Prosa
aprisa
Junquera
Arturo Reyes Isidoro
Cuando redacto estas líneas,
lector, ha entrado ya el otoño y escucho música clásica – piano– relajante. Pasan de las seis de la
tarde y en Xalapa (para mis lectores del resto del estado) empieza a llover
luego de que tuvimos una tarde nublada con un clima fresco de 22 grados. Es un
clima ideal para leer, tomar café o una copa de vino tinto. Para escribir. Para
pensar. Para recordar.
Hace apenas pocos minutos me
he quitado de una preocupación que me traía inquieto desde el pasado 11 de
septiembre: me llamó vía telefónica Rafael Junquera Maldonado para decirme que
el sábado que viene, 26, vamos a comer paella. El motivo y pretexto, su
cumpleaños 74, bien cumplidos y vividos, creo yo.
De Junquera (como todo mundo
lo conoce) tuve las primeras noticias cuando yo era muy joven y me iniciaba en
el periodismo (en 1970). Para entonces, Junquera ya era Junquera. Hacía yo mis
pininos en el Diario del Sur de
Acayucan, propiedad del inolvidable Ángel Leodegario “Yayo” Gutiérrez
Castellanos, quien además era su Director (fue político, diputado, magistrado,
notario, periodista y orador –algunos lo conocían como “El tribuno de Tres
Zapotes”, porque era de esa comunidad del municipio de Santiago Tuxtla–).
Yayo viajaba con mucha frecuencia
a Xalapa por cuestiones profesionales y porque ya andaba picando piedra para su
primera diputación local. En Xalapa era amigo y frecuentaba a Froylán Flores
Cancela, entonces Subdirector del Diario
de Xalapa y columnista político, acaso el mejor o uno de los mejores
columnistas políticos veracruzanos de la segunda mitad del siglo pasado, de
alcance nacional. Ahí se reunían por las noches con Junquera, o platicaban de
él.
Lo que más tenía
impresionado a Yayo, y así me lo llegaba a platicar, era que le redactaba sus
informes de Gobierno al gobernador Rafael Murillo Vidal, no obstante que casi
nunca se veían. Sin conocerlo, yo mismo llegué a sentir admiración por
Junquera. Quiso Dios, el destino, la vida, el tiempo, que recomendado por Yayo
con Froylán llegara yo al Diario de
Xalapa en 1974 y ahí conociera al personaje.
Las nuevas generaciones,
lógicamente, no saben quien es Junquera. Wikipedia resume muy bien su
trayectoria: “… es un escritor mexicano, originario de Orizaba, en el estado de
Veracruz. Se dedicó en su juventud a la lucha social motivo por el cual fue
encarcelado en la prisión de Lecumberri, en la ciudad de México, D.F. por su
participación en el movimiento estudiantil de 1968; más tarde fue atrapado por
el sector público, pero esto no impidió que incursionara en el periodismo y la
literatura. Como resultado de estas incursiones publicó artículos, ensayos
varios, y novelas, destacando en su obra literaria: Lecumberri (1968), ¿Por qué
insistir en Mr. White? (1971), La
Reforma Política (1977), ¿Qué harás
esta noche Lambrija? (1992), El
recinto de Animalia (1997), La eterna
noche de Brumalia (2000), Mañana
también es pasado (2003) y Don Julián
echa su gato a retozar (2004). Rafael Junquera radica actualmente en
Xalapa, Veracruz”.
Junquera, en los últimos
tres sexenios, estuvo en el sector público: colaboró con su amigo Juan
Maldonado Pereda en la SEV en el gobierno del licenciado Miguel Alemán, fue
asesor en el de Fidel Herrera Beltrán y ahora todavía lo es en el de Javier
Duarte de Ochoa aunque prácticamente hace mucho que fue marginado, y le duele y
se lamenta por todo lo que pasa en Veracruz.
Pero a inicios de septiembre
me escribió para pedirme mi número telefónico. Me adelantó, era para invitarme
a disfrutar de una paella porque el sábado 12 celebraríamos su cumpleaños. Se
lo envié, y el viernes 11 me llamó pero para comentarme que había vuelto a
recaer en su salud, que estaba internado en un hospital y que el médico le
había prohibido hacer el más mínimo esfuerzo. Con optimismo lo reprogramamos
para el sábado 19, pero ya no me llamó, hasta ayer para decirme que está
recuperado y que será el 26.
