Prosa aprisa
La UV, urgida del impulso oficial
Arturo Reyes Isidoro
Corría el
tramo final del gobierno de Dante Delgado cuando los focos rojos se
encendieron.
La empresa
Coca Cola solicitaba personal para trabajar y el único requisito que ponía era
que el interesado no fuera egresado de la Universidad Veracruzana (UV).
En realidad
no era la única que lo había hecho pero el detalle hizo mucho ruido porque se
trataba de un gigante trasnacional.
La
limitante reflejaba la terrible crisis de imagen que vivía la casa de estudios
resultado de vicios y prácticas que se fueron enquistando a la par que se
empezaron a degradar los gobiernos del PRI, porque entonces la UV no era
autónoma y los rectores los imponía el gobernador en turno como un funcionario
más de su administración.
Primero fue
el porrismo, que floreció a finales del gobierno de Rafael Murillo Vidal y pasó
vigente al de Rafael Hernández Ochoa, y luego vino la etapa de los
recomendados.
Parecerá
ahora exagerado, pero entonces si bien todos los aspirantes a un lugar en la UV
presentaban examen de admisión, se les daba preferencia y entraban en
automático los recomendados, aunque no tuvieran méritos, lucieran las más bajas
calificaciones en el bachillerato o preparatoria y no hubieran aprobado el
examen de admisión.
Funcionarios,
senadores, diputados, alcaldes, periodistas, empresarios, amigos de influyentes
pasaban sus listas que eran tomadas en cuenta de inmediato, incluso antes de
dar a conocer quiénes habían sido aceptados se llamaba por última vez para
preguntar si no había algún recomendado más que se hubiera pasado incluir.
Entonces se
quedaban sin ingresar casi todos los mejores estudiantes, los que tenían
méritos, buenas calificaciones y habían aprobado el examen de admisión con los
más altos puntajes, pero que no tenían padrinos porque, en la mayoría de los
casos, eran de familias pobres o marginadas. Era lógico esperar egresados con
el más bajo nivel de preparación, incluso algunos terminaron en porros al
servicio del gobierno, lo que llevó a las empresas de Xalapa a poner como
requisito para darles trabajo que no fueran de la UV. Penoso en verdad.
Fue
entonces cuando Dante Delgado tomó una decisión política histórica y de gran
relevancia para rescatar la buena imagen de la casa de estudios y sentar las
bases para un futuro mejor: a partir de un nuevo proceso de admisión que se
avecinaba ordenó que no se aceptara un recomendado más y que sólo ingresara
aquel joven que pasara el examen de admisión, de la condición social y
económica que fuera.
Me tocó
vivirlo en persona como testigo. La primera vez que se aplicó la medida, el
sobrino de un conocido periodista del puerto de Veracruz fue rechazado porque
no pasó el examen de admisión. Entonces el colega viajó a Xalapa para
entrevistarse con Dante y pedirle que lo recomendara para que pudiera ingresar.
El entonces
gobernador, que en efecto era conocido de y tenía alguna consideración con el
periodista, le dijo terminantemente que no podía ser el primero en romper con
una disposición que él mismo había dictado con la indicación de que se fuera
inflexible y se aplicara con todo rigor, y tan lo cumplió que actuó entonces
como político y ayudó al peticionario de otra forma.
Le ofreció
darle una beca al sobrino del periodista para que estudiara en una escuela privada,
incluso en una muy buena escuela privada de Puebla, pero predicó con el ejemplo
y no recomendó a uno solo.
Es a partir
de entonces (Dante concluyó su cuatrienio en 1992) cuando viene el proceso de
admisión que rige actualmente, y que con el crecimiento de la población
veracruzana y la limitada capacidad de la UV deja año con año a miles de
jóvenes sin poder ingresar, pero no porque no sean aptos y capaces sino porque
simple y sencillamente hay otros que los superan en calificaciones, lo que ha
terminado por volverse un gran problema social además de educativo.
Fue el
siguiente gobernador, Patricio Chirinos, quien dio la autonomía a la casa de
estudios, con lo que se sentaron las bases para que con el paso del tiempo
fuera la propia UV la que estableciera los mecanismos para designar a su
rector, porque en realidad al principio se indujo a quien se quería que
estuviera al frente, y normalmente los rectores se entendieron muy bien con el
gobernador en turno.
Acaso esas
fueron las dos últimas grandes decisiones que los gobernadores de entonces
tomaron con respecto a la universidad pública, una de las más importantes del
país, si no acaso la más importante ahora, y la UV está urgida ya de un nuevo
impulso oficial en especial para ampliar su capacidad de admisión de tantos
jóvenes que quieren ir a sus aulas, porque no acaba de prender la enseñanza en
línea.
En los dos
últimos sexenios anteriores al actual, el de Fidel Herrera Beltrán y el de
Javier Duarte de Ochoa, la Universidad Veracruzana sufrió dos agresiones
brutales que dañaron gravemente su patrimonio económico y con ello su capacidad
de operación en todos los campos, que la tienen prácticamente sobreviviendo.
Primero fue
Fidel quien no le entregó 1,500 millones de pesos que habían sido enviados por
el Gobierno Federal, y luego Duarte hizo lo mismo con otros 2,500 millones de
subsidio federal y estatal, lo que hizo que por primera vez en la historia una
mujer, la rectora Sara Ladrón de Guevara, presentara una denuncia penal que
luego fue atraída por la PGR y a la que no ha dado curso.
Ahora mismo
el problema de la falta de espacio para nuevos estudiantes se ha presentado de
nuevo cuando más de 24 mil jóvenes no alcanzaron cupo y muchos miles cuyos
padres no puedan pagarles su educación en escuelas privadas sufrirán la gran
frustración de no tener un futuro mejor porque no tendrán modo de continuar sus
estudios.
En ese
contexto se presenta también la elección del rector para los próximos cuatro
años, o bien la reelección de la rectora, y la nueva autoridad tendrá que
plantearse el reto de buscar soluciones tanto a la capacidad para atender a más
jóvenes como para fortalecer las finanzas de la casa de estudios.
Y en medio
de todo ello, el nuevo gobierno panista de Miguel Ángel Yunes Linares tampoco
ha cumplido con lo que ofreció como candidato: que si ganaba pagaría la deuda
con la UV.
El 11 de
abril de 2016, seis de los siete candidatos (el único que no asistió fue Héctor
Yunes Landa) participaron en una mesa de opinión: “La educación superior
pública en Veracruz: hacia una agenda de compromisos y acciones”, y ahí el
actual gobernante hizo el compromiso.
Crítico
sistemático del gobierno de Duarte por el adeudo con la UV y su falta de apoyo
presupuestal, ahora el mandatario estatal guarda silencio sobre el tema y
tampoco ha salido a dar un mensaje de aliento, de esperanza, de solidaridad a
los jóvenes que no pudieron ingresar así como a sus familiares, ni a anunciar
alguna acción emergente para tratar de enfrentar el problema.
Estos
jovenes viven también ya la decepción de que con el gobierno llamado del cambio
se abrirían nuevas expectativas para ellos, de que vendrían buenas y mejores
cosas en especial para los estudiantes de escasos recursos, de que no vivirían
el drama que ya viven por haber quedado fuera de la universidad pública, y
tristemente se preparan para enfrentar otra realidad, una realidad adversa para
sus aspiraciones.

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