lo ocurrido en Culiacán, el texto del presidente norteamericano lo
viene a demoler más. Dio a entender que los cárteles son más grandes y
poderosos como un ejército con el que no puede el gobierno mexicano y por eso
ofrece su ayuda; esto es, porque el Ejército no puede. La molestia de los
comandantes y soldados mexicanos es porque, como afirman, les tiene atadas las
manos el presidente quien sigue proclamando su abrazos no balazos.
El diario español El País interpretó el mensaje de Trump como presión del presidente
gringo sobre su homólogo mexicano porque las víctimas también tenían la
nacionalidad norteamericana, y el “brutal asesinato”, dijo, abrió un nuevo
frente en la relación de México y Estados Unidos.
Para el más influyente diario en el mundo de
habla hispana, la masacre “despertó al peor de los fantasmas de México: Donald
Trump”. “Este es el momento para que México, con la ayuda de Estados
Unidos, libere la guerra a los carteles de la droga y los borre de la faz de la
tierra. ¡Simplemente esperamos una llamada de su nuevo gran presidente”,
escribió el presidente del vecino país del norte. López Obrador rechazó la
ayuda.
“De esta forma, la presión de Trump ya no solo
va dirigida a contener la migración, especialmente centroamericana. La reacción
del presidente de Estados Unidos pone a México además ante un dilema, abrazar
la estrategia de la confrontación al crimen organizado, practicada en los
Gobiernos de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, o profundizar en su apuesta
por un camino distinto, aún sin aclarar”, consideró el diario, que remató que
la realidad “ha puesto al descubierto las carencias de la estrategia de
seguridad del mandatario mexicano, si es que la hubiese, pues nunca ha llegado
a aclarar en qué consiste”. No está lejos de lo que visualiza un gran sector de
la población mexicana.
Como para confirmar la presión norteamericana,
el senador Tom Cotton, aliado de Trump y mencionado en la prensa de aquel país
como eventual candidato a dirigir la CIA o el Departamento de Defensa, calificó
la consigna de “abrazos no balazos” como un “cuento de hadas para niños”.
Lo más sorprendente es que las bancadas de
¡Morena!, el PRI, el PAN y el PRD en el Senado consideraron que es aceptable la
ayuda de Estados Unidos para combatir el crimen organizado en el país. El
diario Milenio recogió los
testimonios en ese sentido de Ricardo Monreal, Jorge Carlos Ramírez Marín,
Julen Rementería y Miguel Ángel Mancera.
Seguramente las víctimas que han sobrevivido al
infierno que vivimos y los familiares de las víctimas ya desaparecidas también
estarán de acuerdo en recibir la ayuda, o por lo menos han de aprobar la
presión norteamericana porque, es triste reconocerlo, es seguro que funcione
para que AMLO haga algo efectivo, sobre todo porque esta vez los muertos son
también de otra nacionalidad. Si hubieran sido solo mexicanos hubieran pasado a
formar parte de las estadísticas y caer pronto en el olvido.

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