Me honra su amistad y su
atención. Si salvó el temible “palacio negro” de Lecumberri y la represión de
Díaz Ordaz cómo no iba a salvar esta. Seguro que vamos a disfrutar mucho la
paella y el vino, no sólo esta vez, sino muchos años más.
¿Dónde está Aristeo?
Pero, en cambio, sigo con la
preocupación por la suerte de Aristeo. A Aristeo Hernández Facundo lo conocí
cuando salíamos de la adolescencia y luchábamos para tratar de salir adelante
en la vida. Él era originario de Jáltipan, de origen campesino, yo trabajaba
con familiares míos en Acayucan. Coincidimos en la preparatoria nocturna de esa
ciudad (no sé si todavía existe y si todavía hay preparatorias nocturnas para
trabajadores).
Él viajaba todas las tardes
de Jáltipan a Acayucan y por la noche regresaba a su lugar de origen en lo que
conocíamos como camiones de pasajeros “de segunda”, para diferenciarlos del
ADO. Era buen estudiante y, desde entonces, inquieto e inconforme por la
injusticia social, contra el régimen priista. Siempre se identificó con los
movimientos de izquierda y con el paso de los años en esa corriente militó.
Aristeo, con gran esfuerzo,
esperanza y determinación vino a estudiar a Xalapa cuando terminamos el
bachillerato. Cada que regresaba a Acayucan me animaba a que lo imitara. Me
alentaba, me decía que era posible sobreponerse a las carencias, a la pobreza,
y que en Xalapa era posible estudiar, sobrevivir y salir adelante. En los años
70 lo dejé de ver, nunca lo volví a ver aunque seguí teniendo noticias de él o
sobre él.
Terminó su carrera y regresó
a Jáltipan, nunca cesó su activismo social e hizo carrera política dentro de la
izquierda, hasta llegar a la Presidencia Municipal de su lugar de origen.
Después de su paso por la alcaldía le perdí la pista hasta el mes pasado cuando
una noticia, dolorosa para mí, me sorprendió: el 5 de agosto, cuando se dirigía
a su parcela fue “levantado”, secuestrado
y es la fecha en que no aparece ni se sabe nada de él.
Por la prensa me enteré que
sus captores pedían un rescate de dos millones de pesos, una fortuna para su
familia humilde y para él, que no robó dinero público. Como pudieron, vendiendo
lo que de valor tenían, pudieron juntar 250 mil pesos, que entregaron. Pero
Aristeo no aparece. Su familia clama por ayuda oficial para que lo busquen,
pero no hay resultados.
Cada que puedo, muy
frecuentemente, hago oración por él, porque aparezca y vuelva con bien a su
familia. Qué injusticia de la vida. Él no merecía la suerte que está corriendo.
Abrazó la causa social, la de los jodidos y necesitados. Quería cambiar el estado de cosas, el sistema. Tenía
razón: la descomposición, la inseguridad a la que nos han llevado lo mismo
gobiernos priistas que panistas, terminó por hacerlo víctima.
A su familia le envío un
fuerte abrazo y le expreso toda mi solidaridad. Seguiré rogando a Dios porque
vuelva con bien.
Afuera la lluvia continúa.
Me he tomado dos, tres tazas de café negro ya. El piano con la música de
Beethoven me relaja tanto como para recordar a Aristeo, la discusión en
nuestras clases, nuestras bromas, nuestros sueños de juventud, a nuestros
amigos y compañeros de aquellos tiempos. El otoño entró hoy miércoles y ya
vendrá el invierno.
Fernando sigue trabajando
Con el apoyo del secretario
de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, la Dirección General de Desarrollo Político
realizó el Ciclo de Foros de Opinión y Reflexión Ciudadana denominado “Política
y Sociedad”, que concluyó ayer. Se celebraron cuatro con los temas: Bienestar
Social, Desarrollo Económico Sustentable, Medio Ambiente y Régimen Democrático,
y Política y Gestión Pública. Los foros han representado un buen ejercicio de
opinión pública sobre asuntos de interés colectivo en un entorno de pluralidad,
crítica, propuesta y diálogo, tan necesario en los momentos por los que
atraviesa el estado. Participaron investigadores, académicos, representantes de
organismos ciudadanos, empresarios y jóvenes universitarios. Fernando Sánchez
García, titular de la Dirección, hace muy bien su trabajo y mantiene muy bien
su poder de convocatoria. Sirve muy bien al Gobierno que sirve.

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