Prosa aprisa
Controlan
ya el Poder Judicial y cierran la pinza
Arturo Reyes Isidoro
En septiembre
pasado, cuando los diputados locales de oposición avalaron la destitución
“temporal” del fiscal general del Estado, Jorge Winckler Ortiz, y luego en
octubre, cuando aprobaron también a los nuevos magistrados del Tribunal
Superior de Justicia, nunca repararon en que estaban creando un monstruo.
Con su sometimiento
al grupo en el poder, o por su ambición e interés a fin de obtener algún
provecho personal, al dar su sí complaciente empezaron a crear un Frankenstein
que, como en la novela de Mary Shelley, terminará con ellos, sus creadores.
La criatura tomó
cuerpo y forma y cobró vida ayer, aunque en su versión moderna del siglo XXI en
Veracruz tiene otro aspecto, ahora político y bien se le puede llamar el
monstruo del cuitlahuismo.
Luego de que el
gobernador Cuitláhuac García Jiménez tomó el control del Poder Judicial en la
persona de la magistrada Sofía Martínez Huerta no veo quién le podrá hacer
frente al grupo morenista en el poder. Quien lo intente será como ponerse con
Sansón a las patadas. Lleva todas las de perder.
Ya tienen todo el
poder del Estado. El cuitlahuismo controla el Poder Ejecutivo, el Legislativo y
también el Judicial. Cerró la pinza con lo que se hizo de todo el poder del
Poder legalmente constituido.
En los hechos,
volvimos a los mejores (¿o peores?) tiempos del PRI: a los de la concentración
del poder.
En el siglo XX ya
se tuvo otro Frankenstein, tricolor, que hacía lo que quería y destruía lo que
deseaba. No había fuerza o poder que lo pudiera contener. Sus creadores,
ciertamente, lo lograban controlar, pero le causó mucho daño al país y a
Veracruz. Llevó poco más de setenta años acabar con él, aunque todavía tiene
estertores.
Ayer, en el segundo
día del segundo año del mandato actual, el gobierno cuitlahuista acabó con lo
que, de alguna manera, constituía el último bastión del yunismo. Si bien al
cambio de gobierno el ahora magistrado expresidente del organismo, Edel Álvarez
Peña, se distanció del exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares, por él había
llegado al cargo.
El fin de su
gestión estaba cantado (porque no había impedimento legal que le permitiera
reelegirse) desde que meteóricamente hicieron magistrada a su ahora antecesora
(desde que su nombre se hizo público se le ligó al secretario de Gobierno). Si
bien se dice que tiene una antigüedad de veinticinco años trabajando en el
Poder Judicial, apenas rebasaba los cuarenta días como magistrada, y, de
pronto, el milagro se hizo.
El grupo
cuitlahuista tiene en sus manos el control de las áreas clave que le dan un
poder inmenso: las secretarías de Finanzas y de Seguridad Pública, la Fiscalía
General del Estado, el ORFIS, la Legislatura y el Tribunal Superior de
Justicia. Ya nada más faltaría el PRI como brazo político, aunque quién sabe, y
en una de esas también.
No hay contrapesos,
pues, salvo algunas voces que critican, señalan o denuncian, pero resulta que
la maquinaria legal la tienen ellos.
Con lo ocurrido
ayer también se acabó la esperanza de fortalecer la democracia en el Estado: el
interés ciudadano estará sometido a los deseos, intereses o caprichos del
gobernante porque tiene todos los instrumentos para aplastar cualquier intento
de decisión soberana popular.
Cuando no tenían el
control de ahora ya vimos a lo que pueden llegar por la forma en que echaron de
su cargo a Winckler. Hoy día todo se les facilitará.
Los mismos diputados
locales, que no alzaron su voz a tiempo y que no se opusieron para que no llegáramos
al nuevo estado de cosas, pueden sufrir las consecuencias en el proceso
electoral de 2021: como cuando el PRI, el cuitlahuismo podrá presionar,
amenazar, controlar los tribunales para acabar con los opositores que les
signifiquen un riesgo para su permanencia en el poder.
Ese riesgo se hace
extensivo a los ciudadanos que se inconformen por alguna medida que lesione sus
intereses. Es el priismo redivivo ni más ni menos. Cuál cambio.
Y cuando creíamos
que Cuitláhuac había creado solo al monstruo, ayer mismo nos dejó claro que
tuvo un ayudante: el secretario de Gobierno Eric Cisneros.
Porque a él le dio
parte del crédito en el nombramiento de las nuevas magistradas de las que salió
la nueva titular del Poder Judicial, con lo cual lo empodera y lo catapulta
como un posible sucesor suyo.
Ante el protagonismo
que ha tenido Cisneros y luego del encendido reconocimiento que le hizo ayer el
gobernador, a ver si no en una de esas en el futuro inmediato tenemos no uno
sino dos Frankenstein, el del propio mandatario y el que represente el
secretario si le da por usar y abusar del poder.
Una preocupación
latente es que estos apenas están aprendiendo. Es como haberle dado un arma a
alguien que no la sabe manejar. Que se den ellos mismos un tiro en el pie sería
el costo de su inexperiencia, la bronca es que por su impericia accidentalmente
la bala nos pegue a cualquiera de nosotros.
Mayores logros para
la población, pues, no los hay a un año del ascenso hasta el Palacio de
Gobierno. En cambio, acumulación de poder para sus inquilinos, sí. Esa
característica marca, qué duda cabe, el inicio del segundo año de gestión.
Como en el título
de la novela de Laura Esquive, sea por Dios y venga más. Y qué Dios nos agarre
confesados.

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