Prosa aprisa
El cachorro Zúñiga
Arturo Reyes Isidoro
Prácticamente, durante toda la
campaña electoral, el futuro presidente municipal de Xalapa, Américo Zúñiga
Martínez, vivió con dos grandes preocupaciones: ganar la elección y que su
padre, Guillermo Héctor Zúñiga Martínez, se recupere satisfactoriamente de su
salud, pues se ha visto quebrantada.
El también rector de la
Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV), al igual que su hijo lo será,
fue presidente municipal de la capital del estado en el cuatrienio del
gobernador Dante Delgado Rannauro. En su larga trayectoria política y
administrativa, también fue dirigente estatal del PRI, en el gobierno del
licenciado Miguel Alemán Velasco, entre otros cargos.
Al profesor Zúñiga, como todo
mundo lo conoce, lo conocí en la campaña del entonces candidato al Gobierno del
estado Rafael Hernández Ochoa. Ya luego me tocaría tratarlo, a partir de 1974, yo
como reportero del Diario de Xalapa,
en su calidad de Director General de Educación Popular, un poco el equivalente
a lo que ahora es la Secretaría de Educación de Veracruz, aunque sólo manejaba
las escuelas que dependían del presupuesto estatal, pues la Secretaría de
Educación Pública tenía una delegación para el manejo de las llamadas escuelas
federales, es decir, las que dependían del presupuesto federal.
En la última comida que tuvo un
pequeño grupo de comensales al que él ha sido asiduo en Xalapa, en la segunda
quincena del mes pasado, se extrañó su ausencia, pues es uno de los principales
animadores en los postres. Se le desea, sinceramente, que se recupere
satisfactoriamente y que esté bien.
Pero el maestro Zúñiga me llama
la atención por varios detalles. Por ejemplo, que es muy respetuoso con la
prensa y que deja que su hijo trate de forjarse por sí mismo. Ahora, cuando
candidato el cachorro, nunca trató de influir en ninguno de nosotros,
teniéndonos cerca, para que escribiéramos favoreciéndolo, si bien no le
desagradaba ningún comentario que le hiciéramos respecto a su hijo. Como a todo
padre.
Alguna vez me tocó ser partícipe
en un diálogo amistoso en la que alguien no opinó bien de Américo como político,
pero él escuchó callado y respetuoso, y creo que la amistad no se alteró para
nada.
Pero de él recuerdo su
desencuentro, lamentable, siendo presidente municipal de Xalapa, con quien
había sido su amigo, el entonces gobernador Dante Delgado. Zúñiga reclamaba,
entre otras cosas, el manejo íntegro de los recursos que le tocaban al
Ayuntamiento, ya que Dante le quería dar algunos apoyos pero en especie. El
reclamo pasó a pleito y fue para siempre (antes, sólo el alcalde Carlos Padilla
Becerra, hoy prominente dirigente deportivo del país, se había enfrentado a un
gobernador, Agustín Acosta Lagunes, pero tuvo que pedir licencia e irse de
Xalapa).
Igualmente, recuerdo que en el
sexenio del licenciado Alemán, el profesor Zúñiga, siendo dirigente estatal del
PRI, no aceptó que el entonces secretario particular del gobernador, Roberto
López Delfín, quien abusó de la confianza que le tenía el Ejecutivo y quien
además se enfermó de soberbia, de arrogancia y de prepotencia, por el poder que
se le confirió, le quisiera imponer decisiones. Antes que eso lo mandó al
diablo y prefirió irse de la dirigencia partidista.
Su hijo Américo, a partir del
próximo 1 de enero de 2014, tendrá la gran responsabilidad de presidir y
administrar la ciudad capital de uno de los estados más importantes del país,
donde para bien o para mal está el asiento de los poderes del estado, y será
interesante ver si ha sacado los arrestos de su padre para gobernar sin
interferencias y sólo atendiendo los intereses de los electores que lo han
llevado al cargo y de los que no también.
Aún diputado local aunque con
licencia, en la Legislatura no se le conoció como crítico o autocrítico o
inconforme con las decisiones de su bancada, la bancada oficial, no al menos de
cara a la sociedad, a la ciudadanía.
Como joven político que es,
tendrá la gran oportunidad de demostrar ahora que es diferente, que quiere ser
diferente a los políticos en activo tradicionales, que quiere identificarse con
los intereses de los xalapeños, de su pueblo y que, de esa forma, quiere honrar
a su padre, quien ya demostró que cuando se quiere se puede sin importar si
molesta o no a quienes se pueden molestar. Actuando con dignidad.
Nuevos diputados y alcaldes,
sin legitimidad ciudadana
Cuando apenas habían transcurrido
algunas horas después de las elecciones del domingo pero ya se tenía una parte
del recuento preliminar de las actas, el representante del PAN ante el
Instituto Electoral Veracruzano (IEV), Agustín Basilio de la Vega, expresó su
preocupación por el alto abstencionismo ciudadano que se dio.
Hasta las once de la noche del
lunes 8, estimó que la votación no había llegado ni al medio millón de
electores, cuando que el universo de votantes es de 5 millones 477 mil
ciudadanos. “Eso sí es preocupante para la vida política de Veracruz”, afirmó.
Para entonces estimó la abstención en un 70%.
Al parecer, el porcentaje final
no habrá de variar mucho. Independientemente de las causas, a los que debe
preocupar el fenómeno es a los que ganaron, pues llegarán a sus cargos con poca
legitimación ciudadana, es decir, que no tienen el respaldo popular, necesario,
indispensable para la buena marcha tanto del estado como de los municipios.
Una buena carga de
responsabilidad la tienen ellos mismos, pues no supieron incentivar a los
ciudadanos a que participaran, no tuvieron (ni tienen) poder de convocatoria y
la gente no les creyó con todo lo que fueron ofreciendo que han de realizar y lograr, pues de otra
forma hubiera habido colas de votantes y el porcentaje de sufragantes hubiera
sido elevado.
Serán, pues, diputados y alcaldes
sin legitimidad ciudadana. ¿Se puede hablar de éxito? ¿Se puede afirmar que
triunfó la democracia?
Pervive la inconformidad
Publiqué al inicio de semana la
necesidad de iniciar de inmediato una operación cicatriz, aunque apunté que no
será nada fácil. Dije cómo en los pueblos y ciudades medias los ciudadanos se
toman en serio las contiendas electorales y cómo queda resquemor, odio, rencor,
división, que incluso se transmite luego por generaciones. Los incidentes
poselectorales que se están dando en varios puntos del estado son ya el claro
reflejo de ello. A ver cuánto dura todo y a ver cómo lo resuelven.
De vacaciones
Los académicos de la Universidad
Veracruzana salimos hoy de vacaciones. El resto del personal salió desde ayer.
Regresamos hasta agosto. Como dijera don Rubén Pabello Acosta, ¡qué chulos
veraneando!
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