Prosa aprisa
Osorio Chong resta poder a gobernadores
Arturo Reyes Isidoro
Lo comentó el
periodista Raymundo Riva Palacio en su columna “Estrictamente personal” que
publicó el lunes 12 en El Financiero
(“Respuestas a la caída de Peña Nieto”): el secretario de Gobernación, Miguel
Ángel Osorio Chong, quiere modificar aquella medida inicial de haberle otorgado
a los gobernadores del PRI un poder que nunca habían tenido, al haberles
concedido el nombramiento y el control de los delegados federales.
Según el
prestigiado columnista, el diagnóstico explícito del hidalguense es que
compartir el poder no sólo no funcionó, sino que los afectó directamente, pues
la subordinación de los delegados a los gobernadores es una de las causas que
produjeron la caída en la aprobación presidencial.
Riva apunta
que los delegados federales son los enlaces que tiene un gobierno estatal con
la ciudad de México; son los embajadores que ven la asignación y aplicación de
presupuestos, y gestores de los mandatarios estatales; también son supervisores
y contralores políticos, en una especie de comisariato que responde –en teoría–
a los intereses del gobierno federal por encima del local.
Recuerda que
en los gobiernos del PRI antes de Peña Nieto, los delegados llegaron a manejar
incluso presupuestos sociales, que les quitaron poder a los gobernadores, al no
ser ellos quienes manejaban el clientelismo y al corporativismo, innovación que
hizo el presidente Carlos Salinas cuando al crear el Programa de Solidaridad,
los delegados de la Secretaría de Desarrollo Social fueron quienes recibieron y
distribuyeron los dineros, no los gobernadores, con lo cual se creó un poder
paralelo que les restó poder y capacidad de maniobra a los mandatarios
estatales.
Dice algo que
es cierto: los priistas tenían delegados priistas, pero una regla no escrita
era que ningún delegado podía serlo en su propio estado, para evitar que
utilizaran los presupuestos para sus fines personales, o que los gobernadores,
a través de ellos, hicieran política electoral.
Señala otra
cosa que también es cierta: en el actual gobierno, la responsabilidad de
nombrar a los delegados recayó en Osorio Chong, quien modificó la arquitectura
política al permitir que los gobernadores del PRI pusieran como delegados a
quienes ellos quisieran, en un afán de descentralizar el poder. Ahora, agrega,
el secretario de Gobernación halló que no es la economía, ni la seguridad lo
que provocó la caída de la aprobación del presidente Peña Nieto, sino que el
mensaje presidencial no está siendo transmitido adecuadamente en el país.
Comenta que
por ello llamó a los delegados federales priistas para confrontarlos y
exigirles lealtad insustituible con el mexiquense, no con sus gobernadores. “Es
decir, la solución que encontró no fue profundizar la descentralización del
poder y encontrar sus mecanismos de regulación, sino retomarlo completamente”.
“Delegados que
estuvieron en las reuniones con Osorio Chong revelaron que el secretario fue muy
duro con ellos. ‘Ustedes trabajan para el presidente Peña Nieto, no para sus
gobernadores’, citó uno de ellos al secretario. ‘Y si quieren ir a decirle a su
gobernador lo que les acabo de comentar, vayan y acúsenme’, añadió el delegado
en su recolección de dichos del secretario. Las razones de ese cambio drástico,
les dijo, era la caída en la aprobación presidencial como resultado de que se
hablaba poco de los logros de Peña Nieto y mucho de los logros de los
gobernadores”.
“Adiós al
experimento democrático de la descentralización del poder, a decir del recuento
de los delegados. Los controles volvieron a instalarse sobre los delegados
federales”.
Al respecto,
en Xalapa consulté con algunos delegados, quienes me confirmaron que la reunión
tuvo lugar efectivamente, hace cosa de un mes, aunque fue con los del norte del
país, pero por lo que les escuché, están al tanto de lo que pasó y de lo que se
dijo, y, en efecto, parece que nadie quiere asomar la cabeza, que se están
conduciendo con el más bajo perfil, no vaya a ser que en una de esas sean de
los primeros en irse.
Esto empata
con lo que publiqué el pasado 29 de abril (“Con el nuevo PRI vuelve el viejo PRI”):
“Hasta antes del año 2000, cuando el PRI perdió la Presidencia de la República
por primera vez en 71 años, para efectos
electorales una regla no escrita se vino cumpliendo puntualmente: la
designación de los candidatos a presidentes municipales y a diputaciones
locales correspondía hacerla al gobernador, y las de los candidatos a diputados
federales y a senadores, así como a gobernador, al Presidente de la república”.
Dije entonces:
“En la capital del país, en fuentes del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del
PRI, el comentario es que a partir del proceso electoral federal de 2015, el
viejo esquema volverá a cobrar vigencia, esto es, que el Presidente volverá a
gobernar con una diputación federal afín, con candidatos y diputados designados
desde el centro cuya lista la confeccionará el CEN, la aprobará la Secretaría
de Gobernación y la palomeará, finalmente, Enrique Peña Nieto. Como en los
viejos tiempos”.
La
responsabilidad política, igual, recaerá en Osorio Chong (la partidista, en
César Camacho Quiroz). No se ve fácil que luego de lo experimentado por el
secretario de Gobernación con los delegados federales quiera volver a repetir
su experimento de descentralizar el poder con los candidatos del PRI a
diputados federales.
Sigue teniendo
vigencia lo que dije el 29 de abril: Esto, de cumplirse, es una muy mala
noticia para quienes, en el caso del estado, desde el año pasado y en especial
en el actual andan alborotados construyendo castillos en el aire y dándose por
ya casi seguros candidatos, como si el que viene se tratara de un proceso
municipal o local y la decisión de designar fuera a recaer en la dirigencia del
Comité Directivo Estatal (CDE) del tricolor. Agrego ahora: más valdría no hacer
cuentas alegres.
La alegría de Mateo
Con Mateo
Oliva viajamos juntos a Cuba, a La Habana, en 1988, y a España, a la Exposición
Universal de Sevilla, en 1992. En el trayecto del puerto de Veracruz a la isla,
de ida, durante tres noches vivimos momentos inolvidables pues el buque-escuela
de tres pistas en el que viajamos, que había sido de la reina de Holanda, nos
quedó chico para las fiestas que organizamos. Mateo era garantía de diversión,
en serio. En Sevilla tuvimos una noche bohemia, acaso la más alegre de mi vida,
junto con la soprano Rosario Andrade y el fotógrafo Noé Valdés, y él fue el
motor con su gracia para contar chistes. Quedamos que los cuatro nos
volveríamos a reunir en el puerto de Veracruz para seguir aquella parranda, de
tan contentos que quedamos. Músico, arreglista y director excepcional,
pianista, compositor, fue todo una institución. Mateo nunca dejó de ser
sencillo, humilde, amistoso, compañero, amigo, no obstante su estatura ni la
dimensión que alcanzó en el medio artístico-musical. A su familia le expresó mi
solidaridad. A él siempre lo recordaré alegre, con su alegría contagiosa.
Descanse en paz.
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