Prosa aprisa
Con el nuevo PRI vuelve el viejo PRI
Arturo Reyes Isidoro
Hasta antes
del año 2000, cuando el PRI perdió la Presidencia de la República por primera
vez en 71 años, para efectos electorales
una regla no escrita se vino cumpliendo puntualmente: la designación de los
candidatos a presidentes municipales y a diputaciones locales correspondía
hacerla al gobernador, y las de los candidatos a diputados federales y a senadores,
así como a gobernador, al Presidente de la república.
Doce años
después, el tricolor regresó a Los Pinos y a Palacio Nacional con un presidente
que políticamente va de menos a más (según la encuesta de BGC-Excélsior dada a
conocer ayer subió su aprobación tras la sensible baja que registró en
noviembre pasado, pues recuperó 11 puntos para llegar a 47% de quienes aprueban
como está gobernando al país) y que está reconcentrando el poder que gozaron
sus antecesores priistas.
En la capital
del país, en fuentes del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, el comentario
es que a partir del proceso electoral federal de 2015, el viejo esquema volverá
a cobrar vigencia, esto es, que el Presidente volverá a gobernar con una
diputación federal afín, con candidatos y diputados designados desde el centro
cuya lista la confeccionará al CEN, la aprobará la Secretaría de Gobernación y
la palomeará, finalmente, Enrique Peña Nieto. Como en los viejos tiempos.
Esto, de
cumplirse, es una muy mala noticia para quienes, en el caso del estado, desde
el año pasado y en especial en el actual andan alborotados construyendo
castillos en el aire y dándose por ya casi seguros candidatos, como si el que
viene se trata de un proceso municipal o local y la decisión de designar fuera
a recaer en la dirigencia del Comité Directivo Estatal (CDE) del tricolor.
Quienes
vivieron este esquema de decisión en el siglo pasado, en especial los ex
presidentes del CDE a quienes les tocó dirigir procesos electorales federales,
recuerdan muy bien que en ocasiones al estado se dejó una sola posición,
excepcionalmente hasta dos, pero que el resto de los abanderados priistas a
diputados federales fueron decididos e impuestos desde la Ciudad de México.
En la entidad,
nombres van y vienen, suben y bajan, se atraviesan en diagonal, interesadamente
se promueven en columnas políticas, incluso por distrito se mencionan nombres
de hombres y mujeres a los que se da por seguro que obtendrán la nominación,
pero parece ser que, en efecto, se olvida que de nuevo hay Presidente priista,
quien ha retomado el poder de decisión política de su partido y está
acabando con el monopolio de decisiones
que ejercieron los gobernadores priistas ante la ausencia de un jefe político
en Palacio Nacional.
En el caso de
Veracruz, para comenzar, trasciende que los hasta ahora mencionados y a los que
se da por seguros o casi seguros han sido investigados ya por el Centro de
Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y se les da seguimiento, con el
propósito de no poner en peligro la elección, que el PRI no postule candidatos
impresentables y que el Presidente no quede en riesgo de palomear a personajes
de oscuro pasado, que sean cuestionables por su mala trayectoria pública o
privada. A partir de ahí, se da por hecho que varios serán vetados y no pasarán
ni siquiera el primer filtro.
En fuentes del
CEN se comenta que se tiene previsto abrir el abanico político para, como una
forma de sumar y de atraer y enriquecer, repartir las posiciones, darle juego a
las diversas organizaciones, grupos y corrientes del PRI, acabar con la
concentración (y de paso con la inconformidad y el desaliento de algunos que
han venido siendo marginados) de candidaturas en una persona o en un solo grupo,
y como plus fortalecer la pluralidad y darle cabida a las diversas
manifestaciones que conforman el mosaico político del país y del estado.
Si se confirma
esta decisión, entonces los aspirantes tendrán que hacer antesala en el CEN y
en Gobernación y convencer con pruebas a los factores de decisión que ellos son
los mejores por sus méritos y por su trayectoria, como se hacía antes; o buscar
padrinos suficientemente influyentes que los avalen en Los Pinos para lograr el
tan ansiado palomeo.
Estos padrinos
podrían ser los senadores Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla, o
el líder tricolor en el Senado Emilio Gamboa Patrón, o en la Cámara de
Diputados Manlio Fabio Beltrones, o los dirigentes nacionales petrolero,
ferrocarrilero, azucarero, de la CTM, de la CROC, de la CROM, de la CNOP, de la
CNC, o el director general del IMSS que es veracruzano de Coatzacoalcos o el
subsecretario de Hacienda que es paisano del puerto de Veracruz.
El comentario
en fuentes del CEN es que hasta ahora el único que se podría considerar casi
seguro por sus nexos con el peñismo es Jorge Carvallo Delfín, quien estaría
enfilado para representar a los Tuxtlas, y otro que, si quiere, podría aterrizar
en Acayucan es Jorge Uscanga Escobar, con todo el respaldo del secretario de
Educación, Emilio Chuayffet Chemor, si no es que lo proyectan como
plurinominal.
También
estarían en posibilidades reales Adolfo Mota Hernández (Xalapa Rural), con el
padrinazgo de Emilio Gamboa Patrón, así como Carlos Aceves Amezcua (Xalapa
Urbano), apoyado por su tío el senador Carlos Aceves del Olmo, segundo en la
dirigencia nacional de la CTM y seguro sucesor del vetusto dirigente Joaquín Gamboa
Pascoe, el primero ex diputado local y federal por Coatepec, el segundo ex
diputado local por Xalapa.
Beatriz
Paredes Rangel podría meter las manos por Elízabeth Morales García (Xalapa
Urbano o Rural), y en todos los casos mencionados se da la coincidencia que
todos están en buenos términos con el gobernador Javier Duarte de Ochoa, a
quien por cortesía política, si se actúa a la antigüita, se le daría vista.
En política,
ya se sabe, lo único seguro es que no hay nada seguro y la lógica es que no hay
lógica. Mientras son peras o manzanas, más valdría que quienes andan ya en la
aldea como pepita en comal caliente, o como perros y gatos, debieran primero
vacunarse contra la rabia, perdón, contra las malas noticias, porque las puede
haber.
¡Ah! Otra que
ya tiene algo seguro, muy seguro, para el proceso electoral que viene, es la
dirigente estatal del PRI, Elízabeth Morales García: la responsabilidad de
asegurar el triunfo al CEN, de entregar buenas cuentas a Gobernación, a Los
Pinos, además de a su jefe en el estado. El viejo PRI, con el nuevo PRI, está de
regreso.
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