Prosa aprisa
La
prensa, otra crisis más
Arturo Reyes Isidoro
La prensa, no es
ninguna novedad decirlo, vive una crisis como pocas veces en el país y en el
estado, ya víctima de la delincuencia organizada, ya de algunas autoridades.
Pero cada vez se
acentúa otro peligro más, grave porque no sólo afecta a los propios actores de
la prensa, sino, por extensión, a la sociedad misma, a los lectores.
Por cuestiones
profesionales –revisión de boletines de prensa– constato día a día que los
jóvenes egresados hoy día de las Facultades de Comunicación, con sus
excepciones, no saben redactar.
No sólo no saben
redactar sino, percibo, no saben usar bien las palabras porque no conocen bien
su significado y las utilizaban equivocadamente, con la agravante de que ya
nadie les revisa su material y el producto sale, como comúnmente se dice, de la
chingada.
Y lo
preocupante, porque se corre el riesgo de causar confusión o no ser claros y
precisos en el mensaje que se pretende dar, es que se así se despacha el
material.
Hay un vicio
generalizado de redactar los boletines con una “entrada” (primer párrafo) con
cita, esto es, con algún rollo del jefe o jefa, demagogia pura, que no dice
nada y que, de entrada, no dice al lector qué.
Seis son las
preguntas clásicas para dar forma periodística a un hecho, que quien redacta debe
responder: qué ha sucedido, cuándo, dónde, cómo, por qué y quiénes son sus
protagonistas.
Yo, un poco
irreverente, me atrevo a agregar una más, que de todos modos no interfiere en
las otras pero que el mercantilismo del periodismo de hoy le da uso diario: de
a cómo.
Lo de las seis
preguntas clásicas lo enseñaban los viejos maestros de periodismo, en especial
los que nunca fueron a una Facultad pero que lo aprendieron en las redacciones
de antaño y de ahí nos lo transmitieron.
Cuidar esas
reglas, aplicarlas al pie de la letra era el ABC nuestro de cada día en nuestra
etapa de formación. Yo me formé en las redacciones porque no tuve la fortuna de
ir a una Facultad de Periodismo o de Comunicación, como fueron mis deseos de
joven. Cursé otra carrera a falta de oportunidad, pero mi escuela de periodismo
fue la redacción y con verdaderos maestros hechos en la práctica.
Pero los jóvenes
de hoy, aspirantes a redactores, a reporteros y a periodistas, que no lo son
aunque se proclamen así porque esa calidad se gana sólo con el tiempo y se
demuestra con el trabajo profesional, ignoran, por lo que reflejan los trabajos
de quienes han ido a parar a una oficina de prensa oficial, cómo redactar un
buen boletín de prensa; aparte del de contenido y del sentido de las palabras,
suman errores de dedo, ortográficos, de puntuación, sintácticos, cacofónicos y
de jerarquización, por citar algunos aspectos.
En parte, o en
mucho, eso refleja la mala preparación de los maestros y de la calidad de las
escuelas donde hoy se forman y donde ya no hay casi profesionales que les
enseñen a redactar decentemente.
Y no me cabe
duda que en mucho, en casos determinados, eso influye en las derrotas de los
candidatos a algún puesto de elección popular que los contratan y los tienen a
su servicio, porque no saben transmitir el mensaje, un buen mensaje,
impactante, con palabras convincentes, que las hay y muchas.
Lo mismo vale
para muchas oficinas de gobierno y municipales, cuyos boletines salidos de sus
oficinas de prensa son un verdadero galimatías y no logran ningún efecto
positivo para los gobernantes.
Con una
agravante: se ve que ni los mismos jefes de prensa y mucho menos los propios
candidatos, las propias autoridades, tienen el cuidado de leer o de revisar lo
que se va a decir que dicen ellos.
(Recuerdo que en
sus años de principiante, y cuando hay ocasión para ello lo rememora, el colega
Gustavo Cadena Mathey llegó con el que era su jefe y le entregó una nota
periodística redactada. Cuando la vio, aquél hizo pedazos las hojas, las tiró a
la basura y le dijo que eso no servía. Sacó un cigarro de mota y le hizo darle
tres caladas al carrujo. Dejó que pasaran unos minutos y cuando vio que ya le
habían hecho efecto, le dijo que ahora sí, necesitabas estar inspirado,
chingada madre, ya vas a ver la nota que te va a salir. Pero ahora, ni siquiera
eso.)
Un gobernante
cuidadoso de este detalle, que recuerdo, fue Patricio Chirinos. Un boletín de
un acto celebrado por la mañana, temprano, a veces se despachaba hasta las 11
de la noche, porque en el día no le daba tiempo de revisarlo hasta que se
desocupaba por la noche.
Otro fue Fidel
Herrera Beltrán, aunque en casos especiales, cuando él tenía interés especial
en un tema, pedía ver lo que se había redactado y algunas veces de su puño y
letra quitaba palabras o párrafos y hacía agregados o correcciones, o daba el
visto bueno tal y como se le presentaba, pero lo revisaba.
Un político que
hasta la fecha practica y cuida ese detalle es el ex candidato a gobernador del
PAN y ex dirigente estatal del PRI, Miguel Ángel Yunes Linares, quien no sólo
revisa los contenidos, e igual que Fidel corrige, cambia, agrega o quita, sino
que incluso personalmente escoge la foto o las fotos que han de difundirse, con
algo especial que lo distingue y tiene que reconocérsele: está pendiente, habla
por teléfono con el interesado para confirmar que le llegó el material. Y sabe
dar las gracias.
Un político con
el que me formé en parte, también periodista, Ángel Leodegario Gutiérrez
Castellanos, Yayo Gutiérrez, fundador y director del Diario del Sur de Acayucan y de Política
de Xalapa, solía repetir que orden dada y no vigilada valía para pura chingada.
Creo que aplicaría para el caso del material de prensa oficial, en especial cuando
se quiere dar, transmitir un mensaje importante.
Hoy veo que los
actuales políticos, autoridades o candidatos, no le dan importancia a ese
detalle, pienso que o porque no les interesa, o porque no tienen tiempo (aunque
los políticos profesionales se tienen que dar tiempo), o porque de plano no
saben por impreparación y porque nadie les enseñó o porque no quisieron
aprender de sus mayores.
Lo cierto es que
el de la redacción, constituye otro motivo de crisis del periodismo hoy día.
Cuánta razón tiene Enrique Peña Nieto cuando su principal preocupación es la
Reforma Educativa.
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