Prosa aprisa
Retoman horario
laboral alemanista
Arturo
Reyes Isidoro
Qué cosas de la política y del
tiempo.
La sombra del exgobernador
Miguel Alemán Velasco (1998-2004) asomó el lunes por una medida anunciada en la
Gaceta Oficial del Estado.
La nueva administración
estatal morenista decidió revivir el horario alemanista para la burocracia con
entrada a las ocho de la mañana y salida a las seis de la tarde.
La justificación prácticamente
es la misma aunque con diferentes palabras: favorecer
la eficiencia y eficacia del gasto público, lograr la obtención de economías
presupuestales y favorecer el desarrollo personal, calidad de vida y tiempo
libre de los servidores públicos de las dependencias y entidades.
A la salida del gobernador Alemán, ese horario se
terminó cuando llegó al Palacio de Gobierno Fidel Herrera Beltrán, quien quería
a todos sus colaboradores trabajando sin horarios, lo que requería que hubiera
personal disponible.
Fidel imitaba al viejo dictador de República
Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, quien según relata Mario Vargas Llosa en
su libro La fiesta del chivo, se
levantaba todas las mañanas a las 4:30 am y de ahí pal’ real, lo que el Tío
Fide recordaba cada que podía.
En aquel sexenio me tocó vivir la aplicación del
nuevo horario adentro, en el área de Comunicación Social, y para mi expediente
me tocó ser el primero al que se le sancionó ¡por quedarse a trabajar!
Fue imposible convencer al contralor interno de
entonces, cerrado y con la cabeza cuadrada (originario de Pánuco; lo veo de vez
en cuando que por ahí anda) que los acontecimientos no tienen horario y que las
noticias que generan tampoco, que había que difundir la información de las
actividades del gobernador a la hora que fuera, cuando se diera. Me levantó
acta.
Aquel horario (que llega de nuevo) fue entonces un
verdadero fenómeno porque nunca antes se había puesto en práctica, sobre todo
el horario de salida.
La burocracia que trabajaba el turno de la tarde
salía a las nueve, a las diez o a las once de la noche, según las necesidades
de su jefe, por lo que salir a las seis pm le alteró su reloj biológico, algo
así como lo que ocurre con el cambio de horario de primavera o de verano.
La gente no sabía qué hacer después de las seis de
la tarde y sobre todo ellos ya no tuvieron justificación para llegar tarde a
sus casas.
No fue fácil acostumbrarnos a ver de pronto el
Palacio de Gobierno en penumbras, ni el enorme edificio de la Sefiplan, ni los
de las demás dependencias. Adentro, claro, solo había luces en el despacho del
gobernador y en las oficinas de los Secretarios.
Y sí. Se lograba un ahorro, por ejemplo, en el
consumo de energía eléctrica al estar apagadas todas las computadoras, las impresoras
y las fotocopiadoras, los focos o lámparas, los aparatos del clima, cafeteras,
televisores, pantallas y todo lo que necesitara de energía eléctrica para
funcionar.
Algo bueno para los veracruzanos que no vivían en
Xalapa era que podían viajar por la noche, llegar muy temprano y ser atendidos
en el día, de tal forma que podían regresar a sus lugares de origen otra vez
por la noche.
Se reactivó un poco la economía local porque
después hubo quienes optaron por ir al cine cada que podían o andar en el
centro o en las plazas comerciales comprando para lo que les alcanzara.
Cuitláhuac revivió el horario con salida a las 6pm
aunque no se sabe a partir de cuándo empezará a funcionar. Ya no habrá, pues,
pretexto para no “estar en casita con los suyos” a las diez de la noche, como
dijo Miriam Ferráez.
La
Casa Veracruz
El gobernador Alemán Velasco fue quien la llamó
Casa Veracruz a la que antes había sido Casa de Gobierno y la remodeló. La
convirtió en lo que hoy es (Javier Duarte le construyó nuevos espacios
adicionales).
Fidel Herrera Beltrán, por llevarle siempre la
contraria, cuando arribó al poder la rebautizó como la Casa de Gobierno.
Duarte y Miguel Ángel Yunes mantuvieron el nombre
de Casa Veracruz. Duarte la quiso enajenar, lo que no logró por la oposición de
los vecinos. Yunes oficialmente nunca la ocupó aunque de vez en cuando llegaba
a ella en forma sigilosa. En la campaña de su hijo la utilizaron como bodega
para guardar despensas.
El martes el gobernador Cuitláhuac confirmó que se
le está dando uso para actividades oficiales aunque él no vive ahí.
"Tiene un auditorio que podemos utilizar, hay
trabajadores de base allí, pero no con fines personales", expresó. En
efecto, se trata de un auditorio en el que el gobernador Alemán ofrecía sus
conferencias de prensa.
Duarte, en sus
locuras, al inicio de su gobierno quiso comprar toda una cuadra porque
quería construir ahí una cancha donde pudieran bajar y subir helicópteros, tal
vez porque algo en su interior le decía que al final saldría de pelada en un
helicóptero.
No le quisieron vender los vecinos, aunque unos pocos sí
de tal forma que a un lado y enfrente hay otras construcciones que seguramente
serán las que se anuncian para las oficinas de la Universidad Popular Autónoma
de Veracruz.
Qué bueno que se le da utilidad a la Casa Veracruz porque
hacerlo implica que se le dé un buen mantenimiento; qué bueno porque finalmente
es un patrimonio de todos los veracruzanos.
Quienes la conocemos desde siempre y la conocimos ya como
residencia oficial del gobierno de Veracruz nos preguntamos quién finalmente se
quedó con los muebles, accesorios, cuadros y otras pertenencias que ahí habían.
El pasado gobierno nunca investigó o no quiso informar.

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