Prosa aprisa
La presa Yuribia,
¡ya basta!
Arturo Reyes Isidoro
En
Coatzacoalcos vive gran parte de mi familia y como ella miles y miles más año
con año sufren las consecuencias, verdaderamente criminales porque se pone en
riesgo su salud, del cierre de válvulas de la presa Yuribia, en la Sierra de
Soteapan, que los deja sin agua, problema que afecta también a familias de
Minatitlán y de Cosoleacaque.
En “Prosa
aprisa” en varias ocasiones me he ocupado de la grave situación que se padece
en esos municipios sobre todo en época de fuerte calor, que allá es casi todo
el año, cuando se les corta el agua, problema que impacta a los hospitales y
clínicas de salud, pero en general a la industria y al comercio también.
Hasta el
sexenio anterior nunca se supo el verdadero motivo de la acción de un
grupúsculo de habitantes de esa sierra, quienes incluso llegaron a romper la
tubería con el pretexto de que el gobierno del Estado no les cumplía con obras
prometidas, aparte de que secuestraban a funcionarios que se presentaban a
tratar de negociar con ellos para que depusieran su actitud. Supuestamente
luego de negociaciones y acuerdos por fin cedían, para volver de nuevo,
recurrentemente, a lo mismo.
Hoy el
nuevo gobernador, Miguel Ángel Yunes Linares, ha dado a conocer que el
verdadero motivo es porque el gobierno de Javier Duarte les entregaba
mensualmente, sin ninguna justificación legal, 2.5 millones de pesos mensuales
en efectivo, que recibía un líder dizque social llamado Lino González Bautista
o Lino González Cruz, quien además junto con su familia cobraba en la Comisión
Municipal de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos, cuyo control tenía el suegro
de Duarte, Antonio Macías Yazegey. Este grupo en los dos últimos años obtuvo 60
millones de pesos sin que se sepa cuál fue su destino.
A decir del
gobernador, actúan con impunidad protegidos por un convenio con el gobierno anterior, que decía que las
autoridades no realizarían denuncias civiles o penales tanto del fuero común
como del fuero federal contra los autores de la liberación o cierre de las
válvulas de la presa, acuerdo suscrito el 28 de diciembre de 2014 por los
entonces secretarios de Gobierno, Erick Lagos Hernández; de Finanzas, Mauricio
Audirac Murillo; y el entonces procurador de Justicia, Luis Ángel Bravo Contreras.
Yunes Linares informó
que en diciembre dejaron en
claro a ese grupo que no se aportarían más recursos y que a cambio se implementarían
en la zona programas de desarrollo social, de empleo temporal, de vivienda, de
mejoramiento de los servicios de salud, de rehabilitación de la infraestructura
educativa y de caminos, así como de apoyo alimentario a quienes lo requirieran,
lo que no aceptaron porque quieren dinero.
Ayer advirtió que en defensa de más de medio
millón de habitantes del sur del Estado va a actuar para liberar la presa, que
si el grupo violento retiene a algún servidor público los denunciará por el
delito de secuestro y que si para restablecer el Estado de derecho debe correr
riesgos los enfrentará.
Si su gobierno actúa, como seguramente lo hará,
no faltarán voces que hablen de represión y hasta de violación a los derechos
humanos, pero seguramente serán más los que aprueben su acción porque están
cansados de ser rehenes de estos vividores que han hecho de la supuesta lucha
social un negocio, un modus vivendi.
En defensa de los intereses de mi familia, de mis amigos, de mis conocidos que
sufren el problema hasta la desesperación, le pido al gobernador que actúe e imponga
la ley y el orden.
Peña incendió el país, pagará costo político
La pradera
de la inconformidad social en el país ya está muy seca y no obstante que
estamos en pleno invierno, cuando se supone que la gente no tiene la fogosidad
del verano, la chispa que provocó Enrique Peña Nieto con el alza al precio de
las gasolinas provocó un incendio cuyas enormes llamas cubren el territorio
nacional, reflejo del año difícil que nos espera.
Por
supuesto que habrá un costo político. Con buen juicio no se puede creer ni
esperar que los mexicanos estén deseosos por ir a votar por el PRI y sus
candidatos en junio próximo y en una de esas ni en 2018.
Si bien es
cierto que en los actos de saqueo a comercios que se han cometido han
participado verdaderos vándalos algunos hasta con antecedentes penales, no se
puede ignorar que también han sido reflejo del hartazgo de un pueblo que ve y
siente cómo lo castigan con un mísero aumento al salario mínimo y un
desproporcionado incremento de precios de productos y servicios básicos como
las gasolinas, el gas y la energía eléctrica, mientras que quienes como
gobernantes han saqueado las haciendas públicas gozan de impunidad, diputados
federales y locales se dan bonos, aguinaldos y prestaciones de fin de año
escandalosos y ofensivos para el resto de la población, y el gobierno federal
no se ajusta el cinturón.
El alza al
precio de las gasolinas se dio mientras el Presidente, incongruente con su
medida, en lugar de estar dedicado a resolver los graves y urgentes problemas
del país y que afectan a los mexicanos disfrutaba de unas lujosas vacaciones y
se la pasaba jugando golf en un paradisiaco lugar de Mazatlán. Tardó cuatro
días en dar la cara y en lugar de ofrecer una medida emergente de solución a
la inconformidad trató de justificar su
decisión y de justificarse sin convencer a nadie.
Pese al
clamor popular y hasta el reclamo de diputados y senadores de oposición, no
anunció que dará marcha atrás, sordo e insensible a las necesidades de la
población. Por la fuerza y con la fuerza seguramente pararán los saqueos pero
lo que no podrá hacer Peña Nieto será acabar con la gran inconformidad popular
que seguramente desembocará en las urnas el primer domingo de junio.
En el caso
concreto de Veracruz, cómo no va a haber inconformidad cuando Duarte “y su
banda” están impunes, cuando los diputados que le aprobaron todas sus
ocurrencias con las que dañó gravemente al pueblo veracruzano, ya de salida se
birlaron 75 millones de pesos, un asalto a plena luz del día y sin que siquiera
se cubrieran el rostro, y cuando como
consecuencia de sus pillerías muchos trabajadores han quedado ahora en el
desempleo y sus familias desamparadas.
En el
Estado el pasado 5 de junio el pueblo mostró la forma en que se puede desquitar
y contribuyó a echar al PRI del gobierno luego de 86 años de mantenerse en el
poder. No veo cómo el tricolor va a conservar la Presidencia en 2018 ni cómo va
a recuperar la gubernatura en ese mismo año. Peña incendió el país. Las llamas
abrasarán a su partido.
¿Y el Presidente cuándo?
Las turbas
a veces se vuelven incontrolables. Por eso no se puede desestimar el hecho de
que el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares haya salido ayer a la calle en el
puerto de Veracruz e intentara impedir, aun a riesgo de su seguridad personal,
los saqueos en plazas comerciales. Por supuesto, no lo logró, pero al menos dio
la cara y ofreció regalar despensas de 500 pesos a cambio de no realizar más
actos vandálicos.
Me pregunto
si el presidente Enrique Peña Nieto se atrevería a una medida similar. Hasta
ahora sólo se ha concretado a emitir mensajes por televisión desde la comodidad
de su oficina.

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