Prosa aprisa
Una ministra en problemas de
credibilidad
Arturo Reyes Isidoro
De visita en Xalapa el 4 de junio del año
pasado, la ahora Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, declaró estar
dispuesta a donar su pensión de 258 mil 679 pesos mensuales como exministra de
la Suprema Corte de Justicia de la Nación a una institución de beneficencia si
ganaban la presidencia.
Andaban entonces en campaña pero Andrés Manuel
López Obrador ya había anunciado que iría a la Segob en su gobierno.
Seis meses después, ya en el poder, cambió de
parecer. En su cuenta de Twitter dijo que a partir del 15 de diciembre de 2018
donaría su sueldo a una casa hogar de niños con discapacidad ubicada en
Querétaro, pero no su pensión. Tampoco se tiene mayor información si lo está
haciendo y cómo se llama la casa hogar. Su sueldo actual ronda los 107 mil
pesos mensuales, mil menos que el del presidente.
En noviembre del año pasado, en el portal La Otra Opinión de Ricardo Alemán se
publicaron fotografías de lo que calificaron como “La ostentosa casa de Olga
Sánchez Cordero” y el reportero Josué Eduardo Gómez López ofreció detalles con
base a una entrevista que ella había concedido al sitio web RSPVonline en 2012.
“Este es mi hogar, donde todos convivimos como
familia y recibimos a nuestros invitados, es mi familia la que permanentemente
entra y sale. Vivo aquí con mi esposo, Eduardo (García Villegas), tenemos tres
hijos, casados, y a su vez con hijos”, declaró entonces.
La entrevista concedida a RSPVonline detallaba que la casa de la exministra está decorada con
magníficas piezas de obras de arte, sillones, salas y sitios exclusivos, nada
modestos.
El 30 de enero pasado, cuando vencía el plazo
para que todos los servidores públicos presentaran su declaración patrimonial y
de intereses ante la Secretaría de la Función Pública (SFP) porque si no no
podrían trabajar en el gobierno, según advirtió AMLO en su conferencia
mañanera, la señora Sánchez Cordero lo hizo de último minuto, a las 22:00
horas, porque se había venido resistiendo a hacerlo y hasta se llegó a manejar
que tenía serias diferencias con López Obrador a causa de ello.
Aunque ese día a través de un comunicado, el equipo de la funcionaria
señaló que “por instrucciones del Presidente de la República, la secretaria de
Gobernación ministra en retiro Olga Sánchez Cordero solicitó a la Secretaría de
la Función Pública hacer pública su información relativa a los datos
patrimoniales contenidos en su declaración”, el diario La Jornada documentó que en el portal DeclaraNet el espacio de la
señora mantuvo las leyendas “El servidor no aceptó hacer públicos sus datos
patrimoniales” y “No estoy de acuerdo en hacer público mi posible conflicto de
intereses”.
Tampoco entonces
autorizó que se diera a conocer el saldo de tres cuentas bancarias, una de
inversión y otras de instrumentos financieros que no especificó.
Ayer finalmente
se puso en claro que hizo su declaración a medias porque ocultó datos. El
diario Reforma le agarró los dedos de
la mano con la puerta al pillarla que no declaró que posee un penthouse en
Houston, Texas, desde 2009, con valor actual superior al medio millón de
dólares, unos 11.1 millones de pesos mexicanos al tipo de cambio de hoy.
El rotativo dio
pelos y señales con documentos fehacientes obtenidos por su corresponsal en
Washington, José Díaz Briseño, que no dejaban lugar a ninguna duda.
Ella había
declarado ser solo propietaria de un terreno
rústico de 380 mil metros cuadrados, que en 1992 le costó 90 millones de viejos
pesos (¡fiuuu!), y un departamento de 318 metros cuadrados que compró en 2004 y
que reporta con un valor de 2.7 millones de pesos.
La repercusión inmediata no se hizo esperar.
Llenó todos los espacios periodísticos del país y tuvo resonancia en agencias
informativas y medios del extranjero. Ante el escándalo se convirtió en el tema
dominante de la conferencia mañanera de López Obrador. Ella se concretó a
echarle la culpa a la Secretaría de la Función Pública de haber omitido la
información del penthouse, pero la dependencia se deslindó y aclaró que son los
propios funcionarios públicos quienes suben su declaración patrimonial a la
plataforma DeclaraNet, así como la posibilidad de reservarlos. En la
conferencia ella se negó a responder preguntas.
Lo ocurrido golpea seriamente no solo la
credibilidad de la funcionaria sino del propio gobierno al que sirve y aunque
la señora hizo su patrimonio antes de que ocupara el cargo (de todos modos
sería saludable que aclarara cómo, así como también su esposo, porque se
defendió diciendo que juntos han hecho lo que tienen con trabajo), su imagen
queda seriamente dañada por la falta de transparencia en un gobierno que se
dice transparente y que, como comenté ayer, proclama que no puede haber
gobierno rico con pueblo pobre.
Es más que evidente que la funcionaria no es
millonaria sino multimillonaria y si bien sería irresponsable decir que su
patrimonio no tiene un origen claro, si ella argumenta que con su esposo han
trabajado 100 años, 50 ella y 50 él, sabiendo el discurso de López Obrador a
favor de los pobres, no tenía por qué haber intentado ocultar su riqueza puesto
que la hizo antes de ocupar el cargo, lo que seguramente ni siquiera se le
hubiera reprochado y se hubiera reconocido su sinceridad, pero si todo lo tiene
en orden, entonces no se explica porque intentó ocultar lo de su penthouse.
Ayer se advertía furiosa en la conferencia y
hasta acusó al reportero de falta de profesionalismo porque no le pidió su
opinión antes de hacer la publicación, lo que (lo digo como periodista) no era
necesario puesto que Díaz Briseño tenía las pruebas documentales obtenidas en
sitios oficiales. Su trabajo de investigación fue impecable.
Hasta ahora, aunque muy temprano, es el más
severo golpe al gobierno de la Cuarta Transformación, pues el trabajo
periodístico sembró la duda o la sospecha en quien tiene la palabra, su
palabra, como el valor más preciado para desarrollar su trabajo porque obligadamente
tiene que hacer uso del diálogo, de la negociación y del convencimiento para
lograr acuerdos, para llegar a arreglos, y qué autoridad moral le puede dar
fuerza si fue exhibida públicamente como alguien que evadió la verdad y optó
por el camino de la opacidad.
Creo que ella era, de todos los funcionarios,
quien mejor imagen tenía y ofrecía. No se ve cómo va a reparar la grave falta
si tomamos el ejemplo de Peña Nieto y su entonces esposa a quienes también un
impecable trabajo periodístico de investigación los delató con la presunta
compra de una casa blanca que acabó muy pronto con la credibilidad del priista
y que lo ubicó como un corrupto más. No es el caso de doña Olga, pero ¿por qué
intentó ocultar el penthouse?
Anoche cuado cerré la redacción de esta
columna, ya cerca de las 22:00 horas, el diario Reforma informó que pese a que ella había ordenado hacer público lo
del penthouse, seguía sin aparecer en la plataforma DeclaraNet, que es
administrada por la Secretaría de la Función Pública.




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