Prosa aprisa
¿Más de lo
mismo, para el segundo año?
Arturo Reyes Isidoro
Este lunes
amanecemos ya en el segundo año de gobierno de Morena, el que en el Estado
encabeza Cuitláhuac García Jiménez.
En su comunicado de
ayer domingo, la Arquidiócesis de Xalapa resumió y sintetizó el resultado del
primer año: hay más desencanto que satisfacción.
Se esperaba que al
arrancar la segunda etapa de la gestión sexenal el gobernador emitiera un
mensaje que diera aliento al pueblo veracruzano. No lo hubo.
Hace un año había
el interés que había despertado la expectativa de un nuevo gobierno que pintaba
para ofrecernos algo nunca visto ni vivido por lo novedoso que resultaría. Los
hechos hasta ahora han derivado en la decepción.
El segundo año abre
la oportunidad para demostrar que ya aprendieron y que pueden por sí solos;
trece meses después ya no pueden seguir echándole la culpa a los de atrás y
tienen que asumir su propia responsabilidad.
Esta vez, a
diferencia de diciembre de 2018, ya no cuentan con el apoyo abierto del
presidente quien no ha venido a respaldar al gobernador como lo hizo entonces
al segundo día de su mandato.
Pero tampoco tienen
el mismo respaldo de buena parte de la población que fue a votar por la opción
que representaban; a diferencia de entonces, ahora hay en muchos, desencanto,
incredulidad, desconfianza, enojo.
La administración
pública ha entrado en el segundo año de ejercicio con una gran irregularidad:
la falta de un titular de la Fiscalía General del Estado (en apariencia
autónoma), que desde septiembre tiene solo a una encargada.
Se cumplió un año
de gobierno caracterizado por el subejercicio de recursos públicos: en la SIOP,
en la Sedesol, en la Sedarpa. Hay responsables confesos de ello pero ninguna
intención de sancionarlos.
La próxima semana
deberá comparecer el gobernador ante los diputados locales con motivo de su
Primer Informe de Gobierno. Tal vez entonces diga a los veracruzanos qué pueden
o deben esperar para 2020.
Ayer viajó a la
capital del país para apoyar al presidente, quien también inició su segundo año
de gobierno. Es total la dependencia de la administración cuitlahuista de la
del gobierno de López Obrador, como lo ha sido hasta ahora.
Sí se puede pero no
se debe estar atenido solo a lo que decida el gobierno central del país porque
si bien las políticas generales aplican para la totalidad de la nación,
Veracruz tiene sus propios problemas y necesita un diseño especial para
enfrentarlos.
¿Qué podemos, qué
debemos esperar para 2020? La máxima autoridad, que debió darnos el panorama,
siquiera un “norte”, nos dejó ayer ayunos de noticias. Se entendería, entonces,
que más de lo mismo.
Pero los
veracruzanos, sin duda, estarán atentos y me atrevo a pensar que todavía
esperanzados en que el gobernador dé el estirón e inicie la nueva etapa que
saque a Veracruz de la crisis en que está.
Por la unidad, tan
necesaria, es de esperarse que se evite un enfrentamiento con la Iglesia y que
se atiendan los lazos de entendimiento con las autoridades universitarias, que
en el año que concluye si no se rompieron sí se laxaron, se aflojaron como no
se esperaba por la condición de académico del gobernante.
Puede que el
mandatario dibuje el escenario para 2020, aunque también podría hacerlo una vez
que se apruebe el nuevo Presupuesto de Egresos de la Federación y se sepa con
certeza cuánto le va a tocar a Veracruz.
Hay un dato que no
se puede perder de vista: el 95 por ciento de los recursos del Estado provienen
del presupuesto federal. Sobre eso va a girar el presupuesto estatal.
Por eso mismo las
autoridades estatales necesitan del apoyo de los sectores estatales, en especial
de la iniciativa privada, para navegar, hasta donde se pueda, con luz propia.
Pero por ahora no hay el mejor entendimiento. Ya se verá sí hay la voluntad
política de mejorarlo y fortalecerlo.
Confiemos en que en
los próximos doce meses las cosas mejoren. Pero todo dependerá de la voluntad
del gobernador, de él y de nadie más que de él.
De naufragio y oscuridad habla la Arquidiócesis
En su comunicado de ayer domingo, al cumplirse un
año de los gobiernos de Morena, la Arquidiócesis de Xalapa afirmó que,
lamentablemente, se ha provocado más desencantos que satisfacciones.
Coincidentemente, la Iglesia católica inició el
mismo día un nuevo año litúrgico con el tiempo del Adviento, que dura cuatro
semanas y es una preparación para la Navidad.
Suscrito por su vocero José Manuel Suazo Reyes, el
texto alude a la realidad que se está viviendo. “Tenemos momentos como de
naufragio y de oscuridad… la vida presente está caracterizada por la
incertidumbre que provoca desconfianza, críticas amargas, desencantos, dudas,
escepticismos, especulaciones, mentiras, agresiones y desánimos”.
En ese contexto engloba la violencia e inseguridad,
la pobreza extrema, la mala calidad en los servicios de salud, la escasez de
medicinas, la crisis económica y social, las vías de comunicación destrozadas y
las áreas públicas abandonadas.
Para la Iglesia, las manifestaciones de protesta que
se realizaron también ayer domingo son la respuesta a “un sistema que no
responde a sus necesidades y que está atentando contra las instituciones y las
libertades fundamentales. Es el cansancio y el malestar que todavía busca
canales para encontrar una respuesta”.
Si alguien tiene contacto con la población y la
escucha esos son los sacerdotes, los guías espirituales de una inmensa mayoría
de la población. Por eso su voz no debe ser desdeñada y debe ser atendida. Su
opinión de ayer es una voz de alerta. El pronunciamiento ocurrió oportunamente:
al final del primer año e inicio del segundo del gobierno cuitlahuista. Su
diagnóstico es preciso. El remedio lo tiene que dar el gobierno.
Una buena
servidora pública
A Rosa María Hernández Espejo la conozco desde que
reporteábamos juntos desde mis años de juventud (lo aclaro porque yo ahora soy
adulto mayor pero ella sigue siendo joven). Viajamos juntos a Cuba por mar.
Cursamos juntos una maestría en Comunicación. Nunca perdimos el contacto cuando
manejé áreas de prensa oficial y ella siguió conduciendo noticiarios de radio.
Ahora me da gusto verla en el servicio público (ya
fue regidora del ayuntamiento del puerto de Veracruz), como subdelegada de
Programas para el Desarrollo del gobierno federal en el Estado, cuyo
responsable es el delegado Manuel Huerta.
Más me da gusto por su congruencia: si como
periodista exigía a los funcionarios dejar sus cómodas oficinas e ir a donde
están los problemas para atenderlos o llevar las soluciones, ahora que está
detrás del mostrador ella lo está haciendo, incansable y responsablemente.
Apenas el pasado fin de semana tuvo un nuevo
acercamiento con estudiantes de la zona Veracruz-Boca del Río-Medellín,
Jamapa-Manlio Fabio Altamirano, durante la entrega de becas “Benito Juárez” en
las que el Gobierno de México destina más de 700 millones de pesos.
A mí no me cabe duda que mucho del éxito que la
causa del presidente López Obrador tenga en el proceso electoral de 2021 se
deberá a la dupla Manuel Huerta-Rosa María Hernández Espejo. Ella dignifica, de
paso, al gremio periodístico en el servicio público. Se lo tengo que reconocer,
y es lo que hago.

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