Prosa aprisa
Saqueos, abusos, acabaron con el
IPE
Arturo Reyes
Isidoro
Para el diputado Ricardo Ahued Bardahuil (PRI),
empresario, exalcalde de Xalapa, hombre al que le gusta llamar las cosas por su
nombre, el sistema de pensiones del estado está colapsado. Resume la situación,
de no resolverse, con una expresión contundente: “Sería un caos total”.
Hace no mucho escuché a un funcionario que sabe bastante
del asunto que si los académicos de la Universidad Veracruzana que ya tenemos
derecho a jubilarnos o pensionarnos lo hiciéramos, el Instituto de Pensiones
del Estado (IPE) no aguantaría más y se vendría abajo estrepitosamente. Ya no
hay recurso económico que alcance.
La solución no es nada fácil para el sistema de pensiones
que hoy es víctima casi fatal de saqueos, de abusos por parte de muchos de
quienes fueron sus directores así como de Gobiernos priistas que usaron a la
institución como caja chica en el siglo pasado.
Pero también es víctima del abuso –indignantemente
cobijado en normas administrativas legales– de pensionados exfuncionarios del
Gobierno del Estado, de algunos supuestos académicos (sólo de nombramiento), y
de muchos más que hoy reciben pagos exorbitantes, pensiones fuera de toda
proporción, a los que habría que hacerlos pedir perdón a los actuales
derechohabientes y a los jubilados que reciben una miseria, por todo lo que se
han llevado, por no decir que se han robado.
Aquí sí creo que aplica bien decir que al actual Gobierno
del Estado le tocó bailar con la más fea, aunque hay alguien a quien le tocó
bailar con la más fea de todas las feas: a su actual director Armando Adriano
Fabre, a quien si reviven ese ya casi cadáver habrá que hacerle un
reconocimiento por aguantar vara en serio, protestas, manifestaciones, reclamos
de quienes resultan afectados por las condiciones que vive el Instituto.
Es historia, y algunos lo toman hasta como anécdota digna
de festinar –lo cual es triste e indignante–, cómo muchos de los que dirigieron
al IPE hoy son dueños de ranchos, de empresas, de fortunas incalculables, de
patrimonios construidos con el saqueo que hicieron del Instituto. Nunca se les
castigó y hoy se pasean con toda impunidad.
Cómo no va a estar en quiebra la institución si de ahí
salió el pago para muchas campañas políticas; si los gobiernos del siglo pasado
dispusieron de sus instalaciones y de sus servicios como si fuera un patrimonio
de políticos y gobernantes.
A todo eso se le sumó el envejecimiento de los derechohabientes
y que las cuotas y sus montos no crecieron en igual proporción al número de
pensionados. Algo se tiene que hacer antes de que caiga la última piedra de lo
que queda.
El pasado 4 de julio, la Calificadora de Valores Moody’s
publicó el resultado de un análisis que realizó, que indica que Veracruz –junto
con Baja California, Chiapas, Chihuahua, Sinaloa, Tabasco y Tlaxcala– tiene en riesgo su viabilidad financiera
porque tiene que destinar recursos extra de su presupuesto para pagar las
pensiones. En el caso de nuestro estado el porcentaje es de 2.7 por ciento
extra.
Roxana Muñoz, analista de la agencia para estados y
municipios, dijo que esos estados no tienen suficientes activos que permitan
fondear las pensiones y que el problema pudo haberse creado porque las
contribuciones de los trabajadores son muy bajas o porque algunos de los
municipios u organismos descentralizados no envían su contribución o también
porque los beneficios superan a las contribuciones.
La analista declaró al diario Excelsior que “En Moody’s pensamos que esto se puede corregir si
los estados implementan reformas estructurales en el corto y mediano plazo,
para poder sanear sus sistemas de pensiones”.
Es lo que acaba de hacer Duarte, quien envió el martes al
Congreso local una iniciativa de reforma al IPE, que entre otras cosas propone incrementar a 65 años de edad la jubilación por
vejez, incrementar las cuotas y aportaciones del 12 y 20 por ciento y fijar
límites a las pensiones.
Argumenta el gobernador que con base
a estudios actuariales se recomienda incrementar la edad
para la jubilación o pensión, ante el incremento de las expectativas de vida;
establecer en tope monto máximo de las pensiones de jubilación por el
equivalente a 26 veces el salario mínimo general de zona económica “A” elevado
al mes; establecer un esquema de solidaridad intergeneracional para que el 80
por ciento de las cuotas y aportaciones de las mueva generación se destine al
pago de prestaciones y el 20 por ciento restante al Fondo de la Reserva técnica
Especifica.
También recomienda implementar préstamos a mediano plazo,
cobrando los intereses sobre saldos insolutos en lugar de manera anticipada,
destinando el 70 por ciento de los rendimientos al pago de obligaciones
institucionales y el 30 por ciento restante al refinanciamiento de la cartera
de préstamos, todo lo anterior, entre otras medidas.
El Ejecutivo argumenta que es indispensable corregir
deficiencias y limitaciones del sistema actual acumuladas en los últimos 17
años (antes de ese periodo fueron raterías más que deficiencias y limitaciones)
para sentar las bases que den suficiencia financiera a la institución y
seguridad jurídica a los derechohabientes de que su bienestar futuro está
plenamente garantizado.
Ahued ha adelantado ya que habrá
temas que no les van a parecer a los pensionados, aunque advierte que si no se
hace la reforma se puede caer en la incapacidad para pagar las pensiones.
Me atrevo a pensar que la iniciativa
se presentó en una fecha estratégica: cuando los directamente interesados –porque
les afectará un aumento de cuotas– están ahora de vacaciones: los maestros, que
ya dieron muestra de su capacidad de movilización y lucha con la reforma
educativa.
De que el problema existe y está
latente, es cierto; de que es grave, lo es; de que se tiene que hacer algo,
también es urgente; de que el tema es polémico, es muy polémico; de que a los
trabajadores no les va a gustar nada, nadita, que les aumenten las cuotas, no
les va a gustar. Quién sabe si en la Legislatura actuarán al vapor para aprobar
la iniciativa antes de que terminen las vacaciones y regresen los maestros y comienzan
las protestas y bloqueos de calles y edificios. Pero es indudable que algo se
tiene que hacer. El asunto se tiene que atender con y resolver toda seriedad y
cuidado. Ya se empezó a actuar. La prensa seguirá teniendo buen material, no
obstante las vacaciones.
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