Prosa aprisa
“Es el alma la que necesita la cirugía”
Arturo Reyes Isidoro
“¿Cómo puedes esperar que alguien te ame si no te amas
a ti mismo? Tienes que ser feliz contigo mismo. No importa cómo te ves en el
exterior, lo que está en el interior es lo que cuenta”.
Si ya estaba yo enamorado de Julia Roberts, ahora me gusta más. Por
auténtica. A punto de cumplir 49 años –el próximo 28 de octubre–, casi ya
cincuentona, ayer la actriz estadounidense emitió lo que se calificó como un
impactante mensaje.
A través de su cuenta de Instagram subió una foto suya
sin maquillaje alguno, mostró “sus arrugas” y criticó los “estándares de
belleza”, un duro mensaje que se tomó contra la industria de la moda y el ideal
de belleza que vende el mundo publicitario.
“La
perfección es la enfermedad de una nación. Superponemos nuestras caras con
toneladas de maquillaje. Recibimos BOTOX e incluso pasamos hambre para llegar a
ese ‘tamaño perfecto’. Tratamos de arreglar algo pero no se puede arreglar lo
que no se puede ver. Es el alma la que necesita la cirugía. Es hora de que
tomemos esa postura. ¿Cómo puedes esperar que alguien te amé si no te amas a ti
mismo? Tienes que ser feliz contigo mismo. No importa cómo te ves en el
exterior, lo que está en el interior es lo que cuenta. Hoy, quiero poner una
foto mía sin maquillaje. Sé que tengo arrugas en mi piel pero hoy quiero que
veas más allá de eso. Quiero abrazar a mi verdadero yo y quiero que abraces lo que
eres, tu forma de ser, y amáte a ti mismo de la manera que eres".
Me gustó su mensaje. Me
gusta la belleza natural. Pero más me gusta la belleza del alma. Además de
Julia, vivo enamorado también de la detective Olivia Benson, de la serie
norteamericana La ley y el orden. En realidad se llama Mariska Hargitay,
tiene 51 años y desde que la conocí en la televisión me gustó la serenidad e
inteligencia con que actúa y resuelve los casos que le tocan. Como me gusta
Lucy Liu, la versión femenina del Dr. Watson de la también serie televisiva moderna
Sherlock Holmes, actriz norteamericana de origen chino a punto de
cumplir en diciembre próximo 47 años.
Como lees lector, también
tengo algunas debilidades. Me gustan las mujeres maduras y más cuando son
inteligentes, llevan la belleza por dentro y tienen algo importante qué decir,
como Julia Roberts. Qué le hago, soy humano.
El poder es cosa pasajera, recuerda el Papa
Volaba ayer de regreso a Roma
el Papa Francisco cuando en una rueda de prensa que concedió a los periodistas
que viajaron con él le preguntaron si se sentía poderoso después de haber estado
en Cuba y Estados Unidos y de haber tenido tanto éxito.
Humilde, como debe ser todo
hombre de poder, respondió: “Yo no sé si he tenido éxito o
no. Pero yo tengo miedo de mí mismo. Porque me siento siempre débil, no sé, en
el sentido de no tener el poder, pero también el poder es una cosa pasajera,
hoy está y mañana no está”.
Agregó: “Es importante si tú con el poder puedes hacer el
bien. Y Jesús ha definido el poder: el verdadero poder es servir. Hacer los
servicios más humildes. Y yo tengo todavía que avanzar en este camino del
servicio, porque siento que no hago todo lo que debo hacer. Ese es el sentido
que yo tengo del poder”.
Volvieron a la carga los periodistas: “Santo Padre, en
Estados Unidos usted se ha convertido en una estrella. ¿Es bueno para la
Iglesia que el Papa sea una estrella”.
De nuevo Francisco:
“¿Tú sabes cuál era el título que usaban los Papas y qué se debe usar?
Siervo de los siervos de Dios. Es un poco diferente de una estrella. Las
estrellas son bonitas para verlas. A mí me gusta mirar cuando el cielo está sereno en
verano... Pero el Papa debe ser el siervo de los siervos de Dios. Sí, en los
medios se usa esto, pero hay otra verdad: cuántas estrellas hemos visto que
después se apagan y caen, es una cosa pasajera. En cambio, ser el siervo de los
siervos de Dios, esto es bello, no pasa. Así lo pienso”.
Lo ha dicho un líder mundial, un revolucionario de
nuestro tiempo y de todos los tiempos, un hombre verdaderamente sabio y poderoso,
pero que como tal se conduce con toda humildad.
Su palabra está avalada por los hechos. En efecto, el
poder es una cosa pasajera que hoy está y mañana no. También, en efecto, las
estrellas son bonitas pero luego se apagan y caen. Igual, es una cosa pasajera.
El poder debe ser para servir y para hacer el bien.
Lástima que Javier Duarte de Ochoa y Héctor Yunes Landa
hayan continuado ayer su pleito ya
personal, que seguramente se convertirá en la nueva versión del que sostienen
Fidel Herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes Linares, y no hayan leído ni
asimilado esto que dice el santo padre, y por ese motivo descuiden su
responsabilidad de servir y hacer el bien a los veracruzanos, olvidándose que
el poder es cosa pasajera y dejando pasar la oportunidad de que sus
representados los recuerden con gratitud cuando se vayan por haberles logrado
beneficios.
Pero eso es lo que piensa el Papa del poder y otra cosa
el pleito doméstico por la disputa por el poder político.
Ayer de nuevo Duarte se anotó otro tanto. El calificativo
de la cabeza de alcalorpolitico.com,
“iracundo”, para describir cómo reaccionó un día después el senador luego de
sufrir una afrenta pública del gobernador, mostró que perdió el control de sí
mismo, algo impropio de un político experimentado y profesional como lo es.
Extraña que sus asesores, o consejeros, o que sus
familiares, amigos o simpatizantes no le hayan puesto un bloque de hielo en la
cabeza para que se enfriara mientras se hace un control de daños y se prepara
una estrategia de contraataque. Peor, extraña que nadie de su círculo cercano
haya salido en su defensa y lo hayan dejado solo. ¿Dónde quedaron todos los de
Alianza Generacional que eso sí van a las comelitonas en busca de un hueso?
Un político, cualquier político está expuesto a lo que le
pasó a Héctor, a eso y a más. Pero en esas circunstancias es cuando se conoce
al político con temple. El ilustre tuxpeño don Jesús Reyes Heroles decía que en
política había que aprender a tragar sapos sin hacer gestos y que había que
aprender a lavarse las manos con agua sucia.
Y mientras que el legislador despotricaba contra su hasta
hace poco aliado e impulsor a la gubernatura, el otro reaccionaba con frialdad
y mesura, le daba la razón y hasta una salida elegante, al responder a la
descalificación que había hecho de él su ahora ex amigo: que como militante
priista “considero que tanto el senador Héctor Yunes Landa como el senador José
Francisco Yunes Zorrilla son quienes van de punteros en la búsqueda de la
candidatura de mi partido”.
El tema da para más, tiene varias aristas. Ya iremos
comentando.

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