Prosa aprisa
Vacío de información
Arturo Reyes Isidoro
Lo agarré en carretera, que no en curva: quise preguntar ayer al
secretario de Educación, Flavino Ríos Alvarado, las verdaderas causas para los
primeros despidos que ha hecho en la institución, pues en columnas y medios se
han manejado nombres y cargos.
Me extrañó sobremanera leer ayer que había cesado a Ruth Callejas
Roldán como directora para la Incorporación de Escuelas Particulares (es a la
que exhibieron recientemente en medios y en redes dándose la gran vida en Dubai,
porque ella mismo lo presumió en su muro de Facebook). Me llamó la atención en
especial porque ella es hija del presidente de la Junta de Coordinación
Política del Congreso local y líder moral de la Sección 32 del SNTE, Juan
Nicolás Callejas Arroyo, y hermana del poderoso secretario general de dicha
Sección, Juan Nicolás Callejas Roldán. Antes se había manejado que Flavino había
cesado también a Oswaldo Pérez y Pérez como director general del
Telebachillerato, y que estaba por accionar la guillotina contra otros
funcionarios de la dependencia a su cargo.
Antes de hablar con él ya tenía redactada en mi mente la columna para
este día: por qué Flavino sí y Adolfo Mota Hernández no había hecho ningún
cese; si Flavino estaba actuando por la libre al cesar a poderosa colaboradora
suya, con lo que abría su gestión con un enfrentamiento con toda la Sección 32;
si el gobernador Javier Duarte de Ochoa le había dado el visto bueno no
obstante que el padre de la cesada le había sacado adelante en el Congreso la
gubernatura de dos años, etc. Hacía yo mil consideraciones sobre el caso y
concluía que, como si faltara poco, se estaba abriendo otro frente político en
contra.
Daba por hechos los ceses porque no obstante que se han ventilado
públicamente, nadie los había desmentido.
Poco después del medio día Flavino venía por carretera de regreso de
Minatitlán (me platicó que lo acompañaba su esposa, Dulce), donde tiene su
residencia y su notaría (ya se ve que a él no le dan helicóptero ni jet del
Gobierno del Estado para que vaya y venga, o es porque ya no hay ni para
gasavión, la gasolina de los aviones), y aunque por momentos se cortó la
comunicación, por fin pudimos hablar bien.
Su respuesta: “No he hecho ningún movimiento todavía. Los va a haber
pero primero estamos evaluando. Hay un equipo altamente capacitado. Tenemos muy
buenos subsecretarios, directores generales, directores… Hay absoluta
tranquilidad educativa en Veracruz. Los únicos cambios que hice, obligados y
naturales, fueron en la secretaría privada y particular, los cargos más
cercanos a mí. Hay un equipo eficaz. Todos estamos trabajando”.
Consideró oportuno que le hubiera llamado porque me dijo que era
necesario aclarar las versiones que, aceptó, en especial se propagan a gran
velocidad en las redes sociales. Me expresó que no sabe de dónde han surgido.
Le reconocí que me hubiera tomado la llamada, porque algunos funcionarios, al
menos de los que se acaban de ir, no lo hacían. “Yo considero que hay dos
formas efectivas de hacer política: atendiendo a la gente y contestando el
teléfono”.
Este caso es más que ilustrativo de que el Gobierno del Estado sigue
cojeando en su área de Comunicación Social, un mal endémico que ya se prolonga
por cinco años. Se dan notas que no son ciertas pero nadie reacciona, nadie
aclara, nadie desmiente, o porque ni siquiera están informados y enterados de
lo que se publica y dice, o porque consideran que no es necesario y que digan
lo que quieran los medios, o porque no saben cómo hacerlo. Dejan un vacío que
medios y columnistas (y fuentes interesadas que filtran las supuestas noticias)
y las redes sociales llenan y aprovechan muy bien, para informar con gran
despliegue, para comentar, o para hacer cero y pabilo de funcionarios “cesados”
o de políticas públicas ineficaces, etc., pero siempre en detrimento de la
imagen oficial.
