Prosa aprisa
Culpable
no, pero responsable sí
Arturo Reyes Isidoro
La frase original
decía que la política era un tragadero de hombres; después se redujo al PRI y
se dijo que el tricolor se engullía a sus propios militantes, quienes se
perdían en el anonimato olvidados porque fallaran en el gobierno (en sus tres
niveles), como legisladores o en cargos partidistas, o muchas veces perseguidos
por actos de venganza de los gobernantes de su propio partido. En efecto,
muchos que figuraron en forma relevante se perdieron para siempre y
prácticamente no se volvió a saber de ellos.
Hoy la frase podría
haber recobrado vigencia y podríamos estar ya ante el primer caso de la Cuarta
Transformación, que si bien todavía no se devora a una de sus distinguidas
figuras, todo apunta a que se enfila hacia ello. Lo explico.
Tal vez ayer fue el
peor día del secretario de Salud del gobierno cuitlahuista, Roberto Ramos Alor,
durante su comparecencia ante los diputados locales con motivo del Primer
Informe de Gobierno. No se salvó ni de los dardos de los legisladores de su
propio partido, lo cuestionaron seriamente y lo menos que le dijeron es que
renuncie. Con ningún otro secretario había ocurrido y ya hasta le predijeron
que podría pasar a la historia del Estado como el peor titular del área que ha
habido.
¿Fue merecida la
tunda legislativa pero también mediática y en las redes sociales que recibió?
Creo que sí, pero haría una distinción: pagó, en parte, haber acusado no solo a
la oposición sino a la prensa haber montado un circo por la epidemia de dengue
que azotó al Estado y que todavía no acaba, pero también por asumir
calladamente una culpa que no es suya aunque sea el responsable de la
consecuencia.
Buen hombre, pero no político
Antes de escribir
este texto rechequé con mis fuentes que lo conocen de cerca y me confirmaron la
idea que me hice de él desde que lo conocí antes de que asumiera el cargo: que
es un buen hombre, una buena persona, bien intencionado, generoso con los
necesitados, pero no hecho para la política.
Lo conocí (y lo
saludé por única vez cuando nos presentaron) durante un convivio de un amigo
común. Ya estaba designado pero todavía no asumía el cargo. Supe entonces que
llegaba con las mejores intenciones de servir pero….
Una vez que le
notificaron su nombramiento, por su cuenta se dedicó a recorrer el Estado.
Conoció clínicas y hospitales, instalaciones que estaban abandonadas o a medio
construir, supo de las carencias y de las necesidades en el sector, hizo, pues,
su propio diagnóstico, realista y actualizado.
Un día, quienes
serían los responsables del manejo de los recursos económicos pero también
humanos de la administración estatal le dijeron que les presentara su propuesta
de colaboradores para las diferentes áreas e incluso le pidieron que los
concentrara en Xalapa para que los evaluaran al día siguiente. Cuestionó la
premura del tiempo y la falta de recursos pero aún así instruyó a todos que
vinieran y les pagó todos sus gastos, de su bolsillo.
Su programa, al cesto de la basura
Luego, a la primera
oportunidad que tuvo le llevó su programa de trabajo al gobernador Cuitláhuac
García Jiménez. Ahí empezó su primera sorpresa, acaso su primera decepción (eso
supongo), cuando se lo recibieron pero prácticamente para tirarlo al cesto de la
basura. Le dijeron que se dejara de cuentos (con otras palabras, claro) y que
se apegara a un manual que para entonces ya les habían entregado a todos los
que iban a ser secretarios. Eran los lineamientos que ya había marcado para
todos los gobernadores morenos el presidente electo Andrés Manuel López
Obrador, de observancia obligatoria, con la indicación de que por ningún motivo
se apartaran de ellos.
