Prosa aprisa
Los padres ayer, los hijos hoy
Arturo Reyes Isidoro
Era presidente Ernesto Zedillo,
gobernador de Veracruz Patricio Chirinos y secretario de Gobierno Miguel Ángel
Yunes Linares. Dante Delgado acababa de dejar el gobierno de Veracruz y había
sido enviado por el Gobierno Federal a Chiapas para atender un programa social.
Pero por diferencias de criterios tuvo un choque con el Presidente y éste
decidió quitarlo, ofreciéndole en compensación –a ese sí, de verdad– la
embajada de México en Brasil. Dante no la aceptó y se rebeló.
La historia, ya se sabe. Zedillo
decidió actuar contra el ex gobernador y, presto, Yunes, en su carácter de
operador de Chirinos, operó la detención y encarcelamiento de Dante y con él de
quienes habían sido sus colaboradores Gerardo Poo Ulibarri y Porfirio Serrano
Amador. A Poo lo detuvo el famoso “Diablo” Vázquez, hoy escolta personal del
procurador Felipe Amadeo Flores Espinoza.
Por la fama de duro que se
cargaba entonces Miguel Ángel, por los pocos medios informativos de entonces
que dieran suficiente información, por la falta de una explicación política que
dimensionará el por qué la detención, y porque usaron pretextos relacionados
con obras públicas de la administración de Dante, la impresión que quedó desde
entonces fue que Yunes decidió la
detención del ex gobernador. Yunes quedó como el malo de la película, acaso por
el exceso de celo con que cumplió la orden de Zedillo, fama que hasta la fecha
lo persigue.
Gerardo Poo y Porfirio Serrano
estuvieron un tiempo en la sombra, poco tiempo, y el primero de ellos se retiró
desde entonces de la política. Porfirio sería de nuevo funcionario en el
gobierno del licenciado Miguel Alemán.
El tiempo ha pasado y ayer, 17
años después (aquello ocurrió en 1996), los hijos de Poo y de Yunes, Ramón Poo
Gil y Miguel Ángel Yunes Márquez, uno neo priista y el otro panista, se
encontraron cara a cara al asistir a una entrevista de radio, ambos en su
calidad ya de presidentes municipales electos, uno del puerto de Veracruz y el
otro de Boca del Río, y en un acto alentador, ejemplar y de civilidad se
saludaron, se felicitaron, hablaron de sus municipios y posaron juntos,
sonrientes, para una foto que habrá de ser, ya es, histórica.
Si ambos tienen sus méritos y
merecen la felicitación y el reconocimiento por su madurez, no cabe duda que
Poo Gil se lleva la mayor parte, primero porque no está envenenado por el
rencor enfermizo con que se odian otros protagonistas políticos, adultos y no
tan adultos, que han hecho del estado un campo de confrontación personal y de
la política un escenario de odio enfermizo, luego porque ha sabido superar
aquél hecho doloroso que vivió su padre, y también porque, por lo que ya se
vio, le importa muy poco que se enojen los conductores políticos del estado
para quienes el mayor crimen que se puede cometer en Veracruz es saludar y
mantener relaciones con los Yunes Linares Márquez.
Ramón Poo Gil, apenas unos meses
atrás era sólo un comerciante-empresario heredero de papá, asiduo a reuniones
sólo del jet-set del puerto, con “gente bonita”, pero que nunca antes había
participado en política, ni siquiera en la mesa directiva de sus escuelas,
hasta que el PRI, en un acto de desesperación y no teniendo a una persona
competitiva para participar en el proceso electoral, lo inventó como candidato
a la presidencia municipal de Veracruz. Ayer debió haber hecho pasar rabietas a
más de uno.
En pocas semanas su
transformación y su revelación son sorprendentes. Acaba de mostrar
sensibilidad, más sensibilidad que los que se dicen políticos profesionales, ha
tenido un encuentro personal sin odios ni rencores con el que podría estar
dolido por la acción de su padre y ha
desafiado a quienes tienen prohibido hablar con los “malos”.
Es de desearse que estos jóvenes
pongan el ejemplo y que este encuentro de ayer les sirva para ser la punta de
lanza de una nueva etapa política de Veracruz, una etapa que desean, anhelan
todos los veracruzanos, cansados de que se siga dañando al estado por pleitos
personales.
Y ya de paso, por cierto,
Porfirio Serrano Amador estuvo la noche del sábado pasado con el ex gobernador
Miguel Alemán Velasco en su residencia de Boca del Río. El ex Ejecutivo del
estado llegó un día anterior para votar el domingo. Llegó, como siempre, con su
esposa la siempre bien recordada señora Christiane Magnani de Alemán, y en la
cena que tuvieron estuvo otro gran amigo y colaborador del licenciado Alemán,
el doctor Mauro Loyo. Don Miguel desayunaría el domingo en familia y luego de
sufragar retornaría al Distrito Federal. (Su línea aérea, Interjet, ya vuela,
además de al aeropuerto Heriberto Jara Corona de Veracruz, al Canticas de
Cosoleacaque-Minatitlán-Coatzacoalcos y al Tajín de Tihuatlán-Poza Rica).
¿Cambios en el Gobierno?
Independientemente del manejo
mediático que se hace en el Distrito Federal, según los que saben, el
gobernador trabaja con toda normalidad (la tarde del martes hubo una reunión
general con todo su gabinete en la Casa Veracruz y, según, le tocó baño a
varios de sus colaboradores), el Secretario de Gobierno está muy cerca del
Ejecutivo por el manejo que hizo del proceso electoral hasta el domingo y
quien, ahora sí, podría emigrar hacia el Distrito Federal para integrarse al
Gobierno federal podría ser el Subsecretario Enrique Ampudia Mello.
De todos modos, como en política
lo único seguro es que no hay nada seguro, los movimientos se podrían dar, aun
de quienes hasta ahora han sido considerados inamovibles, o porque ya están muy
desgastados, o porque ya cumplieron su ciclo, o porque para la etapa renovada
que viene ya no tienen nada que aportar, o porque se requiere un nuevo perfil,
o, de plano, porque a algunos ya se les perdió la confianza.
Se piensa que se esperará a que
se resuelvan los conflictos poselectorales que quedan en algunos municipios, a
que se acaben de entregar las constancias de mayoría a todos los ganadores y
entonces a varios se les podrían dar vacaciones… sin retorno.
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