Prosa aprisa
Rescatar el Veracruz
hospitalario y generoso
Arturo Reyes Isidoro
Cuando
terminaba la ceremonia religiosa, se vino la lluvia, como un mensaje que caia
del cielo en señal de aprobación por lo que había dicho el celebrado por sus 25
años como sacerdote, José Juan Sánchez Jácome.
Éste había
rescatado un manuscrito medieval encontrado en Salisbury y lo había leído ante
jerarcas eclesiásticos de la Arquidiócesis de Xalapa, de sacerdotes del Estado
y del país.
¡Tan
diferente de mí!
"Un sacerdote
debe ser al mismo tiempo
pequeño y grande,
noble de espíritu,
como de sangre real;
sencillo y espontáneo,
como de raíz
campesina;
héroe en la conquista
de sí mismo,
hombre que se ha
batido con Dios,
fuente de
santificación,
pecador al que Dios ha
perdonado,
soberano de sus
deseos,
servidor de los
tímidos y de los débiles,
que no se arredra
delante de los poderosos
y se inclina en cambio
delante de los pobres,
discípulo de su Señor,
jefe de su rebaño,
mendigo de manos
extremadamente abiertas,
portador de innumerables
dones,
hombre en el campo de
batalla,
madre para confortar a
los enfermos,
con la sabiduría de la
edad y el abandono de un niño,
en tensión hacia la
altura y con los pies en el suelo,
hecho para la alegría,
experto en sufrimientos,
distanciado de toda
clase de envidia,
previsor,
que habla con
franqueza,
amigo de la paz, enemigo
de la inercia siempre fiel...
¡Tan
diferente de mí!".
Acaso
quería sacudir la conciencia de sus compañeros eclesiásticos, presentes y
ausentes, acaso quería refrescar la memoria por si a alguien se le había
olvidado cuál debe de ser su misión evangelizadora.
Abarrotada,
la Casa de la Iglesia de Xalapa, contigua al Seminario Mayor, en su centro
concentraba el calor humano, que se diluía en los costados por donde, por
puertas y ventanas se colaba un viento refrescante que presagiaba lluvia.
El
padre Juan Sánchez, siempre comprometido con los feligreses de su Iglesia, no
podía dejar de aterrizar en el ámbito terrenal, y en su mensaje brincó de Mario
Vargas Llosa a Agustin Lara y al papa Benedicto XVI.
Lo
escuchábamos feligreses, invitados y religiosos encabezados por el arzobispo de
Xalapa Hipólito Reyes Larios y el arzobispo emérito Sergio Obeso Rivera.
“Son tiempos difíciles, complicados y de muchos
riesgos”, dijo, pero agregó que también “son tiempos providenciales y
formidables para vivir la fe y para ser sacerdotes”.
Interpretando el
sentir de la población veracruzana, en su mayoría católica, expresó un gran
deseo: “Quiera Dios que pronto comencemos a
reaccionar conforme lo exigen las circunstancias, considerando la enorme deuda
que tenemos con los pueblos y familias que están de luto y con la esperanza de
rescatar ese Veracruz hospitalario, alegre y generoso, ese pedacito de patria
que sabe llorar, reír y cantar, con el respeto debido a la letra original del
maestro Agustín Lara”.
El
padre Sánchez Jácome había sido objeto de un prolongado y fuerte aplauzo por el
feliz acontecimiento. Luego de que el arzobispo Reyes Larios había exaltado su
figura y su trayectoria, había hecho uso del micrófono.
Ofreció:
“También
seguiré levantando el cáliz de la salvación por los miles de hermanos que son
asesinados dentro de este clima de maldad y de violencia que ha alcanzado
nuestras ciudades. Levantaré el cáliz de la salvación por los secuestrados y
desaparecidos. Levantaré el cáliz de la salvación por los hermanos que en el
medio oriente y en distintas partes del mundo son perseguidos y asesinados por
odio a la fe cristiana”.
En
clara alusión al difícil momento que vivimos en Veracruz, proclamó:
“Ante las adversidades y persecuciones que también
nosotros enfrentamos tengo bien presentes las palabras del papa Benedicto XVI:
‘No tengan miedo, Dios nos ha escogido para vivir en este momento de la
historia’.
