Prosa aprisa
Los equilibrios necesarios
Arturo Reyes Isidoro
Triunfalista desde la noche del
domingo, el PRI estatal, a través de su presidente Erick Lagos Hernández y
otros prominentes miembros tricolores, celebra y festeja el triunfo electoral
que obtuvo, en especial la de sus candidatos a diputados locales, virtuales
nuevos diputados, que por su número y con la alianza de algunos chiquipartidos
o partidos satélites asegura mayoría calificada, esto es, que tendrá un control
absoluto del Congreso del estado. Que Dios nos agarre confesados a los
veracruzanos.
Los priistas están en todo su
derecho de celebrar y el motivo no es menos. Como bien lo dijo el gobernador
Javier Duarte de Ochoa en un desayuno con 25 periodistas la mañana del pasado
28 de junio en la Casa Veracruz, casi una semana antes de las elecciones, con
el control del Congreso se asegura la gobernabilidad del Estado. En teoría, así
es. Lo preocupante es que la bancada del PRI en el Poder Legislativo desvirtúa
ese postulado y en lugar de procurar y asegurar la gobernabilidad del Estado,
asegura la viabilidad y la gobernabilidad de un régimen de partido, el suyo, el
régimen priista, en detrimento de todo lo que no lo es o le resulta incómodo.
En un régimen verdaderamente
democrático o democrático a secas el festejo debería ser general porque se
aseguraría la estabilidad y buena marcha de los asuntos del Estado, que son
también los de los ciudadanos, los de la población, los de los representados en
la llamada máxima tribuna de representación popular. Pero el priismo
actualmente en el Congreso local, que no tiene control absoluto pero si
mayoría, es el más claro ejemplo de que nunca defiende los intereses populares,
de que jamás alza su voz para señalar lo que no está bien u oponerse a ello y
de que, por tanto, no ejerce el equilibrio necesario, indispensable en todo
régimen democrático.
Por eso resulta preocupante que
un solo partido tenga control absoluto del poder, porque ahora tiene la
Presidencia de la República, el Gobierno del Estado o Poder Ejecutivo y va a
tener toda la fuerza del Poder Legislativo de Veracruz, además de que, ya se
sabe, el Poder Judicial es un apéndice, pero preocupa que carezca de los
equilibrios necesarios para evitar el abuso a que tienta el poder desmedido.
Los poderes absolutos, los
controles absolutos nunca han sido buenos. Ahora son propios de las dictaduras.
La historia lo ha demostrado. “El Estado soy yo”, decía el rey de Francia Luis
XIV, porque identificaba a su persona como rey absoluto con el Estado
(“Absolutismo es la dominación de un régimen político, un periodo histórico,
una ideología y una forma de gobierno o de Estado –el Estado absoluto–, propios
del Antiguo Régimen; caracterizados por la pretensión teórica –con distintos
grados de realización en la realidad– de que el poder político del gobernante
no estuviera sujeto a ninguna limitación institucional, fuera de la ley divina.
Es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable,
intranscriptible y libre”, se lee en Wikipedia, y aunque el Antiguo Régimen se
dio en el siglo XIX, en la práctica hoy pareciera que no andamos muy lejos).
Hacen falta los equilibrios
necesarios. Por ahora, la única que lo ejerce hasta donde puede es la prensa
independiente, que, lamentablemente, es la menos, con el inconveniente de que
su función se limita a señalar, a denunciar, a criticar, pero no tiene fuerza
legal. También, hasta donde puede, aunque es más cauta, a veces la Iglesia
católica trata de suplir esa responsabilidad que le toca al Poder Legislativo,
haciendo denuncia, señalamiento, emitiendo juicios, pero, igual, sin efectos
legales.
De esta nueva camada que llegará
al Congreso local, solo dos personas pueden resultar peras del olmo, sorpresas,
porque su comportamiento se salga del control absoluto: el priista Ricardo
Ahued Bardahuil y la verde ecologista Mónica Robles Barajas. Ellos podrían ser
la voz disidente del grupo “Veracruz para Adelante”. Va a ser difícil que ellos
aplaudan y aprueben todo si creen que no está bien. Algo será algo, aunque dos
golondrinas no van a hacer verano.
A raíz de que perdió la
Presidencia, se escuchó decir a muchos priistas que habían aprendido la
lección, es decir, que vicios, prácticas políticas nocivas, divorcio con el
pueblo, medidas antipopulares, abuso, prepotencia, arbitrariedad, impunidad,
deshonestidad, corrupción, fraude,
autoritarismo en el gobierno, y
todo lo que ya se sabe, los había llevado a perder el poder. Que no les
volvería a ocurrir.
No han pasado más que siete meses
de que el PRI volvió a la Presidencia y recobró el poder y en la elección del
domingo 7 salieron con su domingo 7: volvieron a lo que, decían, ya habían
superado.
En Veracruz, en el Congreso local
se presenta una nueva oportunidad para demostrar que tienen ganas de cambiar,
que van a cambiar haciendo uso responsable del poder absoluto que les dará esa
mayoría calificada que acaban de ganar. Pero hay que esperar, como Santo Tomás.
El pueblo, harto de los políticos
El abstencionismo que se produjo
el domingo no tiene otra lectura más que el pueblo ya está harto de los
políticos, ya no les cree y está desencantado porque les prometen y les
prometen y no les cumplen y todo continúa igual.
Dada la participación de tanto
candidato y la exposición en los medios, se pensaba que los ciudadanos veracruzanos
se animarían e irían a votar por uno u otro. Que harían competitiva la
contienda.
Con su abstención, el pueblo les
dijo lo que piensa. No sería nada raro si una investigación concluyera que los
alejaron también de las urnas las notas informativas que daban cuenta de la
violencia electoral que campeó.
Muchos serán alcaldes y otros
diputados, pero con poca legitimación popular.
¿En la UV, la suerte está echada?
Mucho ruido habrá de hacer este
martes la inscripción de Víctor Arredondo Álvarez para contender por la
rectoría de la Universidad Veracruzana. Todo indica que será una verdadera
cargada, por decir que una bufalada, la que lo acompañe. La pregunta es: ¿el ex
Rector y ex secretario de Educación estatal se inscribiría si no tuviera
posibilidades de volver a ocupar el cargo?
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