Prosa aprisa
Juan Villoro
Arturo Reyes Isidoro
Es brillante, lúcido,
inteligente, culto, ameno, nada arrogante, accesible y escribe bien, muy bien,
magníficamente bien. Al menos a mí me gusta leerlo, en especial sus crónicas y
sus artículos periodísticos, que cuando aparecen me cambian para bien el día, o
al menor el inicio del día.
Juan Villoro ingresó ayer martes
a El Colegio Nacional, a ocupar un lugar de número y en el que compartirá
espacio con su padre el filósofo Luis Villoro, algo inédito en la historia de
la prestigiosa y prestigiada institución.
El domingo se publicó una extensa
cuánto interesante entrevista que con ese motivo le hizo Jorge Ricardo para el
diario Reforma. Vale la pena leerla.
Villoro despliega, en sus respuestas, la riqueza de su talento.
Entresaco y comparto con ustedes,
lectores, algunas cosas de las que dijo, que me gustaron y que me hicieron
reflexionar, además del rato ameno que pasé cuando lo leí.
A los veinte años, dice, su ingreso a
El Colegio le hubiera parecido imposible y amenazante: “… la edad te da
oportunidad de pacificar ciertos excesos juveniles”.
No ve con buenos ojos que lo comparen
con Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco y que lo consideren
el intelectual de izquierda sucesor de ellos: “Lo decisivo para cada uno de
nosotros es tratar de ser diferentes. Yo no quisiera ser, como en una línea de
semáforos, el cronista número cuatro o el cronista número cinco de tal tema,
sino simple y sencillamente el que puedo ser yo. Ya hay demasiadas cosas interesantes
en la cultura como para tratar de imitarlas”.
Sobre si los aforismos que escribe tienen relación con
la poesía, responde: “López Velarde (sobre quien fue su discurso de ingreso) es
un poeta epigramático. Decía Juan José Arreola
que algunos de sus versos son como urgentes telegramas nacionales, y yo creo
que algunos poetas concentran en un verso todo lo que quieren decir”.
Leyendo la novela De perfil de José Agustín, al salir de
la secundaria, se formó su ideal sobre la novela: “la vida puede ser gris,
aburrida, sin chiste y la literatura, como el amor, el sueño o la ilusión,
llega a ser una ventanilla de quejas”.
Ante la pregunta si los años sirven
para perder la ingenuidad, responde: “Sirven para perder la ingenuidad, pero no
para dejar de cometer errores. Ésa es una de las grandes paradojas: la
experiencia del mundo te vuelve más sabio, pero no te evita cometer errores.
Recordó que cada cierto tiempo, entre
1976 y 1980 iba a la editorial Joaquín Mortiz a sustituir el texto de su
primera novela La noche navegable,
que estaba a la espera de ser publicada, por otro nuevo, corregido. “Cuando ya iba a salir, Vicente
Leñero publicó Los periodistas. Joaquín Díez Canedo (el editor) me
llevó hasta la bodega y me dijo: ‘¿ve usted esos rollos de papel? ¡Los tengo
que usar para Los periodistas, no
puedo sacar su libro!’”.
Animado por el éxito de Los periodistas, Villoro se animó a
solicitar un adelanto. “Diez Canedo le dio un billete de lotería y le dijo: ‘si
usted busca dinero, con esto tiene más
posibilidades de ganar dinero que con lo que escribe. Se lo voy a dar, si usted
lo acepta, no me vuelva a dar lata; si es millonario, agradézcame siempre”. El
billete no salió premiado.
“La única relación importante con el
dinero es no tener que pensar en él”.
¿Qué importancia le otorga a la
crítica?, le preguntan: “… escribir es someterse a la crítica. El sólo hecho de
publicar resulta una invitación al juicio crítico”.
Le dice el entrevistador: “Aunque no
se le conoce ningún enemigo, ¿quién no puede ser amigo suyo?, dice Jorge
Herralde”. Responde: “Pero hay algunos, hay algunos, que no está mal, porque es
sospechoso que una persona tenga unanimidad, sólo debería causar unanimidad un
muerto y sobre todo un muerto de hace mucho tiempo”.
A los 18 años se afilió al Partido Mexicano
de los Trabajadores (PMT), que fundó Heberto Castillo, experiencia que califica
como enriquecedora aunque caótica: “A Heberto se le había metido a la cabeza la
idea de que un partido que luchaba por la democracia tenía que prefigurarla en
su seno en todos los actos; por tanto, todo se sometía a votación y eso era
extenuante. Las asambleas competían con la eternidad”.
¿Volvería a militar en un partido?,
fue otra pregunta. Respondió: “Sí, si fuera como el PMT; además, por la
convicción que tengo de que no basta con tener una izquierda ideal. Creo que
uno de los grandes errores de los intelectuales es el postularse a sí mismos
como diseñadores de su ideología de alto nivel. Que están pensando una realidad
ideal que no tiene que ver con formas políticas reales, así que me parece muy
importante apoyar causas concretas, al mismo tiempo, creo que al apoyar causas
uno no debe hipotecar lo que piensa”.
"Jorge Valdano comentó en Apuntes del balón que el sentido fúnebre del silbatazo se acentúa para
mí que soy mexicano, porque sus notas suenan: PRI, PRI, PRI".
Sobre el Papa Francisco: “Estamos en
el crepúsculo de los líderes, ya no hay líderes que valgan la pena en el mundo
y qué gran paradoja que el líder más importante sea el de una institución
medieval como la Iglesia”.
¿Para ser escritor es necesario
tomarse en serio?, se le cuestionó: “Ojalá y no, yo creo que el escritor no
debe escribir según su idea de la cultura ni desde su idea de la literatura,
sino según sus ganas que tiene de decir algo y esto requiere de ciertas dosis
de irresponsabilidad y de desaprensión, por supuesto luego viene el tremendo
rigor de corrección de sí mismo y eso es muy importante. Atreverse y corregirse
serían los dos movimientos”.
Casi para concluir: “Como
integrante de la generación del 68, ¿le diría a los jóvenes que lo leen que aún
se debe soñar con cambiar al mundo?” “Siempre
hay que cambiar el mundo. No podemos sustituirlo por otro, pero si no tratamos
de modificar la parte que nos toca, no tiene sentido que estemos aquí”.
Villoro es cuentista, novelista, ensayista, guionista,
dramaturgo, traductor y cronista. Ha estado en Xalapa e incluso participó el
año pasado en una manifestación de protesta contra agresión a periodistas y en
memoria de Regina Martínez.
Sentido del
humor
Pero si me gustó lo que dijo Villoro, no menos fue el
sentido del humor que mostró el poeta Hugo Gutiérrez Vega, director de La Jornada Semanal, quien el pasado
domingo, durante una lectura de sus poemas en la Feria Internacional del Libro
de Minería, señaló: “Debo decirles que los poetas estamos preocupados, la
huesuda se ha ensañado con nosotros. En el último año se han muerto Rubén
Bonifaz Nuño, Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Mariano Flores Castro, entre
otros. Por eso, en Guadalajara, de común acuerdo con Eduardo Lizalde, hicimos
una evocación a la huesuda para que deje en paz a los poetas: ‘dedícate a los
diputados, senadores o gobernadores, que son más que los poetas’”.
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