Prosa aprisa
No se insulten, pide el papa Francisco
Arturo Reyes Isidoro
Publicó el
domingo pasado el diario El País de
España una extensa entrevista que dos días antes le habían hecho al papa
Francisco en la Casa de Santa Marta, donde vive, el director de ese periódico,
Antonio Caño, y su corresponsal en El Vaticano, Pablo Ordaz.
La
entrevista, de una hora y quince minutos, quisieron puntualizar los
periodistas, se dio en el mismo momento en que Donald Trump juraba su cargo de
Presidente en Washington.
Lo que dijo
es más que interesante porque tiene aplicación universal, no obstante que sus
respuestas llevaban un fin religioso.
Cuando en el
caso de nuestra aldea local nos invade el escándalo por la podredumbre, por la
corrupción y los personajes políticos involucrados en ella que hoy no sólo
alegan inocencia sino que tratan de causar confusión con tanta palabrería para
desviar la atención y que no se les castigue, nada más reconfortante que
escuchar (leer) al sucesor de Pedro.
Aunque no
en el mismo orden de la entrevista, entresaco algunos párrafos de lo que
expresó, que me parecen importantes por su mensaje y por la circunstancia que
vivimos.
★
Diálogo. Es el consejo que doy a
cualquier país. Por favor, diálogo. Como hermanos, si se animan, o al menos
como civilizados. No se insulten. No se condenen antes de dialogar. Si después
del diálogo quieren insultarse, bueno, pero por lo menos dialogar. Si después
del diálogo se quieren condenar, bueno… Pero primero diálogo. Hoy día, con el
desarrollo humano que hay, no se puede concebir una política sin diálogo. Si
hay problemas, dialoguen primero.
★
Con respecto a la Iglesia, yo
diría que la Iglesia no deje de ser cercana. O sea, que procure ser continuamente
cercana a la gente. Una Iglesia que no es cercana no es Iglesia. Es una buena
ONG. O una buena organización piadosa de gente buena que hace beneficencia, se
reúne para tomar el té y hacer beneficencia… Pero lo que a la Iglesia la
identifica es la cercanía: ser hermanos cercanos.
★
El papel de la
mujer no hay que buscarlo tanto por la
funcionalidad, porque así vamos a terminar convirtiendo a la mujer, o al
movimiento de la mujer en la Iglesia, en un machismo con faldas. No. Es mucho
más importante que una reivindicación funcional. El camino de lo funcional está
bien. La subdirectora de la sala de prensa vaticana es una mujer, la directora
de los Museos Vaticanos es una mujer… Sí, lo funcional está bien. Pero a mí lo
que me interesa es que la mujer nos dé su pensamiento, porque la Iglesia es femenina,
es “la” Iglesia, no es "el" Iglesia, y es “la” esposa de Jesucristo,
y ese es el fundamento teologal de la mujer.
★
Le tengo un poco de miedo cuando
los medios de comunicación no pueden expresarse con la ética que les es propia.
Por ejemplo, hay modos de comunicarse que no ayudan, que desayudan a la
unidad. Pongo un ejemplo sencillo. Una familia que está cenando y no hablan, o
miran la televisión o los chicos están con su teléfono mandando mensajes a
otros que están fuera. Cuando la comunicación pierde lo carnal, lo humano, y se
vuelve líquida, es peligrosa. El mundo virtual de comunicación es riquísimo,
pero corres el riesgo si no vives una comunicación humana, normal, ¡de tocar!
Lo concreto de la comunicación es lo que va a hacer que lo virtual de la
comunicación vaya por buen camino. O sea, lo concreto es innegociable en todo.
★
Yo no me siento incomprendido. Me
siento acompañado, y acompañado por todo tipo de gente, jóvenes, viejos… Sí,
alguno por ahí no está de acuerdo, y tiene derecho, porque si yo me sintiera
mal porque alguien no está de acuerdo habría en mi actitud un germen de
dictador. Tienen derecho a no estar de acuerdo. Pero siempre que lo dialoguen,
no que tiren la piedra y escondan la mano, eso no. A eso no tiene derecho
ninguna persona humana. Tirar la piedra y esconder la mano no es humano, eso es
delincuencia. Todos tienen derecho a discutir, y ojalá discutiéramos más porque
eso nos pule, nos hermana. La discusión hermana mucho. La discusión con buena
sangre, no con la calumnia y todo eso…
★
Claro, las crisis provocan
miedos, alertas. Para mí el ejemplo más típico de los populismos en el sentido
europeo de la palabra es el 33 alemán. Después de [Paul von] Hindenburg, la
crisis del 30, Alemania destrozada, busca levantarse, busca su identidad, busca
un líder, alguien que le devuelva la identidad y hay un muchachito que se llama
Adolf Hitler y dice “yo puedo, yo puedo”. Y toda Alemania vota a Hitler. Hitler
no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo. Ese
es el peligro.
