Prosa aprisa
Con la prensa, algo no funciona bien
Arturo Reyes Isidoro
La foto es
elocuente: como a un vulgar delincuente, haciendo uso de la fuerza, policías llevan
del brazo, detenido, a un fotógrafo del portal alcalorpolitico.com.
Según refiere
la nota respectiva, acto seguido al compañero lo esposaron de las manos, lo
empujaron, le dieron un golpe y lo despojaron de su gadget con que tomaba las
gráficas.
La
arbitrariedad no paró ahí. Todavía se le ordenó a una mujer policía que lo
exhibiera en la calle “para que le de vergüenza”.
Tiempos
después, antes de ser liberado, aplicándole una “llave” lo obligaron a posar
con la cara levantada para tomarle una fotografía para el archivo policiaco.
El único
delito que había cometido el compañero era haber cumplido con su deber: cubrir
tomando fotos un conato de incendio.
En su “Columna
sin nombre”, el colega Pablo Jair Ortega, que publica en el portal
veracruzanos.info, entre otros espacios, resume la situación que se vive:
“Contrario a lo que se anuncia de
manera oficial, la realidad desmiente a cualquier discurso, a cualquier
anuncio, a cualquier desayuno: no hay libertad de prensa en Veracruz.
“Y no hay libertad de prensa
porque las agresiones de la Policía Estatal Acreditable, la nueva corporación
según más preparada, está arremetiendo contra fotógrafo o periodista que se le
antoje, sin ningún castigo o reprimenda.
“Las agresiones han incrementado
en las últimas semanas como si se buscara romper el récord ya establecido que
tiene el estado de Veracruz a escala nacional e internacional”.
Pablo Jair
hace un recuento de los últimos hechos en que compañeros han sufrido
agresiones, hasta el ocurrido este domingo.
Sinceramente,
yo no creo que provenga del gobernador Javier Duarte de Ochoa alguna instrucción
de agredir a la prensa e impedir que cumpla con su trabajo.
Creo que el
joven Ejecutivo está siendo víctima también de la falta de juicio, de
sensibilidad y de respeto hacia la prensa por parte de algunas áreas de su
gobierno.
Primero fue el caso de Félix
Márquez, fotógrafo de la agencia Cuartoscuro; luego, el de David Bello Taboada,
del Diario de Xalapa; siguió Víctor
Fuentes, de la agencia Multigráfica; el más reciente había sido el del jefe de
Información de El Mundo de Córdoba en
Huatusco, Enrique Zamora Díaz, y de la reportera del mismo diario, Juliana
Rincón Córdoba, a los que se sumó ahora el de ayer domingo.
¿Quién tiene interés en
confrontar a la prensa con el Gobierno del Estado?
Para nadie es un secreto que la
peor crisis a la que se enfrenta la administración estatal es la relacionada
con los medios de información.
Pero en lugar de tratar de
componer o recomponer las cosas, personal del Gobierno del Estado contribuye a
dañar la imagen de la institución y de paso la de su titular. O a deteriorarla
más.
Por invitación, me ha tocado
estar en reuniones de columnistas con el gobernador Javier Duarte y yo sólo he
visto trato cordial y respetuoso, hasta amistoso si se quiere, con varios
colegas. Incluso pienso, por lo que se advierte, que con algunos sostiene excelente
relaciones.
Pero algo no funciona bien. Son
sus colaboradores encargados de aplicar la ley o los jefes de quienes han
cometido las agresiones quienes debieran cuidar y proteger su imagen actuando,
procediendo, castigando a los infractores.
De las agresiones denunciadas y
documentadas incluso con fotografías, pese incluso a haberse dado nombres de
personas o de corporaciones a las que pertenecen, hasta ahora no se sabe de un
solo caso, de uno solo, en que se haya procedido para el castigo correspondiente.
Es decir, tristemente reina la impunidad.
Las “recomendaciones” ni las
disculpas no sirven ni valen. Lo que cuentan son los hechos. Y como los
“servidores públicos” ven que no se les molesta, las agresiones continúan.
Durante muchos años se dijo que
la prensa era el cuarto poder e incluso al periodista se le llegó a considerar
intocable. Hoy, cuánto cambiaron las cosas.
La prensa desde hace meses vive
una situación difícil en el estado. Primero se atribuyó a la delincuencia
organizada. Hace buen tiempo las agresiones provienen de las propias
autoridades.
Ayer, entre el gremio de
fotógrafos había indignación. Sienten impotencia. Se sienten desprotegidos. Les
invade el temor. No saben a quién acudir en busca de protección.
Algo se tiene que hacer, pronto.
La crisis se ahonda. Debe castigarse a todos los que han cometido agresiones
contra la prensa. Ese debe ser el primer paso para tratar de restablecer el
clima propicio, el mejor clima para el pleno ejercicio de la libertad de prensa
en Veracruz y una buena relación, de entendimiento con respeto Prensa-Gobierno.
Yo les envío un abrazo y les
expreso mi solidaridad a todos mis compañeros. Nada ni nadie los debe detener
en el cumplimiento de su deber.
Yo sé muy bien que la tarea no
es nada fácil, pero no podemos claudicar ante la gran responsabilidad que
tenemos con nuestros lectores, con la sociedad y con nosotros mismos.
***
Me llegan fotos y videos de San
Andrés Tuxtla. Viejos conocidos míos priistas me piden comentar que su partido
deberá actuar con mucho cuidado para seleccionar su candidato a alcalde, pues
lo que pretenden mostrar con las imágenes es la aceptación que tiene Silvano
Torres Xolio.
En efecto, se muestra mucha
gente, 15 mil almas, me dicen, que se reunieron el viernes por la noche en el
campo deportivo ESBIO a convocatoria suya, y citan otra cifra igual en la
marcha que organizó en apoyo al candidato tricolor a diputado local, Octavio
Pérez Garay.
Dado la efervescencia que se
levanta en estos tiempos electorales en los municipios del estado, algo que me
llama la atención es que Torres Xolio, de acuerdo a sus simpatizantes, ofrece
institucionalidad, esto es, luchará ahora hasta el último recurso por lograr la
nominación, pero, caso contrario, se mantendrá en su partido trabajando a
futuro por si su partido decide otra cosa.
Pero, me aseguran, de que tiene
con qué, los delegados del CDE lo han podido comprobar. Erick Lagos Hernández,
quien ha sido diputado por ese distrito, seguramente habrá de tomar la mejor
decisión y no ha de ignorar cuál es la situación real del municipio por cuanto
a preferencias electorales se refiere.
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