Prosa aprisa
El ejemplo de Ruiz Cortines
Arturo Reyes Isidoro
Dentro de catorce días, el próximo 3 de diciembre, el Congreso del
Estado habrá de entregar la Medalla Adolfo Ruiz Cortines. Al crear este
galardón en 2001, el entonces gobernador Miguel Alemán Velasco quiso
homenajear, de manera permanente, a un veracruzano ilustre que a su paso por el
poder se distinguió por su honestidad y que hizo de la austeridad una forma de
vida.
Testimonio de ello es la casa de dos niveles, hoy museo, en la que vivió
y murió don Adolfo, en la calle Gral. Alemán
Nº 10 esquina Alvarado, en el Fraccionamiento Moderno del puerto
jarocho.
Auxiliar contable, diputado federal por Tuxpan, secretario de Gobierno
con el gobernador Miguel Alemán Valdés, tesorero en la campaña de Manuel Ávila
Camacho, Gobernador del estado y Presidente de la república, al dejar el poder,
Ruiz Cortines regresó a su modesta vivienda donde jugaba dominó con sus amigos
o de donde salía para caminar por la avenida Díaz Mirón.
Murió sin lujos y riquezas el 3 de diciembre de 1973. Diez años antes se
había retirado de la política. Cualquiera que tuviera curiosidad por saber cómo
vivía podría visitar la casa museo. Hoy, cualquier funcionario de mediano pelo
vive en casas, residencias, mansiones, fincas, lujosos departamentos o
penthouses, en proporción, mil veces mejor que como vivió don Adolfo. Pero es
que él era honrado y honesto.
Ayer, en su artículo de Excelsior (“Esperando”),
Federico Reyes Heroles, de descendencia veracruzana también, recordó que Ruiz
Cortines –junto con Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo– es un ejemplo y que
su mejor monumento es la casa que dejó.
Lógicamente, Federico tomó como referente a nuestro ilustre paisano para
compararlo con otros presidentes que han hecho del lujo y la ostentación –y de la
deshonestidad también– la forma de ejercer el poder, incluido, claro está,
Enrique Peña Nieto, envuelto en el escándalo por la mansión de su esposa Angélica,
que vale 86 millones de pesos. 7 millones de dólares.
De memoria, Reyes Heroles recuerda y describe la casa de Ruiz Cortines:
“La visita es obligada. Está a unas cuantas cuadras del malecón, no
tiene vista al mar. Es una más de las casas de El Puerto que, al igual que en
La Habana, son ya posesión del salitre. Los colores pierden fuerza y la
sensación de abandono, las atrapa. Un porche sencillo donde puede uno imaginar
un par de mecedoras y una boca que echa humo, es la recepción. La sala pequeña
y oscura tiene vista sobre un jardín estrecho. Creo que hay una palmera, pero
igual puede ser un engaño de mi memoria. Su despacho debe medir tres por dos
metros con un diminuto escritorio y un par de sillas para los dialogantes. Hay
algunos libros, nada de llamar la atención. Las recámaras, dos, son de las
dimensiones imprescindibles: una cama, dos burós y un ropero. En uno de ellos
cuelgan todavía sus trajes, lo cual es un poco macabro”.
Apunta: “De allí salía caminando para una buena partida de dominó. Fue
su refugio de los últimos años. El expresidente mexicano podía caminar, igual
en El Puerto de Veracruz que en la Ciudad de México saludando a sus paisanos,
sin temor a reclamos o improperios”. Recuerda que “Estuvo donde había”.
Dejo que hable Federico: “El mejor monumento al expresidente es
precisamente esa casa… Se comprende que la Presidencia les cambie la vida y
que, en ocasiones, tengan que buscar otro alojamiento al dejar Los Pinos. Pero,
por qué salir a la estratosfera con instalaciones que son ofensivas para los
mexicanos. La historia es larga, de la casa de Ávila Camacho al Centro de
Estudios del Tercer Mundo (Echeverría) o La
Colina del Perro (López
Portillo) o el majestuoso Centro Fox (Vicente Fox)… Enrique Peña Nieto y
su esposa están frente a lo que puede ser su gran tropiezo. Le llaman La Casa Blanca y todo el mundo espera una explicación
convincente. Pero no se ve fácil”.
