Prosa aprisa
“Equívoco
mayor en política, medrar
del poder con base en la amistad”
Arturo Reyes Isidoro
Me escribió Rafael Pérez
Cárdenas, ex compañero de trabajo mío y ahora secretario particular del
Procurador General de Justicia, Felipe Amadeo Flores Espinosa. Me dice:
"Hola Arturo... sólo para hacer una precisión a tu columna de hoy. El 9 de
septiembre de 2010, el diputado federal Amadeo Flores Espinosa subió a la
tribuna de la Cámara de Diputados para presentar el posicionamiento del PRI
respecto del IV Informe de Gobierno de Felipe Calderón, en materia de seguridad
y justicia. Saludos".
Que, según, el senador Héctor
Yunes Landa habría pedido autorización y recibido el visto bueno de su líder en
el Senado, Emilio Gamboa Patrón, para buscar todos los reflectores posibles y
fortalecer su presencia mediática. Que a eso obedece que ayer por la mañana
haya entrado a varios noticiarios de radio e incluso a la televisión privada y
esté apareciendo más en la prensa escrita. Héctor ya no tiene ningún freno en el
estado aunque se muestra, eso sí, respetuoso e institucional. Qué continuará
haciendo ruido.
Porque me parece explicativa,
clarificadora del ejercicio del poder, acertada su reflexión, bien argumentada
desde el punto de vista político y bastante claro el escrito, producto de su
experiencia, de su observación, de su trato con los hombres del poder en
México, no me resisto a reproducir el artículo que publicó ayer el periodista
Jorge Fernández Menéndez en su columna diaria de Excelsior y que tituló “Peña Nieto y la soledad del poder”:
“¿Por qué causó tanto
revuelo que el mandatario electo Enrique
Peña Nieto dijera en la comida de los 300 líderes más influyentes de
México que un Presidente ‘no tiene amigos’, porque tiene que velar por los
intereses no de sus amigos sino de todo un país? Uno de los principios que
todos adquirimos cuando comenzamos a conocer cómo funciona en realidad el
sistema político es precisamente eso: que el Presidente no tiene amigos, que
por supuesto tiene relaciones de amistad muy cercanas, algunas de toda la vida,
que demandan lealtad de esas relaciones y en reciprocidad ello da acceso al
mandatario y en ocasiones a sus colaboradores. Pero al decir que no tiene
amigos, un Presidente quiere decir que no ata sus decisiones a esas relaciones
de amistad. Por eso mismo, se dice, con razón, que la Presidencia de la
República genera soledad.
“Unos pocos meses después
de que iniciara su mandato, entrevisté para el libro Calderón presidente
(Grijalbo 2007) a Felipe Calderón,
y me decía, le nació espontáneamente, que estaba muy cómodo en Los Pinos, que
sus hijos estaban muy contentos ‘pero sí hay cierta soledad aquí’. Le pregunté
entonces si la soledad del poder era real, y hablando más para sí que para el
entrevistador dijo que ‘sí hay algo así… hay algo de eso’. Autores como René Avilés Fabila y en su momento Luis Spota han escrito sobre la
soledad de un mandatario. Pero todos han gobernado o colocado en posiciones de
responsabilidad en algunos casos a amigos, siempre a quienes consideraron
leales. Pero uno de los mayores equívocos en la vida política se ha dado,
siempre, cuando esos amigos pensaron que por serlo tenían asegurado algo más
que una responsabilidad o un acceso al Presidente.
“La diferencia está en
medrar o no del poder con base en la amistad. No es casual, entonces, que al
mismo tiempo, el mismo día que Peña
Nieto presentaba su iniciativa (muy compatible por cierto con la
preferente que presentó el presidente Calderón)
contra la corrupción, haya dicho, sobre todo en el encuentro de líderes, que un
Presidente no tiene amigos. En torno a Peña
Nieto se han dicho muchas cosas: desde que sería manejado por una
televisora hasta que los hilos del poder los movería un ex presidente, desde
que dependía para la toma de decisiones de un grupo de amigos que lo siguen
desde la administración mexiquense hasta la pejiana versión de que un
grupo de potentados ‘compró’ la Presidencia. En esa comida estaban los
representantes de los medios, estaban muchos de quienes han sido y son sus
colaboradores, y los principales empresarios del país o sus representantes. Peña Nieto, ante ese auditorio quiso
refrendar que no se atará a ninguno de esos ámbitos de poder, quiso decir, lo
dijo, que los necesitará a todos, consultará con todos, pero tomará sus
decisiones solo.
“Se podrá argumentar que
un Presidente no necesita decirlo que esa responsabilidad va implícita en su
mandato. Pero creo que Peña Nieto
hizo muy bien en hacerlo abierta y públicamente en un espacio más que adecuado
para ello: fue una reafirmación personal y un enunciado sobre la forma, sobre
el que será su estilo personal de gobernar. Peña Nieto, en ése y en otros sentidos, es un Presidente en
construcción. Por más experiencia política que se tenga no se sabe qué implica
ser Presidente hasta que se comienza a ejercer esa función. Hay mandatarios que
me han dicho que sintieron por primera vez la dimensión de su nueva
responsabilidad al estar pasando revista a las tropas en el Campo Marte, al
comprender que, además, son los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, al
darse cuenta de la magnitud de las fuerzas del Estado que dependen de sus
decisiones.
“Los largos meses de
transición entre la elección y la toma de poder en México pueden ayudar a hacer
más gradual ese proceso, pero terminan siendo, en muchos sentidos,
perjudiciales para el mandatario saliente y el entrante. Uno ve cómo se le va
escapando el poder y el otro siente la parafernalia del mismo a su alrededor,
pero aún no lo tiene en sus manos. Es imposible escaparse de ello.
“Me imagino que Peña Nieto comienza a sentir, en el
mejor sentido de la palabra, el peso, la responsabilidad, que implica ese
poder. Y comienza a poner distancia con quienes lo acompañaron, lo ayudaron a
alcanzarlo. Es un paso imprescindible para ejercer realmente el poder. Me
pareció apropiado, en la forma y en el fondo, que lo expresara de esa manera;
me pareció adecuado que, de la misma manera en que ponía esa distancia, pudiera
establecer acuerdos y diferencias sobre temas específicos que allí le fueron
planteados. Se esté o no de acuerdo con sus posiciones, me parece que quienes
creen que Peña Nieto es un
personaje manipulable se están equivocando y creo que Peña se los está comenzando a demostrar. Bienvenido al poder,
presidente electo”.
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