Prosa aprisa
¿Simplemente
llámenme Pepe?
Arturo Reyes
Isidoro
¿Mercadotecnia
ya?
Al menos en
sus últimos tres boletines de prensa, el senador José Francisco Yunes Zorrilla
dejó de llamarse tal cual para convertirse simple y sencillamente en Pepe
Yunes.
Político
formal y celoso de la formalidad, en sus comunicados de prensa siempre utilizó
sus dos nombres y sus dos apellidos. Por ello llama la atención el cambio.
Aun cuando
ya está desatado recorriendo todo el estado al amparo de su representación
legislativa, es evidente que en el fondo lo que anda es desbrozando el terreno,
barbechándolo y sembrando la semilla que seguramente espera que germine para
2016.
De paso,
debe decirse de él que es de los pocos políticos veracruzanos, o acaso el
único, que va y viene, sube y baja por toda la geografía estatal pregonando la
bondad de las reformas de Enrique Peña Nieto.
Escuchándolo,
suena convencido, acaso es el único convencido de que en efecto las reformas
presidenciales nos van a beneficiar, contrario a lo que la población piensa y
cree porque no lo ve reflejado en su bolsillo.
Pero, decía,
ahora es sólo Pepe Yunes. Un día, cualquier buen día se va a hacer llamar, a
identificar ante los veracruzanos, sus representados, el electorado, sólo como
Pepe. Llámenme Pepe, pedirá.
Mentiría si
dijera que soy un experto en mercadotecnia política, que soy un Fernando
Vázquez Rigada cualquiera, pero, utilizando el lenguaje burocrático de los
abogados, a mi leal saber y entender es indudable que ya está atrás de él todo
un equipo de expertos en imagen que lo está puliendo de cara al futuro.
José
Francisco Yunes Zorrilla es un nombre muy largo, pesado, formal, que no vende.
Pronunciarlo todo completo da hueva. Para lo que viene se necesita algo corto,
que sea fácil de pronunciar, que suene más familiar, pegajoso, que impacte.
Pepe acomoda bien. Puede ser una marca política que venda.
Pepe ya está
actuando. Se comporta diferente. Se ve que está decidido a echar al sesto de la
basura la imagen de formal, demasiado formal, rígida, que lo ha caracterizado y
que a muchas personas no les gusta porque lo quisieran más informal,
populachero, estilo tío Fide, sentirlo suyo, cercano.
Vistas así
las cosas, a mí, por ejemplo, nada me extrañará que un buen día se aparezca por
el puerto de Veracruz luciendo una camisa chillona, vistosa, floreada, a todo
color e incluso con unas maracas en la mano.
¿Qué me
lleva a suponer ello? Otro cambio que se le vio en pasada visita a la ciudad y
puerto de Coatzacoalcos el pasado 9 de mayo, invitado por el alcalde Joaquín
Caballero Rosiñol para festejar a las madres con motivo de su día.
En esa
ocasión, Pepe ya fue Pepe, ya no José Francisco, fue otro al que no se había
visto. Según cuentan quienes estuvieron presentes, por fin perdió la formalidad
en su manera de comportarse y que lo vino caracterizando.
Quiso que
no, ¿o sin querer queriendo como en El Chavo del 8?, ante el agobiante calor
con una sensación térmica de 47 grados, provocado-motivado por las siempre
bullangueras mujeres porteñas, buena cantidad de descendencia oaxaqueña, tuvo
que probar una “chela” bien fría y en medio de una rueda de féminas se tuvo que
contonear y marcar con las manos el ritmo de la música, bailecito que a todas
agradó y al final salió en medio de aplausos y apapachos.
París bien
vale una misa, dijo Enrique IV de Navarra, quien pretendía ser rey de Francia
pero no lo dejaban serlo porque no era católico y por eso pronunció ésa que se
convirtió en célebre frase para demostrar que estaba dispuesto a pasarse al
catolicismo con tal de alcanzar el trono francés.
¿La
gubernatura bien vale un dancing y una “elodia” bien sudada, Pepe?
Caín y Abel Pola Estrada
No es el
primer caso ni el único –y ni va a ser el último– en el que, tristemente, la
política divide a una familia (y muchas veces la destroza, para siempre).
Hace no
mucho cené con el diputado local Cuauhtémoc Pola Estrada, de Movimiento
Ciudadano, en un gran ambiente y hasta por poco me convence para que hubiéramos
ido a parar a una serenata con muy guapa chica que no sé si ya es su novia. Previamente
supe, y me dolió por ellos y me preocupó, que el pleito con su hermano gemelo
era en serio.
Conozco
también a Tonatiuh, su hermano, viejo compañero mío de lides periodísticas,
ahora también diputado local del PRI, con quien en varias ocasiones conviví en
el puerto de Veracruz cuando él era reportero y conductor de un noticiero en
Telever.
Por un
momento estuve tentado a decirle a Cuauhtémoc que la rivalidad debía ser sólo
política, no familiar. Me puse en condición de padre y no me gustaría vivir
situación similar. Finalmente la prudencia me aconsejó no meterme en un asunto
personal entre ellos.
Desde mi
experiencia con ambos, no tengo ninguna duda de que son buenos muchachos,
buenos hijos, positivos. No he sabido que le hayan hecho mal a nadie ni se
meten con nadie.
Ciertamente,
Cuauhtémoc tiene más tiempo en la militancia política, es un luchador social,
se identifica con buenas causas, siempre ha militado en la izquierda y ha sido
víctima de las chicanadas del sistema.
Tona, como
conocemos a su hermano, en realidad fue usado por el sistema dada su
popularidad ganada en la pantalla chica para evitar que el PRI perdiera en el
distrito de Veracruz Rural. No es político. Es un improvisado en la política.
Sigo pensando que lo suyo es la tele, donde lo hace muy bien. Pero de alguna
forma no antepuso la filiación para ir a contender contra su hermano.
Lo que es la
política. Recientemente, un amigo funcionario me confirmó que a la salida de
Gina Domínguez Colío de la Coordinación General de Comunicación Social, su
patrocinadora y protectora, quedó huérfano, perdió la fuerza que tenía, que
actualmente no “lo pelan”, está huérfano, pues.
Ahora, el
pleito, y eso motivó estas líneas, saltó abiertamente a la luz pública. Tonatiuh
pide a Cuauhtémoc que demuestre públicamente que su campaña política fue
financiada con recursos públicos, del Sistema de Agua y Saneamiento de la zona
conurbada Veracruz-Boca del Río Medellín, como lo declaró.
Ojalá y
tengan la serenidad y la inteligencia para ver más allá. No los debe dividir la
política. No vale la pena. En el sistema, adentro, se deben estar riendo de
verlos pelear.
Amigos,
compañeros, cuates, el enemigo no son ustedes, no está entre ustedes. Está
afuera, son la pobreza, la explotación laboral, la corrupción, la impunidad, la
demagogia, la inseguridad, la deuda pública…
Convivamos.
La política no vale la pena. Es de mentiritas. Dense un abrazo. La invitación
es para los dos. La cena y el vino tinto corren por mi cuenta. Se lo merecen.
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