Prosa aprisa
Algo anda mal, muy mal en el Gobierno
Arturo Reyes Isidoro
Ayer estuvo a punto de producirse un paro general de labores por parte
de todo el personal académico de la Universidad Veracruzana. La causa: que la
casa de estudios no pagó puntualmente la quincena, que por lo general se
deposita a las dos de la tarde un día antes del 15 o del 30 o 31 a fin de mes.
Mediante un comunicado interno, se alertó a todos los trabajadores para
que iniciaran el paro a las 15:30 horas, por acuerdo del Comité Ejecutivo
Estatal de la FESAPAUV, el sindicato de los académicos; incluso se pedía hacer
activismo en las redes sociales, la prensa, etcétera. A las cuatro de la parte
se avisó que acababan de depositar.
Ya en diciembre se había dado otra situación de pago impuntual cuando
al salir de vacaciones tampoco se pagó el aguinaldo, pero entonces la UV se
deslindó rápidamente del problema y dijo que el Gobierno del Estado no le había
dado los recursos a que está obligado. Se pagó con retraso de 48 horas. Ayer no
se dio explicación del retraso pero nadie duda que fue por la misma causa.
Aparte de que es un derecho de los académicos recurrir a este tipo de presión,
lo inusual ahora es que, por fin, la dirigencia del sindicato reaccionó, dejó
su pasividad y su complacencia con las autoridades y llamó al paro, que es una
forma de movilización de protesta.
Por más que se quiera deslindar lo académico de lo político, aquí
brinca el hecho de que el dirigente estatal –casi vitalicio– de la FESAPAUV es
el exdiputado local del PRI, Enrique Levet Gorospe, de abierta simpatía por el
senador José Francisco Yunes Zorrilla, a quien incluso tuvo como invitado
especial en la comida navideña del sindicato el pasado 17 de diciembre, ágape
en el que también estuvo la rectora Sara Ladrón de Guevara y la secretaria de
Administración y Finanzas de la UV, Clementina Guerrero García.
Como trabajador académico que soy de la UV, me consta el malestar
general que se provoca y la ola de protesta que se levanta, así como la presión
que se ejerce entonces sobre la dirigencia sindical para que haga algo, aunque generalmente
se advierte pasividad para actuar. Ayer fue distinto. ¿Es que Levet quiso expresar
así también su adhesión a Pepe y su descontento por la gubernatura de dos años?
Hasta anoche cuando redacté estas líneas no se había producido ninguna
reacción ni había habido ninguna explicación o información sobre el desalojo
del que se quejaron empresarios de Xalapa que fueron objeto en la Secretaría de
Finanzas y Planeación del Gobierno del Estado.
Según dijeron en conferencia de prensa, tenían agendada una reunión a
las once de la mañana con el titular de la Sefiplan, Mauricio Audirac Murillo,
con quien tratarían sobre el pago millonario que tiene pendiente con ellos la
administración estatal, pero como respuesta, cuando se presentaron, fueron
“invitados” a retirarse por parte de personal de seguridad interna.
No me imagino a la “comandanta” Leonor de la Miyar (me amadrina en
todos los actos a los que es invitada la prensa), del gremio de constructores,
llevada de avioncito, ella una mujer seria, respetuosa, que goza de gran
simpatía entre el gremio empresarial, pero quien además convoca a una gran
núcleo de la sociedad xalapeña, en la es que querida y apreciada.
Los empresarios denunciaron que les deben una cantidad millonaria desde
2013. "Lo de hoy no tuvo nombre, no somos delincuentes, no podemos
permitir que los guardias nos quieran sacar del brazo, no nos dejaban pasar, no
nos dejaban acceder a ciertas áreas. Solicitamos seriedad en el trato",
declaró el presidente de la delegación de la Cámara Mexicana de la Industria de
la Construcción (CMIC), Rafael Fentanes, según consignó la reportera Claudia
Montero, del portal alcalorpolitico.com.
Fue la tercera vez que les cancelaron una reunión, y en diciembre los
atendieron porque estaban en puerta los Juegos Centroamericanos y del Caribe y
luego la Cumbre Iberoamericana y pretendían hacer una marcha. Les prometieron
que les pagarían, pero no les cumplieron.
Durante la conferencia quedó en claro que proveedores y prestadores de
servicios suspendieron suministros y servicios al Gobierno desde hace un mes por
la falta de pago, y que lo que quieren es recuperar su dinero.
“Nos están subestimando, los empresarios también nos podemos manifestar
en la calle y también podemos hacer pancartas y caminar, no lo hemos hecho por
prudencia, somos creyentes del diálogo y concertación, pero no descartamos la
posibilidad de hacer una manifestación”, declaró Juan Carlos Stivalet,
dirigente del sector empresarial, según la nota de Verónica Huerta, de AVC
Noticias.
Según la misma agencia, horas después viajaron a Xalapa los dirigentes
del Consejo Coordinador Empresarial del Norte de Veracruz, para solidarizarse
con sus homólogos del centro del estado y para denunciar la misma situación.
Me resisto a creer que fue el gobernador Javier Duarte de Ochoa quien
ordenó tratar a los empresarios como lo trataron. Cuando ocurrieron los hechos
él realizaba una gira de trabajo en San Andrés Tuxtla con la titular de la
Sedesol federal, Rosario Robles Berlanga.
Es indudable que el agravio que sufrieron los empresarios abrió otro
frente de batalla para la administración estatal, y por eso extraña que ayer no
sólo no se hubiera ofrecido una explicación y una disculpa pública y no se
hubiera cesado al jefe de seguridad y al personal que actuó, así como a quien
dio la orden, para tratar de evitar el rompimiento con el poderoso sector
empresarial.
No me imagino que ocurriría si no sólo salieran a manifestarse a las
calles con todos y sus empleados y convocaran al resto de sus homólogos del
estado a hacer lo mismo, sino que pararan actividades y paralizaran la planta
productiva de la entidad, además de que pidieran a la cúpula nacional
empresarial que los apoyara.
Duarte tiene enemigos adentro. Ayer lo comprobó. Su administración no
está para abrir más frentes y menos en la víspera de elecciones cuando a su
partido le urge ganar. Necesita con
urgencia del apoyo de los sectores económicos y productivos, de la unidad y de
la armonía de todos los veracruzanos. No lo están ayudando.
Los empresarios habían estado un día antes conviviendo con el senador
José Francisco Yunes Zorrilla. Sería grave que un empleado de segunda del
Gobierno hubiera ordenado desalojarlos de Finanzas como un acto de represalia.
Pero, además, mientras en la Sefiplan los corrieron, horas después los
recibió en su despacho el presidente municipal de Xalapa, Américo Zúñiga
Martínez.
Algo anda mal, muy mal en el Gobierno del Estado.
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