Prosa aprisa
No hay
estrategia contra violencia e inseguridad
Arturo Reyes Isidoro
Quien
quiera que revise los dos mensajes inaugurales de su gobierno, el 1 de
diciembre de 2018, se encontrará con que el gobernador Cuitláhuac García
Jiménez no le dio desde un principio mayor relevancia al tema de la violencia y
la inseguridad.
Aquella
media noche –primer minuto de ese sábado–, primero en el Congreso del Estado y
luego en la Plaza Lerdo, trazó los temas y acciones que caracterizarían a su
administración. Solo en este último lugar abordó el tema de seguridad pero de
manera tangencial, casi de pasada.
Lo
más que llegó a decir fue que los cuerpos de seguridad debían servir de manera
profesional y con mejores condiciones, y ofreció trabajar en su confiabilidad,
capacitación y profesionalismo.
“Tendremos
una coordinación efectiva entre instituciones policiales, la estrategia para
recuperar la paz integra mejores salarios y seguridad social a los elementos
policiacos, alineada, por supuesto, a la política del Presidente Andrés Manuel
López Obrador”.
Fue
todo. No le dio relevancia al tema. Se notó que para nada vio ni advirtió la
situación en su campaña ni en sus recorridos por el territorio estatal. Él
mismo lo confirmó en su mensaje en la Plaza Lerdo:
“En
el caminar por este estado, después de haber recorrido los 212 municipios
veracruzanos, vimos hambre, pobreza, desigualdad, corrupción y falta de
oportunidades, las vi como espinas que lastiman la mano del trabajador humilde
del campo, como la enfermedad terminal que acaba y desintegra a miles de
familias de las zonas rurales”.
Vio
varias cosas pero no las montañas de cadáveres ni los ríos de sangre que ya
entonces ahogaban la geografía estatal, tampoco supo de los levantones o
secuestros que se dan casi a diario ni de las extorsiones a profesionistas,
comerciantes y empresarios e incluso hasta a humildes vendedores.
No
era un tema que le ocupara ni que le preocupara, menos iba a ser una de sus
prioridades a atender. No habló de una posible estrategia, si es que no la
tenía ya definida para entonces, qué ofrecía y qué debían esperar los
veracruzanos para recuperar su seguridad y tranquilidad.
Al
menos su antecesor, Miguel Ángel Yunes Linares, había ofrecido que acabaría con
el problema en seis meses. Aunque no cumplió, porque indudablemente que no
pudo, le ofreció algo definido a los veracruzanos.
A
veinte días de un año después no hay un parámetro oficial que sirva para medir
si se ha cumplido en el tema o qué avance se tiene, aunque la única seguridad
que tienen los veracruzanos es que la situación está peor.
En
aquel mensaje en la Plaza Lerdo aquella medianoche del 1 de diciembre pasado,
aunque mencionó la palabra “estrategia” la “alineó” a la política de AMLO, esto
es, entonces no había estrategia estatal, propia, como se cree que no la hay.
Ante
los hechos de sangre ocurridos hasta abril, siempre apeló a la Guardia
Nacional, entonces en formación. Su apuesta se cumplió cuando ante la masacre
de Minatitlán, la primera de varias a partir de entonces, el presidente López
Obrador se vio obligado a enviar un primer contingente en forma improvisada,
aunque el paso del tiempo ha confirmado que sirvió para nada y para lo mismo.
El PVD, solo unas cuantas cifras de
encuestas
El
desinterés por el tema se refleja también en el Plan Veracruzano de Desarrollo
(PVD) 2019-2024 pues en el rubro I. Política y Gobierno, en el punto 3.
Seguridad ciudadana, solo le dedican cuatro párrafos aunque solo para señalar
cifras y porcentajes del Índice de la Paz México, del Índice de Desarrollo
Democrático México y de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción
sobre Seguridad Pública, pero solo eso. No hay ninguna estrategia ni plazos
verificables de su cumplimiento.
