¿Nueve vidas del PRI?
Arturo Reyes Isidoro
Fox,
a favor de Meade y del PRI
El viernes pasado, Ciro Gómez
Leyva entrevistó al expresidente panista Vicente Fox y éste no se anduvo por
las ramas: dijo que le gustaría que José Antonio Meade sea el candidato del PRI
a la Presidencia.
Dio sus argumentos del porqué:
porque –dijo– mantendría la estabilidad económica y habría
gobernabilidad, sobre todo ante la amenaza que representa la administración de
Donald Trump.
Pero fue más allá: afirmó también que “el PRI sigue siendo el
PRI” y que “su capacidad no depende de un líder sino de toda una maquinaria
eficiente que sigue intacta, esa maquinaria al final y dentro de la ley gana y
triunfa en Coahuila y en el Estado de México, que es clave para la elección del
2018”.
Con un remate: declaró que “el PRI tiene la mejor baraja de
candidatos con experiencia, madurez”, mientras que los partidos Acción
Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) no figuran.
Dedazo vendrá del Palacio o de Boca
del Río
El jueves, el título de mi columna fue: “En el PRI, simulación;
en el PAN, súper dedazo”. Dije que quién sabe que era peor, “si la simulación del
PRI, práctica de alguna forma ya naturalizada en el sistema político mexicano,
o el resuelto priismo en el que ha caído el PAN”.
Apunté que los
panistas en el Estado fueron una verdadera opción democrática hasta antes de
estar “secuestrada” la dirigencia estatal, como afirman los de cepa, los de
verdadera sangre azul, que está.
“El viernes pasado… la Comisión
Permanente Estatal optó por hacer a un lado la elección de candidatos a través
del voto de sus consejeros, o sea, mediante elección interna, al aprobar el
método del dedazo, como en el PRI”, agregué.
“Ahora resulta que están peor que los
tricolores, porque al menos estos maquillan su dedazo con su ‘convención de
delegados’, en la que militantes afines a las cúpulas ‘eligen’ en ‘votación
económica’… a sus abanderados”.
“El PAN,
pues, está legitimando el dedazo al peor estilo del PRI. El dedazo del Palacio
de Gobierno o el de Boca del Río… Esa es ahora la democracia del PAN”.
Reconocido analista comenta el mimetismo
panista
Por el
artículo que publicó ayer en el diario Reforma
el analista Luis Rubio veo que no sólo
los puntos de vista de provincia advierten el mimetismo en el que ha caído el
PAN respecto del PRI.
Rubio es
doctor en Ciencia Política por la Brandeis University de Massachusetts, su
curriculum es extenso y para el propósito de esta columna basta con decir que
escribe sobre temas internacionales y de economía y política, publica una
columna semanal en Reforma y sus
opiniones aparecen con frecuencia en The
Washington Post, The Wall Street Journal y The Financial Times.
Su texto
de ayer lo tituló “Las 9 vidas del PRI”. Me llamó la atención que coincidió con
Vicente Fox: “El PRI sigue siendo… el PRI”.
Comentó
que el tricolor se ha adaptado al mundo competitivo, pero que en contraste con
otras naciones que tienen partidos de Estado que se han adaptado y convertido
en partidos competitivos porque han abandonado sus vicios de antaño, “aquí el
viejo sistema sigue tan vivo como antes; en lugar de que éste cambiara y el PRI
se adaptara a un régimen político abierto, los demás partidos se han adaptado
al viejo sistema, convirtiéndose en pilares que lo sostienen”.
(EN 1964, el presidente de Francia y héroe de la Segunda
Guerra Mundial, Charles de Gaulle, visitó México. Era entonces presidente
Adolfo López Mateos. En aquel tiempo se dijo que De Gaulle se había interesado
vivamente por el funcionamiento del PRI y hasta se llegó a manejar que
pretendía imponer en Francia un sistema político igual al priista”.
Luis
Rubio hizo una serie de consideraciones sobre el fenomeno tricolor. Expuso:
“Ante todo, el PRI nunca se fue: sigue estando
ahí, domina buena parte del territorio nacional, sigue a cargo de una
maquinaria electoral que es inigualable y, aunque ha perdido muchas
gubernaturas, ha logrado que todos los gobernadores, así como los partidos de
oposición, se comporten como priistas. O sea, casi casi, se podría decir que el
PRI vendió franquicias...”.
