Prosa aprisa
Los primeros tres meses
Arturo
Reyes Isidoro
Este
jueves se cumplen los primeros tres meses de la nueva administración pública
estatal.
Pareciera
más el tiempo que el gobierno de Morena lleva en el poder porque empezó a
actuar horas después de que se les confirmó su triunfo la noche del 1 de julio
de 2018.
Una
evaluación desde aquella fecha hasta ahora (siete meses) arrojaría, según mi
percepción, un saldo más negativo que positivo.
Fuera de
los anuncios, de los mensajes y de las declaraciones, no se tiene hasta ahora
una obra de gobierno material que por lo menos se haya iniciado digna de
resaltar.
La
violencia y la inseguridad se incrementaron, el desempleo es mayor, no hay
inversiones públicas ni privadas con la excepción de la de Nestlé, pero que ya
estaba programada desde antes, hay desabasto de medicinas en los hospitales, no
pudieron remover de la Fiscalía a su titular Jorge Winckler, ya perdieron la
mayoría simple en el Congreso local, no han podido conciliar con la Iglesia,
tienen a un secretario de Gobierno totalmente desgastado y que se dedica a todo
menos a procurar la gobernanza, no intentan y no se preocupan por cabildear con
la prensa, carecen de operadores políticos con experiencia y los pocos que
tienen no los utilizan, están siendo rebasados por la delincuencia pero también
por la sociedad civil que ante la ineficacia policiaca ha optado por hacerse
justicia por propia mano, han aumentado los feminicidios…
No es
ningún secreto que la administración se caracteriza por la división interna
entre los colaboradores del gobernador y que la mayoría de las posiciones
claves las controlan el Secretario de Hacienda Carlos Urzúa y un hijo de López
Obrador (Finanzas y Planeación) y, sobre todo, la Secretaria de Energía Rocío
Nahle (Secretarías de Gobierno, de Seguridad Pública –se sabe que sus titulares
son concuños–, de Salud, de Turismo y la Contraloría, entre otras, algunos de
cuyos titulares expresan abiertamente que su lealtad es con ella, a quien le
deben el cargo, y no con el gobernador).
En su
momento, en un inicio, se manejó internamente que cumplidos los tres primeros
meses se haría una evaluación para ver qué iba bien y qué iba mal para actuar
en consecuencia. Esta evaluación se haría bajo el criterio de que tanto el
gobernador como el secretario de Gobierno son ingenieros y saben planear,
planificar, y valorarían si los cimientos del sexenio eran los adecuados,
estuvieran firmes, bien trazados y calculados y si las paredes que empezaban a
levantar no estaban chuecas o endebles para, en su caso, demolerlas y corregir
cuanto antes.
Hoy se
cumplen tres meses y desde afuera (porque desde adentro siempre se ve o se cree
que van bien) la vox populi está
cierta que el gobernador Cuitláhuac García está a buen tiempo de sacudir el
árbol, de deshacerse de lo que no le sirve y de lo que le estorba, de imponer a
un equipo suyo con experiencia, de sus confianzas y lealtades, y salvar a su
administración, muy joven por fortuna para él, y salvarse a sí mismo, así como
de sustituir al presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso
local y tratar de recuperar la mayoría simple y el control legislativo que ha
perdido, como se demostró con el caso Winckler.
El
secretario de Gobierno pintaba bien en un inicio, pero por su inexperiencia ha
cometido errores que lo desgastaron ya, lo que lo tiene sometido al fuego
mediático y de las redes sociales, donde ya nadie lo respeta, lo que es muy
grave para quien se supone que conduce o debe conducir la política interna. El
gobernador lo apoya y lo sostiene pero evidentemente ya no le sirve.
El
secretario de Seguridad Pública tampoco ha presentado una estrategia eficaz
para contener la violencia y la inseguridad, atenido a que venga la Guardia
Nacional a rescatarlo. Su desconocimiento del Estado y del material humano bajo
su mando tienen ya un muy alto costo que gravita en contra de la imagen del
gobierno al que sirve o intenta servir. Tiene amigos que abogan por él pero los
resultados son los que hablan.
El
secretario de Finanzas y Planeación es hasta ahora el que mejores resultados ha
dado. Cuida y lleva muy bien su parcela. Junto con Cuitláhuac le tocó bailar
con la más fea porque no hay recursos. Administra la carencia. Ayudó bien a sacar
los compromisos de diciembre. Si no puede pagar al menos atiende a proveedores
a los que se adeuda, y recién la calificadora Standard & Poor’s le puso una
estrellita en la frente al reafirmar la calificación crediticia del Estado, de mxBBB-, con perspectiva
estable, pronosticando que la entidad podría alcanzar superávits operativos en
torno al 2.5 por ciento de sus ingresos operativos, señal de que hay un buen
manejo financiero.
Esas secretarías son puntales de la
administración pero en el resto hay bueno y malo.
Por ahora falta saber cómo quedará el
Presupuesto de Egresos y, seguramente derivado de ello, cómo ajustarán el Plan
Veracruzano de Desarrollo.
Con ello definido se le presenta al gobernador
la gran oportunidad para dar por saldados los compromisos de campaña y hacer a
un lado a todos los improvisados y sin perfil a los que se colocó en diferentes
cargos, e iniciar una nueva etapa relanzado su gobierno con veracruzanos con
experiencia en la administración pública más que teóricos académicos.
La opinión pública, los veracruzanos en
general, en especial quienes votaron por Morena, esperan y desean la sacudida y
que se rectifique el camino, que se tome buen rumbo, que se relance la nueva
administración y que se gobierne, bien. Que se gobierne a secas.
Hasta ahora la sociedad veracruzana no ha
escuchado ni recibido un solo llamado a participar. Tres meses después debe
convocarse a un gran pacto con todos los sectores de la vida pública de
Veracruz y dejar atrás las diferencias políticas en aras de la unidad.
Debe aprovechar el gobernador García Jiménez
que todavía lo respalda un buen grueso de veracruzanos que votaron por él y por
López Obrador, antes de que sea mayor el desgaste, aumente el desencanto y
pierda más capital político humano, porque por lo que se escucha en la calle, a
ras de tierra, un significativo número de veracruzanos (muchos trabajadores o
extrabajadores del gobierno y policías y sus familias) ya no sufragarían a su
favor si volviera a aparecer su nombre en las boletas, porque se sienten
defraudados.
Son apenas tres meses de seis años, todavía un
buen tiempo para reconducir una administración que se veía prometedora. Todavía
es tiempo. Los hechos, las decisiones, el tiempo nos dirán qué se decidió.

No hay comentarios:
Publicar un comentario