Dios sabe por qué nos puso en este momento difícil para la sociedad y para la Iglesia. Por lo que no se trata de lamentarnos ni de quedarnos cruzados de brazos, sino de dar la cara por Dios y por el evangelio. Lo primero es dar la cara, no esconderla, ni encogerse de hombros. Los cristianos sabemos que no hemos recibido un espíritu de pusilánimes sino un espíritu de fortaleza y de buen juicio”.
Dios sabe por qué nos puso en este momento difícil para la sociedad y para la Iglesia. Por lo que no se trata de lamentarnos ni de quedarnos cruzados de brazos, sino de dar la cara por Dios y por el evangelio. Lo primero es dar la cara, no esconderla, ni encogerse de hombros. Los cristianos sabemos que no hemos recibido un espíritu de pusilánimes sino un espíritu de fortaleza y de buen juicio”.
Duras
pero claras palabras, alentadoras y esperanzadoras. Una inyección de fortaleza
ante la adversidad. Una sacudida para que no decaigamos.
Con
la humildad que lo caracteriza, pero con la indudable radiante felicidad que lo
embargaba, el padre Juan Sánchez recordó que Dios lo había llamado, se había
fijado en él y lo había sacado “de entre las montañas y cafetales de Huatusco,
de este pueblo de naturaleza exuberante y alma grande, como grande e imponente
es su tradición, su fe, su amor a María Santísima, sus montañas y el
inalcanzable San Antonio que ni la reforma litúrgica pudo remover de su sitio”.
Y
pronunció: “Son tiempos difíciles, complicados y de muchos riesgos. Pero
también son tiempos providenciales y formidables para vivir la fe y para ser
sacerdotes”.
Todo
un acontecimiento para la grey, para la familia religiosa católica de Xalapa, y
ya ni se diga para el festejado. Una concelebración con un mensaje social
acorde a los tiempos difíciles que vive Veracruz.
Entre
la asistencia, ningún político, ningún gobernante, ni estatal ni municipal,
ningún dirigente de partido ni ningún diputado, nadie que desentonara con una
ceremonia de un pastor con su feligresía, cercanos y creyentes de Dios, pero
distantes y ajenos a la maldad encarnada, en parte, en la llamada clase
política de Veracruz. Gracias a Dios.
Creyente
que soy pero poco frecuente a este tipo de ceremonias, no podía dejar de
agradecer a Dios por la oportunidad de estar presente y vivir, al menos por un
momento, un remanso de paz, de escuchar un mensaje, lo mismo del Arzobispo que
del presbítero, mensajes reconfortantes, alentadores, esperanzadores, nada que
ver con la demagogia, la promesa y el ofrecimiento fácil pero engañoso de
nuestros políticos de todos los días.
Al
final, un convivió en el mismo lugar de la ceremonia, rematado luego con una
celebración personal de amigos periodistas como Luis Romero y Miguel Valera,
éste último vinculado con la jerarquía eclesiástica de Xalapa, seminarista que
fue.
El domingo, el informe
de Héctor
Es
un informe de cajón, anual, pero es también un informe que reviste interés
especial por las fechas el la que lo rendirá el próximo domingo en el puerto de
Veracruz el senador Héctor Yunes Landa.
Lo
tenía programado para el sábado pero lo
corrió para el domingo porque el dia 2 de septiembre el presidente Peña
Nieto dirigirá un mensaje con motivo de su quinto informe de gobierno. Se trata
de cubrir las formas y de no distraer la atención mediática al titular del
Ejecutivo federal pero también jefe natural del PRI.
Se
tiene confirmada la asistencia al acto del senador José Francisco “Pepe” Yunes
Zorrilla, aliado natural de Héctor y, según me han dicho cercanos al senador
oriundo de Soledad de Doblado, dirigirá un mensaje “interesante”.
Esperaremos
qué tanto lo es, pero bien se puede adelantar que cualquier cosa que diga no
podrá dejar de interpretarse como un mensaje de cara y alusivo al proceso
electoral de 2018. Héctor, según lo que
se sabe, hará hasta el último intento y esfuerzo por lograr la nominación de su
partido, el PRI, para ser nominado como candidato a la gubernatura.
Acaso
la asistencia de Pepe se interpretará como un adelanto de que sea quien sea el
“bueno” irán unidos para tratar de recuperar el Palacio de Gobierno y derrotar
lo mismo al PAN que a Morena.

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