A
cuatro días de que entregue su Primer Informe de Gobierno y a cinco de que dé
un mensaje a la población por el mismo motivo, no se sabe si ya existe una
estrategia para combatir y tratar de acabar con la violencia y la inseguridad,
y si la hay en qué consiste.
Lo
único que saben los veracruzanos, de lo que tienen certeza, es que la violencia
y la inseguridad se enseñorean en todo el territorio estatal, que están
totalmente desprotegidos y que el problema está fuera de control y rebasa al
Gobierno en sus tres instancias: federal, estatal y municipal.
Hechos
como el del sábado donde perdió la vida el diputado local Juan Carlos Molina
Palacios sirven para reconfirmar la gravedad de la situación y que ni siquiera
personajes con una alta investidura están a salvo, por lo tanto qué le espera a
la población común y corriente.
El
crimen escandalizó porque se trataba de un político con cargos relevantes, pero
lo cierto es que las ejecuciones están a la orden del día aunque se pierden en
la impotencia del gobierno para frenar la ola de violencia y el desinterés por
aclarar las agresiones ya que las víctimas son simples ciudadanos.
Hasta
septiembre pasado se culpó de todo este horror que invade a los veracruzanos al
fiscal Jorge Winckler Ortiz, separado del cargo temporalmente desde el pasado
día 3 de ese mes, por lo que hoy la factura la tienen que asumir el propio
titular del Ejecutivo y el secretario de Gobierno, quienes hicieron todo por
deponer del cargo al abogado oaxaqueño e imponer a una empleada incondicional
suya, aunque de manera provisional y, los hechos así lo confirman, totalmente
ineficaz para ofrecer resultados.
Hay mucho miedo y no se ve salida: Iglesia
Ayer,
al menos en iglesias de la Arquidiócesis de Xalapa, a la hora de la misa
recordaron la memoria del diputado local Juan Carlos Molina Palacios, asesinado
el sábado al medio día.
Esta
acción estuvo acompañada por el mensaje dominical, suscrito por el vocero de la
provincia eclesiástica que tiene como sede la capital del Estado, presbítero
José Manuel Suazo Reyes, en el que se afirma que la gente vive con mucho miedo
y que no se ve la salida a esta terrible situación.
En
el texto se califica de “delicada” la “descomposición social” que se vive en
Veracruz y se recuerda que no hay jornada que no se cierre con historias muy
lamentables de dolor, tristeza, impotencia e indignación debido a los altos
índices de violencia que por dondequiera aparecen.
La
Iglesia lamenta “profundamente” todas las expresiones de violencia que se
padecen en el Estado y expresa sus condolencias y cercanía a todas las víctimas
que viven en carne propia “este terrible flagelo que azota nuestra entidad”.
Alerta:
“No podemos ni debemos acostumbrarnos a esta inhumana realidad que llena de
sombras nuestra entidad, o sólo narrar y dar cuenta de lo que sucede como si
los asesinatos sólo fueran parte de las estadísticas. Necesitamos transformar
la realidad”.
¿Recula AMLO con el Tren Maya?
Parece
que, por fin, la realidad empieza a ubicar al presidente Andrés Manuel López
Obrador, quien abrió ya una posibilidad de cancelar la construcción del Tren
Maya, uno de sus caprichos a un elevadísimo costo pero sin resultados positivos
seguros.
El
fin de semana, durante recorridos por varios poblados de la península de
Yucatán, ante manifestaciones de inconformidad por la construcción ya no se
aferró al me canso ganso que va, sino que adelantó que si la población expresa
su oposición en una consulta no se realizará.
Aunque
argumentó que no le gustaría dejar la obra inconclusa si enfrenta amparos, como
se han presentado contra el aeropuerto de Santa Lucía, no dijo que en el fondo
el país entró en crisis, que la economía está paralizada y a punto de recesión,
crisis que se originó por su capricho de cancelar la construcción del
aeropuerto de Texcoco, lo que desalentó a los inversionistas.

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