★
En momentos de crisis, no
funciona el discernimiento y para mí es una referencia continua. Busquemos un
salvador que nos devuelva la identidad y defendámonos con muros, con alambres,
con lo que sea, de los otros pueblos que nos puedan quitar la identidad. Y eso
es muy grave. Por eso siempre procuro decir: dialoguen entre ustedes, dialoguen
entre ustedes. Pero el caso de Alemania en el 33 es típico, un pueblo que
estaba en esa crisis, que buscó su identidad y apareció este líder carismático
que prometió darles una identidad, y les dio una identidad distorsionada y ya
sabemos lo que pasó.
★
Siempre en el restorán de la vida
te ofrecen platos de ideología. Siempre. Uno puede refugiarse en eso. Son
refugios, que te impiden tocar la realidad.
★
… la enfermedad más peligrosa que
puede tener un pastor proviene de la anestesia, y es el clericalismo. Yo acá y
la gente allá. ¡Vos sos pastor de esa gente! Si vos no cuidás de esa gente, y
te dejás cuidar de esa gente, cerrá la puerta y jubílate.
★
Estamos en la Tercera Guerra
Mundial en pedacitos. Y últimamente ya se está hablando de posible guerra nuclear
como si fuera un juego de baraja: se juega a las cartas… Y eso es lo que más me
preocupa. Me preocupa del mundo la desproporción económica: que un pequeño
grupo de la humanidad tenga más del 80% de la fortuna, con lo que esto
significa en la economía líquida, donde al centro del sistema económico está el
dios dinero y no el hombre y la mujer, ¡el humano! Entonces se crea esa cultura
del descarte.
★
Ver qué pasa (sobre Donald Trump).
Pero asustarme o alegrarme por lo que pueda suceder, en eso creo que podemos
caer en una gran imprudencia. En ser profetas o de calamidades o de bienestares
que no se van a dar, ni una ni otra. Se verá. Veremos lo que hace y ahí se
evalúa. Siempre lo concreto. El cristianismo, o es concreto o no es
cristianismo. Cosas concretas. Y de lo concreto sacamos las consecuencias.
Nosotros perdemos mucho el sentido de lo concreto. A mí me decía el otro día un
pensador que este mundo está tan desordenado que le falta un punto fijo. Y es
precisamente lo concreto lo que te da los puntos fijos. Qué hiciste, qué
decidiste, cómo te movés. Por eso yo frente a eso espero y veo.
★
… hay un principio, que para mí
es claro, que es el que tiene que regir en toda la acción pastoral pero también
en la diplomacia vaticana: mediadores, no intermediarios. O sea, hacer puentes,
y no muros. ¿Cuál es la diferencia entre el mediador y el intermediario? El
intermediario es el que tiene por ejemplo una oficina de compra y venta de
inmuebles, busca quién quiere vender una casa y quién quiere comprar una casa,
se ponen de acuerdo, cobra la comisión, hizo un buen servicio, pero gana
siempre algo, y tiene derecho porque es su trabajo. El mediador es aquel que se
pone al servicio de las partes y hace que ganen las partes aunque él pierda. La
diplomacia vaticana tiene que ser mediadora, no intermediaria. Si, a lo largo
de la historia, la diplomacia vaticana hizo una maniobra o un encuentro y se
llenó el bolsillo, pues cometió un pecado muy grave, gravísimo. El mediador
hace puentes, que no son para él, son para que caminen los otros. Y no cobra
peaje. Hizo el puente y se fue. Para mí esa es la imagen de la diplomacia
vaticana. Mediadores y no intermediarios. Hacedores de puentes.
★
Es un gran pecado (la corrupción).
Pero creo que no debemos atribuirnos la exclusividad en la Historia. Siempre ha
existido corrupción. Siempre. Acá. Si uno lee la historia de los papas se
encuentra con cada escándalo... Por nombrar mi casa, sin meterme en la del
vecino. Tengo varios ejemplos de países vecinos donde hubo corrupción en la
historia, pero me quedo con los míos. Acá hubo corrupción. Pesadita, eh. Basta
pensar en el Papa Alejandro VI, en esa época, y doña Lucrecia con sus “tecitos”
[envenenados].

No hay comentarios:
Publicar un comentario