El Gobierno del Estado estrena el tercer titular de la Coordinación
General de Comunicación Social. De Juan Octavio Pavón González no he escuchado,
hasta ahora, comentarios negativos. Sus panegiristas destacan su formación
académica y le cuelgan muchas medallas, en especial, afirman, por su
especialidad en medios electrónicos y su manejo de redes sociales. No se duda
de ello. Pero para la chamba que acaba de agarrar, esas flores que lo adornan
no serán suficientes.
No hay recetas para la conducción de ese cargo, aunque sí principios,
reglas generales, pero dada la coyuntura del gobierno actual, dada su mala
relación con un importante sector de la prensa y de los medios, dada la crítica
a la que está sometida y a la presión, ahora por el caso de otro periodista y
activista social desaparecido, Juan Octavio deberá aplicar aquella máxima de
Karl Mannheim que utilizó don Jesús
Reyes Heroles el 5 de febrero de 1978 con motivo del 61 aniversario de la Constitución
Política: más que reconstruir una casa sobre sus cimientos, se trata de reponer
las ruedas de un tren mientras está en marcha. O sea, no hay tiempo que perder,
en especial cuando se está en el quinto y penúltimo año de gobierno, el último
a plenitud en el poder.
A veces por donde menos se espera salta la liebre. La gestión de Gina
Domínguez al frente de la Coordinación fue desastrosa: le dejó mala imagen al
gobierno y un enfrentamiento con buena parte del gremio. Alberto Silva no podía
hacer mucho: heredó una situación muy difícil incluyendo una gran deuda con los
medios, aunque creo que por su carácter contribuyó poco a un restablecimiento
de relaciones. Juan Octavio no tiene
mucho para donde hacerse. Hereda, a su vez, una dependencia con grandes
pendientes y, para colmo, con fallas de operación internas como esa que permite
el vacío informativo, que no aclara, que no desmiente, que no precisa, todo
porque simple y sencillamente no se informa, o no se informa bien.
Hubo intento, sí, de pagar a los medios a finales del año pasado. Nunca
hubo el recurso. Se aceptó que la deuda es de 800 millones y que se iban a
pagar 400. De modos seguiría habiendo adeudos. Dadas las difíciles condiciones
con las que arranca 2015, se ve impagable. Pero las deudas no son comunicación
social. Pavón González hará suficiente si por lo menos establece comunicación
con todos y la logra mantener. Esa es una falla de la que ha adolecido la
dependencia que debe comunicar: nadie comunica, nadie informa, nadie habla, nadie
cabildea, nadie atiende, nadie llama, nadie hace alegatos en forma personal a
favor del gobierno.
Juan Octavio llegó al cargo porque otros a quienes se invitó no
aceptaron, al menos a tres personajes, o no les cumplieron sus expectativas, o
las condiciones que pusieron. Era la opción local, además hombre de confianza.
No será para él ninguna novedad llegar a una dependencia con graves problemas
económicos. Se sabe que RTV lo sostuvo contra viento y marea incluso sólo con
alfileres. Seguramente se rodeará de un equipo idóneo, que mucho material
humano lo tiene ahí mismo adentro, con experiencia, de tiempo completo,
sacrificado, pero que ha sido desplazado y maltratado en la nómina para
beneficiar a amigos y recomendados.
Veremos si por fin con él las cosas mejoran y si incluso logra revertir
la crítica situación prensa, medios-gobierno; si es capaz de subir el tren
sobre los rieles y llevarlo a feliz término el próximo año, el tormentoso 2016.
Adiós a un gran ser humano
Me impactó el fallecimiento de Guillermo Aguilar Portilla, quien era el
enlace de prensa de la Secretaría de Desarrollo Económico y Portuario.
Relativamente bastante joven, sólo era atención, respeto, amistad, sonrisa. Me
quedo con una gran impresión suya. Siempre
lo recordaré bien. Erik Porres Blesa tenía en él a un gran colaborador, además
de que eran amigos desde que se conocieron trabajando juntos en una dependencia
del Gobierno Federal. A los familiares de Memo, mis condolencias. A Erik, a
Rosa Elena Vázquez y a todo el equipo de la Sedecop, mi abrazo solidario, sé
que les duele la ausencia del gran y buen amigo. A mí también. Descanse en paz.
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