Prosa aprisa
Predicar con el ejemplo
Arturo Reyes Isidoro
La semana pasada se
publicó en los medios que el
exdirector del Centro de Estudios e Investigación en Seguridad (CEIS) (Academia
de Policía de El Lencero'), Julio César Sosa Mirós, busca un amparo contra una
orden de aprehensión de la Fiscalía General del Estado (FGE).
Si lo hace entonces es que fue denunciado ante
esa instancia, aunque no se sabe exactamente por qué delitos, porque salvo el
anuncio de su cese el 17 de junio pasado, oficialmente no se volvió a informar más
del asunto.
En esa fecha, el Secretario de Seguridad Pública
del Gobierno del Estado, Jaime Téllez Marié, dijo que lo habían echado del
cargo por violentar los derechos humanos de 183 cadetes, aunque según comentó
uno de ellos luego de reunirse con el Secretario, había señalamientos también
de faltas administrativas y hasta de corrupción.
Una primera versión hablaba de que el mismo día
de su despido personal de Asuntos Internos de la SSP había
ido en su busca con la orden de aprehenderlo, aunque finalmente había sido
trasladado a un hospital en calidad de detenido toda vez que presentaba un
cuadro severo de alta presión arterial, mientras que su secretario particular Marco
Antonio Ortiz Jiménez había sido presentado ante la Fiscalía.
De
éste último tampoco se informó algo en forma oficial, aunque todo indica que
Sosa Mirós está en libertad pero sabe que se ha procedido en su contra y de ahí
que desde el 20 de junio, cuatro días después de haber sido cesado, tramitó el
amparo 689/2017 contra actos del Fiscal General del Estado y otras autoridades,
para evitar ir a parar a Pacho Viejo.
El
suyo es el primer caso de un funcionario de buen nivel del actual Gobierno del
Estado al que se ha dado de baja y, por lo que se deduce, al que se ha
denunciado penalmente, aunque no se tenga la precisión por qué presuntos
delitos. Tal vez por la secrecía a que obliga la indagatoria que se sigue es
que no se han hechos públicos los cargos, los que seguramente conoceremos si se
hace efectiva la aprehensión.
Pero
no deja de llamar la atención que, mediático como es en su accionar en contra
de los duartistas presuntos delincuentes, hasta ahora el gobernador Miguel
Ángel Yunes Linares no ha dicho ni una sola palabra de quien era su colaborador
en una de las áreas más sensibles como es la de la capacitación y formación de
nuevos policías que salgan a enfrentar a la creciente delincuencia y a frenar
los hechos violentos que también van a la alza.
Quién
sabe si está esperando a que se cumplimente el arresto para hacerlo, porque
nada fortalecerá más su imagen de gobernador que quiere hacer justicia y
aplicar la ley trátese de quien se trate si no es predicando con el ejemplo.
El
hecho de que Sosa Mirós busque un amparo, en principio es una señal en ese
sentido, pues seguramente tiene información que ha sido denunciado y si esto es
cierto entonces es que el gobernador dio luz verde al Secretario de Seguridad
Pública para que actuara en su contra y al Fiscal para que no frenara ninguna
acción y procediera en consecuencia.
En
la experiencia que tuvimos con Yunes Linares como Secretario General de
Gobierno en la administración de Patricio Chirinos Calero, Miguel Ángel era el
funcionario que no perdonaba a sus colaboradores ni deslealtades, ni omisiones,
ni equivocaciones, ni actos punibles dentro de la función pública. Cesaba en el
acto mismo y actuaba y llegaba hasta sus últimas consecuencias si habia que
aplicar un castigo.
Ahora
mismo cuando se está actuando y deteniendo a duartistas y a empresarios ligados
al gobierno anterior por presuntos actos de corrupción, no han faltado voces
que hablan de vengaza.
“La aplicación de la ley nunca es excesiva,
señala expresamente cuándo se aplica, cómo se aplica y por qué se aplica, ahí
no hay excesos, no puede decirse que se aplica un poquito la ley o se aplica
mucho, se aplica a quien violenta la norma; quien la violenta sabe que puede
recibir una sanción”, respondió a la Cámara Mexicana de la Industria de la
Construcción Delegación Veracruz que dijo que había sido excesiva la detención
del ingeniero César Augusto Morando
Turrent, acusado de fraude por la mala calidad de la construcción de la Torre
Pediátrica y por no haber concluido la obra.
