Prosa aprisa
Américo, a cien días
Arturo Reyes Isidoro
En el sexenio
anterior, el gobernador Fidel Herrera Beltrán consideraba a Américo Zúñiga
Martínez como el mejor Secretario de despacho que tenía, por lo organizado que
era.
Una tarde, el
cuenqueño me lo dijo en un restaurante donde me citó para tratar algún asunto
de trabajo, mientras esperaba que le sirvieran. Me adelantó que el entonces
secretario del Trabajo estaba por llegar al lugar.
Fidel era el
prototipo del funcionario desordenado, que improvisaba sobre la marcha.
Américo, todo lo contrario. Cuando iba a acuerdo ya llevaba listos, punto por
punto, todo los asuntos que iba a tratar, para acuerdo o para firma.
En su momento,
lo consideré un priista tradicional, demasiado formal, acartonado le llegué a
decir, y tuve reservas de que resultara un buen presidente municipal de Xalapa,
la capital de Veracruz.
Más que
tratarlo personalmente (recién en funciones se enteró que iba yo a comer con
algunos de sus colaboradores, y pidió ser invitado; antes, en campaña departimos
una noche, pero nada más) lo sigo en el día a día en su actual cargo.
Es muy
temprano para dar un juicio concluyente sobre su actuación, pero en el inicio
me parece que lo ha hecho bien, que va bien, y que sus primeros cien días como
alcalde, que este jueves los cumple, son alentadores, esperanzadores.
Me parece bien
su austeridad, tanto en su administración como en su persona. No abusa de su
exposición en los medios y cuando aparece lo hace sin estridencias. Me parece
sano que no aparezcan fotos suyas a diario si no tiene un motivo de peso para
ello.
Eso mismo hizo
–me imagino– que a diferencia de algunos colegas suyos, en el arranque no
saliera a pregonar que se bajaba el sueldo y que se los rebajaba a los miembros
de la Comuna.
Por ejemplo,
en una Dirección en la que se pagaba a la anterior titular 106 mil pesos
mensuales, ahora al actual sólo se le dan 40 mil; o sea, el recorte fue de más
de 50 por ciento.
Incluso,
adentro se comenta que a varios de sus colaboradores les decepcionó saber
cuánto iban a ganar y hasta, al parecer, han intentado abandonar el barco.
Tampoco permite que los miembros de la Comuna sean los proveedores, además de
que el Tesorero “es muy duro”, me han comentado algunos regidores.
A los
xalapeños, nativos o adoptivos, nunca nos vendió en campaña, ni lo ha intentado
hacer ahora, proyectos ilusorios, irrealizables; no nos creó falsas
expectativas, y eso es de agradecer ante tanta promesa incumplida de los
hombres en el poder.
Se acerca a
sus representados y les abre las puertas del palacio municipal para recibirlos
(no sé si será cierto, pero me han comentado que el alcalde de Veracruz, Ramón
Poo Gil, evade el contacto con los pobres, los colonos, y manda a los regidores
a atenderlos, porque se siente de una elite).
Por ejemplo,
se vio bien que hace algunas semanas se fue con especialistas al mercado
Jáuregui para asesorar a los locatarios sobre la nueva normatividad y los
nuevos trámites a que obliga la reforma fiscal. El taller fue ahí mismo, en el
centro de abasto.
Periódicamente
recibe a colonos y a miembros de distintas organizaciones, los escucha, los
atiende y sobre la marcha, junto con regidores y directores, va dando
soluciones o respuestas a las diversas demandas y peticiones.
Ha hecho algo
que tal vez se considera menor o insignificante pero que es fundamental, clave
para una buena administración: reunirse en su despacho con ellos, visitarlos en
sus oficinas, saludarlos uno a uno, conocerlos, a los trabajadores del
Ayuntamiento, de las distintas áreas.
Se adelanta a
los problemas, como haber ido con toda antelación a Quimixtlán, Puebla, de
donde baja el agua que surte a Xalapa, ante la llegada de los fuertes calores
que hace que el líquido se racione, para evitar cualquier contratiempo que nos
pudiera afectar.
Las fotos que
en su momento se difundieron lo mostraron en plena armonía con su colega
poblano, conviviendo con los pobladores de aquel lugar, en un festejo, en fin,
haciendo su trabajo, trabajando para los xalapeños.
Hasta ahora,
se conduce con discreción, sin ostentación alguna, no se sabe que haya cometido
alguna arbitrariedad ni que abuse del poder. Cuando puede, los domingos o en
fechas significativas, aparece en actos oficiales con su familia, su esposa y
sus pequeños hijos, proyectando una imagen familiar, que me imagino que es algo
que gusta a la sociedad xalapeña, en buen parte conservadora, católica.
Sobre el
problema de la vialidad, que sigue siendo tal vez el principal problema de la
capital, no se ha precipitado, ni improvisa. Se está reuniendo con todos los
sectores para consultarlos y armar un plan integral, que esperamos que ofrezca
una buena solución.
Alguna vez en
su corto periodo me recordó al extinto Octavio Ochoa y Ochoa, el inolvidable
“Negro” Ochoa, quien llegó a ser líder continental de los ganaderos, oriundo de
Alvarado pero con ranchos en Acayucan, amigo personal del presidente Adolfo
López Mateos y a quien su amigo Rafael Hernández Ochoa nombró director de
Tránsito del estado.
Aunque yo era
muy joven y él ya adulto mayor, nos hicimos amigos en Acayucan cuando yo
dirigía el Diario del Sur. Nos
encontramos de nuevo en Xalapa cuando ingresé al Diario de Xalapa. Me llamaba la atención encontrarlo en los sitios
donde más problemas de congestionamiento vial había, en los que se pasaba horas
o días, estudiando para tomar alguna decisión.
Es lo que ha
hecho Américo, según he podido ver las imágenes de sus recorridos, en búsqueda de soluciones, e incluso se ve como
un sueño pero sería ideal que alguna vez se concretara un tren suburbano que ha
planteado junto con alcaldes de los municipios circunvecinos, algo así como el
que corre entre San Isidro y Los Ángeles, California, que atraviesa y une
muchas ciudades y condados.
Eso: está
tratando de optimizar recursos y jalar parejo con otros colegas. Por ejemplo, construir
un rastro que sirva a varios municipios y planes integrales turísticos.
Echó a andar
programas pilotos de recolección de basura nocturnos y de arreglo de calles y
puentes también nocturnos, para no causarnos molestias, o que sean las menos.
Algo que
merece toda la aprobación es que nos ha anunciado ya, con pelos y señales,
nombres, ubicación y montos de inversión, todas las obras programadas para este
año, algunas de las cuales ya han iniciado, e incluso otras ya han sido
concluidas y las ha entregado.
Apenas hoy
cumple cien días en el cargo. Su administración será de cuatro años. A mí mismo
me sorprende que ya agoté este espacio y tengo qué decir de su trabajo y quedan
varias cosas más pendientes de enumerar.
Los ciudadanos
queremos buenas autoridades, que cumplan al menos con lo básico, que nos
devuelvan en obras y servicios lo que pagamos con nuestros impuestos. No sé
cuántos municipios más de los 212 puedan presumir que tienen a otro Américo.
Ahora, ojalá y en lo que resta de su administración no nos defraude. Ojalá y
dentro de cuatro años no tenga que escribir que estaba yo equivocado.
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