Prosa aprisa
La necesaria diversidad de posturas y
opiniones
Arturo Reyes Isidoro
Con el fin de esta semana concluyen dos años constitucionales del
gobierno de Enrique Peña Nieto y cuatro del de Javier Duarte de Ochoa. Como el
veracruzano la vivió en sus tres primeros años,
el mexiquense en los dos primeros, en especial en este último, vive una
crisis histórica que ha puesto a prueba la fortaleza de las instituciones y que
irremediablemente cambiará al país, esperemos que para bien.
Ayer mismo y hoy el comentario en general será sobre el mensaje
presidencial de ayer “Por un México en paz con justicia, unidad y desarrollo”
mediante el cual anunció diez medidas para mejorar la seguridad, la justicia y
el estado de Derecho en el país, en realidad para él tratar de salir de la
crisis para la que no estaba preparado y que por el momento ha paralizado la
marcha del país.
Las reacciones han sido diversas, pero predominan más las del
cuestionamiento, las de la duda y el escepticismo, lo que se entiende porque
todos nos cansamos de confiar en que ahora sí vendría el cambio verdadero, y lo
mismo que los panistas a partir del 2000, de nuevo los priistas a partir de
2012 nos defraudaron hasta el grado no sólo de haber perdido nuestra
credibilidad y confianza, sino de haber incendiado la pradera que si no se
apaga con hechos congruentes entre lo que se anuncia y lo que se hace nos
llevará a un punto sin retorno.
Para bien del país, habrá que darle el beneficio de la duda, una
oportunidad a Peña Nieto, aunque seguiremos en la desconfianza hasta que no
veamos que el cambio es real. Pero no será fácil volver a la normalidad.
Decía, este viernes seguramente los comentarios sobre el tema serán
muchos, pero dentro de lo importante que anunció ayer el presidente, me
interesa destacar un punto que me parece fundamental, que habla bien de él, que
tiene que reconocérsele y que debe servir de ejemplo a algunas autoridades
locales que se enfurecen por lo que escribimos, porque comentamos los excesos
que cometen, que no los inventamos, que incluso vigilan nuestros movimientos,
pienso que para intimidarnos, y que si no fuera por la presión social tal vez
ya hubieran ordenado y ejercido alguna represalia, que en mi caso no sería la
primera que sufriría.
Luego del acto oficial ayer en la ciudad de México, más tarde, en el
marco de la 56 Semana de la Radio y Televisión, Peña Nieto dijo algo
interesante: reconoció que una sociedad democrática como la construida en
México no se entiende sin la diversidad de posturas y opiniones, y que la
libertad de expresión, la pluralidad de ideas y la apertura al debate son
derechos que hoy ejercen plenamente los mexicanos y sus medios de comunicación.
A Peña lo hemos cuestionado severamente, pero tenemos que reconocerle,
por ejemplo, que no sólo aguantó vara, que no intentó parar la información
(acaso también porque se cuidó que no se enterara de que se le investigaba),
que no tomó represalias contra Carmen Aristegui y su equipo, que no ha tratado
de denostarla con periodistas a sueldo, que no intentó hackear su portal
informativo ni sacar del aire su programa, y que no ha intentado quitar, con
cualquier pretexto, la concesión a la empresa que difunde su informativo, luego
de que ella le dio el tiro de gracia con la revelación de que tenía una “casa
blanca” que lo comprometía por un conflicto de interés, de tráfico de
influencias, e incluso de un posible acto constitutivo de corrupción.
Apenas unas horas después de que Carmen subió a su portal aquel ya
histórico video en el que ponía en evidencia al presidente, no pude dejar de
recordar la investigación del caso Watergate por parte de Carl Berstein y Bob
Woodward con todo el apoyo de su periódico The Washington Post, y de la actitud
totalmente respetuosa de la libertad de expresión del entonces presidente Richard
Nixon.
Nunca me cansaré de recomendar a los jóvenes periodistas o a quienes
deseen serlo, en serio, de verdad, que lean y tengan como libro de cabecera Todos los hombres del presidente, el
mejor curso de periodismo de investigación que conozco, en donde narran todo el
trabajo que hicieron profesionalmente, que en cualquier país tercermundista o
subdesarrollado les hubiera costado la vida antes de que siguieran adelante,
pero que sin embargo pudieron culminar y motivó la caída de Nixon, porque éste
entendió muy bien que aquéllos no hacían más que su trabajo. De aquel histórico
hecho, el país norteamericano salió más fortalecido y su sociedad plena de
confianza en su gobierno y en la estricta aplicación de la justicia.
Nada se le puede reprochar a Peña cuando afirma que los mexicanos y sus
medios de comunicación ejercen su derecho a la libertad de expresión en medio
de una pluralidad de ideas y del debate tan necesario en una sociedad que por
décadas vivió oprimida por la represión oficial, que castigó con cárcel, cuando no con la muerte, voces
disidentes como las de Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, José Revueltas,
David Alfaro Siqueiros.
México y Veracruz no se entienden ni se pueden dejar de entender sin la
diversidad de posturas y opiniones, como bien lo dijo Peña y como ha sido el
primero en poner el ejemplo en reconocerlo y respetarlo. El balón está en
nuestra cancha. De nosotros, sólo de nosotros depende si ejercemos o no,
plenamente, nuestra libertad de expresión, de opinión.
Dentro de todo el contexto de situaciones que se están dando, al menos
en este derecho fundamental como es el de la
libertad de expresión, el presidente, con su actitud, nos alienta y nos
da confianza en seguir adelante con nuestro trabajo de comentario, de análisis,
de crítica, de denuncia, que no tiene otro propósito más que el de lograr un
país más justo, donde prive la legalidad y se combata en serio la impunidad, la
corrupción, el abuso del poder, la deshonestidad.
Pero también en donde se aplique la ley y se acabe con situaciones como
la del Congreso del Estado, donde, por ejemplo, el ambicioso líder del
sindicato de trabajadores, José de Jesús Rodríguez, no se llena, pues teniendo
un sueldo mensual de más de 155 mil pesos mensuales y habiendo logrado un 4 por
ciento de aumento directo al salario de sus agremiados y un porcentaje similar
de incremento en prestaciones, quiere más y amenaza con movilizar a sus huestes
y paralizar las actividades de la Legislatura, en lugar de que rinda cuentas y
explique por qué tiene un sueldo superior a la dieta que reciben los diputados
y por qué sus protegidos perciben sueldos de entre 12 mil y 90 mil pesos
mensuales. Esto tampoco lo podemos seguir tolerando y debemos denunciarlo,
combatirlo y exigir que se investigue y se acabe con el latrocinio.
A propósito de la Legislatura pero en otro tema, para los maestros, de
lo mejor que dijo ayer el secretario de Educación Adolfo Mota Hernández durante
su comparecencia fue el anuncio de que los más de 140 mil profesores
veracruzanos recibirán en tiempo y forma sus aguinaldos y prestaciones para que
puedan disfrutar de lo lindo su periodo de vacaciones. Por mero y lo sacan en
hombros.
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