domingo, 9 de noviembre de 2014

La casa de Peña; indignante

Prosa aprisa
La casa de Peña; indignante

Arturo Reyes Isidoro

Si estuviera frente a un uruguayo, como mexicano me moriría de vergüenza: su presidente José Mújica y su esposa la senadora Lucía Topolansky viven en su “chacra” de siempre, en Rincón del Cerro, un área rural de Montevideo, “tres piecitas, una cocina”, y se trasladan en unos viejos vochitos. No más. “No me disfrazo de presidente y sigo siendo como era”, dice a la prensa internacional, a la cual tiene asombrado por su austeridad.
El 24 de marzo pasado, el escritor y periodista español, Juan José Millás, hizo un reportaje-entrevista sobre Mujica para la revista “El País Semanal” del diario El País, de España. “Se ha dicho de ella que es una casa modesta. Falso. Es pobre”, escribió. El fotógrafo que lo acompañó, Jordi Macías, publicó una foto de la fachada de la casa de Pepe, como lo conocen los uruguayos (para mis seguidores en Twitter y en Facebook la reproduzco). Qué vergüenza para nosotros los mexicanos, de veras.
El domingo por la mañana, cuando escribo estas líneas, como mexicano, como ciudadano, me invade un sentimiento encontrado: el de la indignación y el de la admiración y la esperanza.
Me ha devastado –por la impotencia de no poder hacer nada más que volcar mi rabia en este escrito– ver y escuchar el video completo del reportaje especial  “La casa de Peña Nieto de 7 mdd, en las Lomas”, de Aristegui Noticias (aristiguenoticias.com).
La investigación del grupo periodístico comandado por Carmen Aristegui puso al descubierto, con pelos y señales, que el Presidente posee una casa en Las Lomas, del Distrito Federal, que vale aproximadamente 86 millones de pesos, un equivalente a 7 millones de dólares, que no ha incluido en su declaración patrimonial, pero que su esposa Angélica Rivera ostenta como su “residencia familiar”.
Si eso ya fuera escandaloso en un país con millones de pobres y miserables, deja a uno estupefacto enterarse que la mansión fue construida por una de las empresas que ganó la licitación del tren México-Querétaro, una de las consentidas para la adjudicación de obras por el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.
De botepronto, cabría pensar que la residencia fue construida por la Constructora Teya, que pertenece a Grupo Higa, y que se la dieron a Peña en “agradecimiento” por los millonarios contratos que le adjudicó como gobernador a Juan Armando Hijonosa Cantú, el dueño del corporativo.
Eso explicaría por qué de forma sorpresiva, repentina y hasta histórica, Peña revocó el jueves 6 el fallo de la licitación para construir el tren de alta velocidad México-Querétaro, cuyo proyecto ganador la Secretaría de Comunicaciones y Transportes había dado a conocer apenas el lunes 3, y que implicaba un contrato por un monto de casi 59 mil millones de pesos, 4,800 millones de dólares.
El contrato había sido asignado a un consorcio integrado por las empresas GIA+A, de Hipólito Gerard, cuñado del ex presidente Carlos Salinas de Gortari; Constructora Teya (vinculada a otra empresa que rentó aviones para la campaña de Peña Nieto), de Juan Armando Hinojosa Cantú, ambas mexiquenses; Prodemex, de Olegario Vázquez Aldir, del Grupo Imagen, que ha guardado silencio; GHP Infraestructura Mexicana, y los expertos China Railway Construction Corporation International, CSR Corporation Limited y la francesa Systra, filial del Sistema Nacional de Ferrocarriles de Francia.
Ahora cabe pensar que Peña se enteró de la investigación de Aristegui y de que estaría por darse a conocer, y antes de que estallara el escándalo que implica a la Constructora Teya, la que le construyó su casa, como una de las ganadoras del contrato, dio marcha atrás pues hubiera acabo por enterrarlo tras el caso de los 43 normalistas de Guerrero desaparecidos.
El más que excelente trabajo profesional de Aristegui Noticias (lo replican también la revista Proceso y el diario Reforma, los más influyentes y leídos del país) no deja dudas: estamos ante un caso de corrupción y tráfico de influencias de grandes proporciones, de igual magnitud o más que el que acompañó al de la “Colina del Perro”, del entonces presidente José López Portillo.
Por la tarde del mismo domingo, la Presidencia tuvo que reaccionar e informar que la casa es de Angélica Rivera y da una posible explicación, pero eso y cualquier otra cosa que se nos diga no tendrá mayor credibilidad en tanto no sea con documentos probatorios, con testimonios personales, como los que nos ofrece el trabajo periodístico de primer mundo. Pero aun si se probara fehacientemente lo que dicen, la ostentación en la que viven es una ofensa para la mayoría del pueblo mexicano.
Al estilo del mejor periodismo de investigación norteamericano, Aristegui Noticias investigó durante meses con el apoyo de la plataforma de periodismo latinoamericano Connectas y el International Center For Journalists, y, aparte, contrató a una empresa especializada para que le hiciera un avalúo independiente de la propiedad.
La investigación comprueba que miembros del Estado Mayor resguardan la mansión en la calle Sierra Gorda número 150; presenta y remite a los planos (archdaily.com); contrasta las imágenes de la residencia con las que aparecen en la página web del arquitecto que la diseñó, Miguel Ángel Aragonés (quien curiosamente la mantenía ayer, acaso por la fama que le acarreará el escándalo y los contratos que le caerán); recoge una declaración del arquitecto a TV Azteca, donde confirma que el matrimonio Peña-Rivera participó en el diseño; recupera un reportaje a la señora Angélica Rivera posando en los interiores del inmueble; describe la distribución de las piezas y el material del que están hechas; señala que está pintada de blanco pero con luces para cambiar de tonos (rosa, naranja y violeta) y crear ambientes; presenta documentos testimoniales recogidos en el Instituto de la Función Registral del Estado de México; presenta copias de los trámites de obras hechos en la Delegación Miguel Hidalgo; en fin, Aristegui tuvo acceso al expediente de la obra a través de personas vinculadas con la construcción.
El presidente Peña nos debe una explicación a los mexicanos. Más, tiene que aclarar suficientemente el asunto porque de por medio está la escasa credibilidad que le queda.
Tomo de Wikipedia: “Conforme a las cifras del Banco Mundial, México poseía en 2010 una tasa de incidencia de pobreza del 51.3%. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social el 46.2% de la población mexicana se encontraba en situación de pobreza, de los cuales 11.7 millones de personas se encontraban en pobreza extrema, es decir, no cuentan con los recursos para adquirir los alimentos necesarios para una vida sana”.
Prospera, Cruzada Nacional contra el Hambre, bla, bla, bla. Imposible creer en el discurso oficial cuando no se predica con el ejemplo. ¿En qué consiste toda esa prosperidad: en láminas de zinc, en colchonetas, en cobertores de los más corrientes y baratos, en despensas con lo mínimo indispensable. ¿Cuánto costará el mantenimiento de una residencia valuada en 7 millones de dólares?
¿Y así piensan los candidatos del PRI que van a ganar en 2015?
Pero decía líneas arriba que me embarga también el sentimiento de admiración y de esperanza. De admiración por Carmen Aristegui, por el periodismo profesional, ético, que se niega a claudicar, y de esperanza, porque mientras haya periodistas como ella tendremos un aliciente para recuperar el país que nos pertenece y que queremos y nos merecemos, diferente y mejor.




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