Ramos Alor era un
reconocido (y próspero) pediatra neumólogo en Coatzacoalcos, pensionado (con
una pensión mensual de entre 70 y 80 mil pesos, me dicen quienes lo conocen),
exdirector del Hospital Regional “Dr. Valentín Gómez Farías”, además de dueño
de edificios y negocios, cuando emigró a Xalapa.
Allá le reconocían
su trabajo social y de apoyo a los necesitados (y se lo siguen reconociendo)
que realizaba tal vez inspirado por su ideología política, de izquierda, y
admirador hasta el fanatismo de la Revolución cubana, en especial del sistema
médico de la isla, sistema que quería reproducir en Veracruz e incluso traer a
médicos cubanos para que ayudaran al gobierno al que iba a servir.
A hijos de
periodistas de aquel puerto, por ejemplo, los atendía en forma gratuita, y los
fines de semana iba a dar consultas gratuitas en las áreas marginadas de la
zona, incluida, por ejemplo, la Sierra de Santa Marta. Si podía, regalaba
incluso los medicamentos.
Hizo su propio diagnóstico
Luego de que
recorrió todo el Estado y supo de necesidades y carencias, que vio clínicas
terminadas pero sin dar servicio, decidió que mientras se tenían recursos, las
iba a utilizar para atender a los veracruzanos necesitados con medicina
tradicional, porque en la Sierra del sur había visto que la gente la utilizaba
porque creía en ella (a eso atribuyo la “limpia” que le hicieron ayer antes de
su comparecencia).
Otra decepción que
sufrió (supongo) fue cuando al llegar al cargo se halló con que ninguno de sus
colaboradores propuestos había sido tomado en cuenta. Cuando supo ya tenía
impuestos administrativo y jurídico y jefes de todas las áreas. Entonces sí se
inconformó y amenazó con acudir ante el gobernador y renunciarle. Le hicieron
algunas concesiones pero no le soltaron ni el área administrativa ni la
jurídica. Lo dejaron atado de manos.
Una revisión
hemerográfica permite comprobar que al inicio denunció el desabasto de
medicamentos y que, dado que para entonces ya se había dicho que serían
enviados por el gobierno federal, se pronunció porque el gobierno local hiciera
su propia compra. Cuando eso ocurrió lo obligaron a salir a desdecirse, a contradecirse,
y a hacer algunas visitas a algunos hospitales para hacer montajes de que
estaban llegando vehículos con medicamentos.
Lo demás
prácticamente ya se sabe. El sector salud enfrenta muchas carencias y
necesidades, ha habido falta de medicamentos, ha faltado equipo, se despidió a
personal con experiencia, se contrató a improvisados y recomendados y las
fallas en el servicio han sido motivo de fuertes y constantes críticas y
denuncias mediáticas y en las redes sociales. Roberto Ramos Alor está
convertido en el peor villano del gobierno cuitlahuista y de la Cuarta
Transformación en Veracruz.
Su insensibilidad, cuestionable
A todo eso habría
que añadirle la terrible insensibilidad que ha mostrado en el caso de enfermos
o fallecidos: les ha restado importancia, ha querido justificarse culpando al
exgobernador Yunes, a la oposición o a la prensa, cuando la responsabilidad es
totalmente suya.
En mi opinión no es
culpable de toda la situación pero sí responsable, y el hecho de quedarse
callado, no aclarar y denunciar lo que está pasando adentro, y apechugar una
mala actuación de gobierno, le cuesta ya un desgaste personal intenso pero
también la peor imagen que secretario alguno tenga hasta ahora. Él tenía (¿o
acaso tiene todavía) la intención de ser
el próximo candidato de Morena a la alcaldía de Coatzacoalcos. No se ve cómo
podría lograrlo. Ya está muy señalado.
Se ve difícil que,
ya en el terreno político, este pediatra neumólogo pueda levantar el vuelo.
Aunque no por su culpa pero sí por su complacencia, la Cuarta Transformación
está en vías de tragárselo ya. Sería el primer caso. Hasta en eso, Morena sería
una repetición más del PRI: un tragadero de hombres.

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