Prosa aprisa
El mensaje de Peña Nieto: no tiene
amigos
Arturo Reyes Isidoro
¿Qué quiso decir ayer el
Presidente electo Enrique Peña Nieto con eso de que un Presidente no tiene
amigos?
“Tengo claro que un Presidente de
México no tiene amigos, está comprometido con un único interés, el avance de la
República, ese es el criterio que habrá de normar mi actuación”, afirmó en la
comida de los “Los 300 Líderes”, según se leía por la tarde en los diversos
portales informativos.
Tan contundente afirmación ofrece
varias lecturas políticas y –pienso– para quien quiera y sepa leer entre líneas
marca también una línea a seguir para el resto de la pirámide del poder, desde
la punta de arriba hacia abajo hasta la base, incluyendo la estructura del
propio gobierno federal, las bancadas en especial las priistas en el Congreso
federal, en las Cámaras de Senadores y de Diputados, las gubernaturas de los
estados, los congresos locales, las presidencias municipales y hasta las
agencias municipales.
Marca una línea pero también, otra
lectura, suena hasta advertencia, da a pensar que Peña Nieto está advirtiendo
muy claramente a todos, sin excepción, a todas las autoridades del país, a
todos los políticos, a todos los dirigentes, que en ese su interés de que
avance la República no tendrá consideración con nadie si ofrecen o se
constituyen un obstáculo para lograr su propósito.
¿Por qué desde un principio y
antes de que rinda protesta constitucional y asuma el cargo y el mando está
marcando un claro deslinde con todos al decir que no tiene amigos? Hacia
adentro de su equipo corren versiones de que Peña Nieto pondrá orden en el país
y eso implicaría que actuará contra quien tenga que actuar.
Pero, además, se entendería que
le está diciendo a Pedro para que lo entienda Juan que es hora de hacer a un
lado las camarillas de amigos, que implican un compromiso personal pero no
necesariamente a favor de los gobernados.
No puede pasarse por alto el
preciso momento en que marca muy claramente el criterio que habrá de normar su
actuación, una vez que ha sido declarado Presidente electo, cuando
prácticamente tiene el poder en sus manos, cuando un equipo suyo, de toda su
confianza, está recibiendo el patrimonio de la nación y cuando el mando, de
hecho, ya lo tiene, ya lo ejerce.
A mi juicio, Peña Nieto actúa con
una gran inteligencia. En campaña una afirmación como la que acaba de hacer
ayer le hubiera significado la derrota y le hubiera costado la falta de apoyos
de los más diversos intereses que actúan en función del interés de a ver qué
sacan a cambio de lo que dan.
Digo que actúa con inteligencia
porque por haber hablado antes de tiempo, por haber anticipado lo que pensaba
de la realidad del país y de lo que se proponía, en aquel histórico discurso
del 6 de marzo de 1994 con motivo del 65 aniversario del PRI en el Monumento a
la Revolución (entonces asistí como reportero invitado por el CEN tricolor),
Luis Donaldo Colosio firmó su sentencia de muerte.
Actúa con inteligencia, porque
por haberse sentido ya dueño de la Presidencia, por prácticamente amenazar y
adelantar lo que haría con el grupo que –continúa afirmando– se ha adueñado y
maneja el país, en 2006 a Andrés Manuel López Obrador las poderosas fuerzas
económicas, oligopólicas del país le desataron una feroz campaña con el
argumento de que era un peligro para México y lo desfondaron y le impidieron
que llegara a Los Pinos.
Peña Nieto ha actuado al revés.
Procuró asegurarse el apoyo de todos, asegurar su triunfo y lograr el
reconocimiento legal como nuevo Presidente para salir a hablar y a marcar muy
claramente que no actuará en función de amigos, de camarillas, de intereses
particulares o de grupo, que eso y no otra cosa está diciendo con su afirmación
de ayer.
Pero además, el mexiquense marcó
también línea al enumerar las cualidades que debe tener un líder: claridad en
el rumbo, disposición para formar equipos de excelencia, toma de decisiones,
capacidad para lograr acuerdos e impulsar la participación social, y dar
resultados.
Interesante, por demás
interesante su definición de que un Gobierno se mide por los resultados que
tenga, pero, además, también su afirmación de que un líder es alguien con la
capacidad de convocar a personas de distintos pensamientos para transformar la
realidad; que México no puede ser el país de la imposición, que no se puede
imponer una visión única.
A principios de agosto pasado,
una persona del círculo peñanietista, que participó en la administración del
entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, me comentó en el
altiplano algo que ahora me ha hecho recordar la declaración de ayer.
Para mi sorpresa, me dijo que
alguna vez la prensa mexiquense publicó señalamientos que lo involucraban a él
y a miembros de su familia, y que no obstante ser parte de ese equipo
gobernante, lo llamaron a cuentas al Palacio de Gobierno en Toluca y le
exigieron una explicación, la que tuvo que ofrecer con todo detalle, ante lo
que se le exoneró, no sin antes recibir la advertencia de que no se le
toleraría ninguna infracción, de ningún tipo, so pena de recibir un castigo. Y
eso que era amigo, muy amigo, cercano al poderoso.
Ya me lo decía, cómo era el
estilo de gobernar del ahora nuevo Presidente y esperaba que se reprodujera en
el gobierno federal. Por lo que se ve, así va a ser.
Aparte pero en la misma reunión,
ante el mismo Peña Nieto, Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero,
dijo que si el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) quiere
comisionados, que los pague; que la corrupción está enquistada en la educación
en México y que es imperativo que se elimine el despilfarro. Urgió poner fin al
abuso y a las comisiones sindicales.
Héctor, no para
Y sin embargo se mueve. Pero no,
no nos referiremos a Galileo Galilei, a quien se atribuye la famosa frase. El
que se mueve, y cómo se está moviendo, es el senador Héctor Yunes Landa, quien
mientras está en el círculo de espera no deja de hacer ejercicios de
calentamiento con el bat, según sus allegados, pa’ lo que se pudiera ofrecer.
Ayer no dejó de llamarme la atención que en el portal del diario Milenio, en su sección “Firmas”, aparece
como colaborador “invitado” y colocaron su artículo “La transición responsable”
en lugar preferente incluso arriba de las firmas de Carlos Marín, Ciro Gómez
Leyva y Héctor Aguilar Camín. Óooorale.
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