Como coincido con él, lo transcribo: “Quizá el
patrimonio de ella (de la señora Angélica Rivera), después de una exitosa
carrera, pero aun así las descripciones de la mansión hablan ya de una pérdida
de sensatez, pues el inmueble es popular por sus dimensiones. Es la casa de una
familia rica, muy rica. ¿Desean que esa sea la imagen que perdure? Triste
herencia. Pero, por si fuera poco, en la propiedad está inmiscuida una de las
empresas que resultó beneficiada por la gestión de Peña Nieto como gobernador y
que, además, forma parte del consorcio que pujó por la concesión del Tren de
Alta Velocidad a Querétaro. Hay un potencial conflicto de intereses. La empresa
que vende la casa a la familia Peña Rivera estaba, y todo indica que estará, en
tratos con uno de los proyectos insignia de la gestión. ¿Por qué meterse en
este lío de lodo? ¿Cómo entender este error mayúsculo en quienes, hasta ahora,
han mostrado sensibilidad?”
“Al regresar el PRI al poder la consigna de los
opositores y el temor de la ciudadanía era precisamente que las viejas mañas de
corrupción priista se reinstalaran. Peña Nieto se acerca apenas al primer
tercio y ya abundan los rumores sobre manejos opacos y turbios en una gestión
en que habrá muchísimos recursos para obra pública. Ahora estamos frente a un
escándalo, un enjambre que costará mucho trabajo aclarar, eso en caso de que
exista esa posibilidad”.
Remata: “México merece
una explicación sólida de La
Casa Blanca. Suponiendo que existe, el error político ya fue muy
grave. Qué tristeza tirar así un patrimonio; qué coraje que no podamos superar
esas debilidades. En el horizonte la grandeza austera de Ruiz Cortines crece y
crece. Tristeza y enojo mientras esperamos”.
Sobre el tema ayer se ocuparon, entre otros, articulistas, columnistas
de peso como Guadalupe Loaeza (Reforma),
irónica, dura; Leo Zuckermann (Excelsior),
interesante, como siempre: “Peña y su equipo tienen que salir a dar
respuestas contundentes, creíbles, apabullantes… Si no hay respuestas claras,
si no se habla de frente, si se evitan las explicaciones por más duras que
sean, si se apuesta al silencio mediático, el gobierno peñista se arriesgaría a
terminar igual que el salinista”; Ciro Gómez Leyva (Milenio), reflexivo: “El Presidente se
comprometió el sábado a aportar información para contrarrestar las
‘aseveraciones imprecisas y carentes de sustento’. Es martes. ¿Qué es
impreciso? ¿El domicilio? ¿El valor de la casa? ¿En vez de 7 millones de
dólares fueron 6.5? ¿Los detalles técnicos del crédito directo del vendedor al
cliente? ¿El bono de actuación a la esposa del Presidente?
Es martes. ¿Qué
carece de sustento? ¿El señalamiento de que la casa no está referida en la
declaración patrimonial del Presidente de la República? ¿Las huellas gigantescas
de que el vendedor fue también un contratista estelar del gobierno del Estado
de México y comenzaba a serlo del gobierno federal?
Esta
historia no parece ser un invento (de Carmen Aristegui). El Presidente cometerá
un grave error tratando de suavizarla. O peor, de enredarla. Porque, de todas
formas, la casa de Las Lomas lo perseguirá los cuatro años que le quedan en la
Presidencia. ¿Cómo podrá llamar a combatir la corrupción? ¿Quién creerá que las
múltiples licitaciones en puerta serán impecables?”.
Peña
Nieto dijo ayer que le pidió a su esposa salir a informar, a aclarar el caso.
La respuesta se espera con interés. Los mexicanos hoy estamos más incrédulos
que nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario