domingo, 4 de enero de 2015

¡Qué inicio de año!

Prosa aprisa
¡Qué inicio de año!

Arturo Reyes Isidoro

Mientras estuve en prensa oficial, esto es, en la del Gobierno del Estado, nunca faltó la reportera, el reportero, que me fuera a ofrecer en venta algún producto. Hasta la fecha, según consta en el medio, por ejemplo, una compañera continúa vendiendo quesos que trae de San Rafael, que son muy buenos, porque yo le compraba, con el ingrediente de que los deja para que se le pague en la quincena. Pero es muy buena reportera.
En la actualidad, tengo testimonios directos de compañeros que ante la crisis que les pega por la falta de pagos del gobierno a sus medios, sin ninguna pena ofrecen sus servicios personales en algún trabajo extra que puedan cumplir.
Con eso mis compañeros tratan de completar un ingreso económico que al menos les garantice su sobrevivencia, porque no son bien pagados por sus medios –con sus excepciones–  y porque prefieren eso a andar pidiendo dinero, como acostumbran algunas compañeras, muy de su particular forma de entender el ejercicio periodístico.
Pero los que completan sus ingresos como vendedores son antes que nada reporteros, reporteras, ejercen algunos de los géneros periodísticos, son periodistas porque esa es su verdadera vocación, y el hecho de que sobrevivan con otro ingreso en nada los demerita como periodistas, periodistas y vendedoras o vendedores, pero periodistas al fin.
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Enrique Peña Nieto iba viento en popa en sus primeros dos años de gobierno, e incluso había ganado ya las portadas y las ocho columnas de medios internacionales ante la incredulidad de los propios mexicanos, hasta septiembre pasado cuando le estalló el escándalo, también internacional, por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, lo que sepultó todos los logros que presumía y lo sumió en una profunda crisis de credibilidad de la que no logra reponerse. Todo a causa de la inseguridad y de no dar un manejo adecuado al asunto.
Pareciera que un mal fario persigue a la actual administración estatal en el área de la prensa de la entidad. No ha habido año en que no sufra una crisis por algo que tenga que ver con la prensa veracruzana. Definitivamente la ha marcado, para su mala imagen, la suerte de compañeros periodistas, algunos asesinados, otros desaparecidos, algunos refugiados fuera del estado o del país, otros quejándose de que sufren represalias a causa de su quehacer y por lo que dicen.
2015 no lo podía empezar de la peor manera el gobierno con un periodista “levantado”, secuestrado, desaparecido apenas iniciar el año, el 2 de enero. Moisés Sánchez Cerezo fue sacado por la fuerza de su hogar en Medellín de Bravo, cercano al puerto de Veracruz, a las siete de la noche por hombres encapuchados y armados, lamentablemente una imagen que no es nueva en el estado porque se ha saldado con víctimas fatales.
Como reacción inmediata, ha sido un error tratar de reducirlo a su condición de “conductor de taxi y activista vecinal” e ignorar su trabajo como periodista, que ha quedado plenamente demostrado cuando su esposa ha expuesto públicamente ejemplares del periódico que editaba, La Unión, de circulación local, y del testimonio de su hijo que achaca su suerte a su tarea periodística.
Como en años anteriores, el caso escaló ya a nivel mundial. Checando ayer las reacciones, no pude dejar de  concluir que, a mi juicio, el Gobierno del Estado está de nuevo ante un gran y grave problema de imagen pues lo mismo se han hecho eco del caso las agencias EFE, española, y AFP, francesa, que la Deutsche Welle alemana, RT (el primer canal de televisión ruso en español), la BBC de Londres, El País de España, Artículo 19 (ONG internacional con sede en Londres), El Tiempo de Venezuela, CNN, Univisión y El Nuevo Herald de Miami, en los Estados Unidos, etcétera.
Hizo bien el procurador Luis Ángel Bravo Contreras en tratar de corregir el yerro de significar su condición de taxista (también tiene una tienda de abarrotes, así ha de ser su condición económica) y en ofrecer no sólo investigar sino en comprometerse a que lo va encontrar, independientemente de “lo que sea”, y ayer, a mi juicio, continuó por el camino correcto al no rehuir el tema, no molestarse porque le preguntaran, no descalificar a nadie e incluso pedir a los propios compañeros no sólo su comprensión sino también “échennos la mano”, que es la forma más humilde de ejercer el gobierno, porque la conducción de éste es tarea de todos y porque esa es la voz oficial que ha estado esperando el gremio –y la sociedad veracruzana–, la que acepte que necesita ayuda.
Bravo Contreras va a saber ahora sí lo es que amar a Dios en tierra ajena pues su llegada al cargo se dio cuando todavía se vivían las secuelas del caso de otro periodista desaparecido y asesinado, Gregorio Jiménez de la Cruz, y se cuestionaba el trabajo de su antecesor Felipe Amadeo Flores Espinosa no obstante que el cuerpo ya había sido hallado y había ya detenidos. Ahora, toda la presión recae sobre él y su trabajo y mucho de lo que haga o deje de hacer tendrá las consecuencias correspondientes en la imagen del gobierno al que sirve.
En este contexto tendrá su baño de fuego el nuevo coordinador general de Comunicación Social que habrá de nombrar este lunes el gobernador Duarte de Ochoa, Juan Antonio Pavón González, si no hay cambio a las filtraciones que se han hecho de nombres. Lo echan en medio de la alberca y en lo más profundo sin saber nadar: o aprende y sobrevive o se ahoga de entrada. El caso será la mejor prueba para saber de qué está hecho. Durante todos los días hasta que no se resuelva el caso también estará sometido a una presión mediática. Si llega, o a quien llegue se le desea lo mejor si es para bien del gremio.
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Apenas nombrada presidenta de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP), Benita González Morales, colega del sur del estado, recibió los peores calificativos en especial de periodistas de aquella región. A mi juicio, se le juzgó antes de ver su actuación.
Ha resultado una sorpresa, una agradable sorpresa, ver su reacción ante el caso de Sánchez Cerezo: contrariando la voz oficial que lo reducía sólo a “conductor de taxi y activista vecinal”, Benita, con quien he compartido como reportero muchas veces trabajo conjunto, fue contundente: “Moisés Sánchez Cerezo es periodista”. No tenía que decir más, pero hizo más.
Acompañó, como tenía que ser, a la esposa del desaparecido, María Gómez, a mostrar los ejemplares del periódico que publicaba. “Él hacía las ediciones de su periódico, él editaba en Medellín, eso para nosotros es considerado que ejercía el periodismo (…) él también tenía la función de activista social y taxista”, afirmó mi compañera que ha ejercido en Coatzacoalcos.
Ni Namiko Matzumoto ni Rocío Ojeda, totalmente ajenas al gremio, se atrevieron jamás a contradecir a ningún funcionario del gobierno y se han mostrado sumisas, repitiendo sólo lo que les indican que digan (Ojeda, para fortuna del gremio, ya se fue), ni jamás reaccionaron rápido ni en forma efectiva ante una situación como la que ahora se presenta, y menos se presentaron por iniciativa propia a atender y solidarizarse con familiares de las víctimas, hasta que se los ordenaron. Por sus hechos los conoceréis.
Si el nuevo coordinador de Comunicación Social es inteligente y tiene sensibilidad, entonces habrá de sostener y darle todo su apoyo a Benita, porque actitudes como la suya ahora más que nunca la necesita la administración estatal para salir lo mejor librada que pueda del broncón que ya tiene.
¡Qué inicio de año! ¡Feliz 2015 a todos mis lectores! Será un año de muchas sorpresas, muy movido, ya lo verán. Esperen programas y aparten lugar. Y no se vayan que esto se pone bueno.


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