El caso de Julio César Sosa Mirós se le
presenta que ni mandado a hacer expresamente para demostrar que hay piso parejo
para todo aquel que actúe fuera de la ley y la normatividad y en contra de los
intereses de la administración pública, que es actuar en contra de los
veracruzanos, y que así como su gobierno está actuando contra duartistas, hará
lo mismo contra quienes falten a la confianza que les dio de formar parte de su
equipo de trabajo.
Si se le prueban todos los cargos que le
finquen al exdirector de la Academia de Policía y si le aplican la ley no con
gracia y justicia sino con justicia a secas, entonces estará dando un gran paso
porque la impunidad es el principal motor de la corrupción, y como añadido
sentará un precedente para el resto del gabinete, que sabrá qué le espera si
echan el gato a retosar y no cumplen con su deber legal.
Hay indicios de que se está actuando pero,
insisto, llama la atención que el gobernador no haya dicho algo al respecto
hasta ahora. ¿Será acaso por el temor de
que al aludir al tema y aceptar públicamente la falla del exfuncionario sería
tanto como aceptar que se equivocó al nombrarlo o al dar su aval para que
llegara a la Dirección de la Academia de Policía?
Si ese fuera el caso, creo que ninguna otra
cosa haría más bien al gobernador que aceptar que se equivocó, de cara a los
ciudadanos, darles una explicación y dejarles en garantía su palabra de que no
tolerará ningún acto de omisión, de incumplimiento del deber, de abuso del
poder, de corrupción, de algunos de sus colaboradores y que en todo caso
actuará con toda determinación para actuar en contra de quien desvíe el camino.
Hay algo que los hombres en el poder
político o que aspiran a él eluden a toda costa: aceptar públicamente que
cometen errores olvidándose que al fin y al cabo son seres humanos, de carne y
hueso, falibles porque no hay hombres perfectos. Creo que no han entendido ni
aprendido que los ciudadanos, sus representados, queremos semejantes que se
equivoquen como nosotros pero que lo acepten y se enmienden, más si están en el
gobierno. Cosas tan sencillas como esas son las que dan confianza y otorgan
credibilidad.
En ese sentido aunque en otro caso, creo
que una grande y preciosa oportunidad que dejó pasar el senador Héctor Yunes
Landa fue no haber aceptado que como presidente de la Comisión Anticorrupción
del Senado cometió un error mayúsculo al nombrar como coordinador de asesores
de dicha comisión a un hombre ligado por parentesco familiar al gobierno
anterior acusado de corrupto, pero también señalado de participar junto con su
hermano, presunto periodista metido a política, en casos que rayan en la
corrupción o ilegales como tratar de extorsionar a diputados locales al amparo
de una cadena de periódicos que tenían o tienen, así como a personajes
políticos del distrito de Perote.
Ante el escándalo mediático y en las redes
sociales que desató el nombramiento, Héctor tuvo que dar marcha atrás pero en
lugar de aceptar que se equivocó y que está dispuesto a escuchar la voz popular
como lo haría si llegara al Gobierno del Estado que pretende, salió con un
pretexto baladí para tratar de justificarse y en vez de dar un manotazo de
autoridad para que el electorado viera que es un hombre de carácter, que cesaba
ipso facto al señalado, emitió un comunicado diciendo que éste
había “declinado” el nombramiento, o sea que en lugar de quedar bien con la
opinión pública prefirió una salida decorosa para el cuestionado, no aceptando,
de paso, que si se equivoca es capaz de rectificar, de corregir, queriendo
quedar como infalible. O sea, si el otro no hubiera declinado estaría en el
cargo no obstante la voz popular de reprobación.
Esperemos, pues, a ver en qué termina el
escándalo de la Academia de Policía, el caso Sosa Mirós, y qué actitud adopta
finalmente el gobernador Yunes Linares.

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