En Veracruz hay ejemplos de su aserto
¿Está equivocado? Basta con volver
los ojos hacia Veracruz para confirmar su aserto. Bajo el mandato de Miguel
Ángel Yunes Linares el PAN estatal se volvió una réplica de las peores prácticas
del PRI, y el gobernante actúa como el gobernador más autoritario que haya
tenido el priismo: sólo sus chicharrones truenan, lo que no lo diferencia en
nada, por ejemplo, de Fidel Herrera Beltrán cuando tenía todo el control del
“pinche poder”.
Otro claro ejemplo, la usurpación
que hacen de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) para tener el control
del Congreso local pasando por encima de una considerable parte de la voluntad
política de los ciudadanos de Veracruz, para lo cual recurrieron a maniobras y
chicanadas legaloides a la alta escuela tricolor. Como que tienen un buen maestro.
Uno más: el panista presidente de
la Jucopo, Sergio Hernández, y el coordinador de la bancada de Morena, Amado
Cruz Malpica, imitan a Fidel Herrera Beltrán: han puesto su imagen, el primero
en una botella de desinfectante o desodorante líquido y el segundo en una
botella de agua, para hacerse promoción, como lo hacía Fidel en su campaña, en
botellas de refresco.
El doctor Luis Rubio comentó
también ayer: “Cuando llegó el PAN a la presidencia, uno hubiera esperado un
cambio de régimen: la eliminación de los viejos mecanismos de control,
privilegio y abuso (y, por lo tanto, corrupción e impunidad), pero pasó
exactamente lo contrario: el PAN se mimetizó con el PRI, se olvidó de construir
un nuevo futuro y se corrompió hasta la médula, al grado que hoy ni siquiera
tiene capacidad de entender dónde, cuándo y cómo extravió el camino”.
¿Otro ejemplo de lo anterior? Las
serias acusaciones que la diputada local panista Cinthya Lobato hizo contra el
presidente de la Jucopo, el diputado Sergio Hernández, también panista: “Pones
a tu amigo ‘Chico’ (Fuentes), un tratante de mujeres, que está llevando a tus
fiestas, drogas y borracheras”… “Hay dinero para el Velódromo, para tus
fiestas, tus 156 casas de enlace; hay dinero para que le lleves a Pepe Mancha
(líder estal panista), para eso sí hay dinero”.
Dijo Rubio: “El problema electoral
mexicano se reduce a un elemento: todas las reformas que se han avanzado en las
últimas décadas han tenido un objetivo medular, que es el de no alterar la
estructura del poder. Esa lógica es explicable para un régimen emanado de una
revolución, pero entraña una consecuencia obvia: tarde o temprano, el engaño
resulta evidente. Lo peculiar, y patético, es que el desafío central provenga
no de una opción futurista y promisoria (el famoso Macron mexicano), sino de la
perspectiva más retardataria y reaccionaria posible” (esto último en clara
alusión a la posibilidad de que la Presidencia la pudiera ganar López Obrador).
En
Morena sólo decide el “dedito” de AMLO
El jueves pasado comenté sobre la
simulación del PRI y ahora el súper dedazo del PAN en Veracruz, reservado al
dedo del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares o al de su hijo del mismo nombre
y alcalde de Boca del Río.
Entonces, ¿hacia dónde se hacen
los ciudadanos si la tercera opción está igual o peor? En el caso de Morena no
cantan mal las rancheras. Ahí lo decide todo el “dedito” de Andrés Manuel López
Obrador, con el agravante de que con tal de volverse más competitivos o sumar
votos, desde el pasado proceso electoral abrieron las puertas a priistas,
panistas y de los otros partidos con mala fama pública.
Por otro lado, los independientes
todavía no crecen ni son competitivos, con la posibilidad de que Margarita
Zavala y Armando Ríos Piter fortalezcan esa figura pero no se les ve ahora con
posibilidad de triunfar. Insisto en la pregunta: ¿entonces qué le queda a los
ciudadanos?
Luis Rubio señaló ayer: “A semanas de iniciar el proceso electoral real
(al diablo lo formal), la ciudadanía sabe que sus opciones son limitadas por
todo lo que han construido los partidos y sus políticos. El dilema en que se
encuentran éstos, y todo el país, no es producto de la casualidad”.
Pero algo que no se debe de
hacer, opino, es dejar de votar. Entonces se debe optar por la persona, por el
que sea el candidato menos malo o el que nos convenza más por sus positivos que
tenga. Los partidos cada vez más se alejan de los ciudadanos y deciden desde la
cúpula, cúpula que se reduce finalmente a una persona que, lógicamente, actúa
conforme a sus intereses personales. Esa es nuestra triste realidad.
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