Prosa aprisa
El Centro impone el dedazo
Arturo Reyes Isidoro
Estando tan próxima la sucesión gubernamental de Veracruz, está todavía
lejos. Va a decidir el presidente Enrique Peña Nieto a través del Comité
Ejecutivo Nacional del PRI. Lo demás es ganas de estar entreteniéndonos con
nombres, con declaraciones, con especulaciones.
A mí me llama la atención y me asombra la seguridad con la que algunos
políticos locales, a la mesa en comidas o desayunos, dicen, por ejemplo, que si
Javier Duarte de Ochoa gana la mayoría de las diputaciones federales el próximo
7 de junio, entonces él va a poner al candidato a sucederlo en 2016.
Este año se renuevan 9 gubernaturas en el país y por la forma en que el
PRI ha resuelto los primeros seis casos da una idea ya del patrón que se sigue.
Hay que esperar las restantes tres candidaturas para ser concluyentes, pero
hasta ahora se ve que la línea es la misma.
El 12 de enero se decidió que la senadora con licencia Ivonne Álvarez
García contendiera por Nuevo León; el 17, que el también senador con licencia
José Ascención Orihuela Bárcenas lo hiciera por Michoacán; el 22 de enero se
decidieron los casos de San Luis Potosí y de Baja California Sur, donde jugarán
Juan Manuel Carreras López y Ricardo Barroso Agramont, el primero ahora exsecretario
de Educación de su estado, el segundo, senador; el sábado pasado se determinó
que por Campeche vaya Alejandro Moreno Cárdenas, quien era diputado federal, y
el lunes que la senadora con licencia Claudia Pavlovich Arellano compita por
Sonora. Faltan Guerrero, Colima y Querétaro.
En los primeros seis casos citados, los aspirantes (en Nuevo León eran
12, en Michoacán 6, en San Luis Potosí 11, en Baja California Sur 3, en Campeche 5 y en Sonora 4) fueron convocados
todos a la ciudad de México y en la sede del Comité Ejecutivo Nacional tricolor
les dijeron quién iba a ser. Hacia afuera se anunció que los candidatos son de
unidad y en los boletines se ha dicho que todos los demás se sumaron con gusto
a los designados.
Imposición, pues, dedazo. La vieja fórmula del PRI del siglo pasado. El
centralismo. El presidencialismo, y la obediencia disfrazada de disciplina. El
lunes pasado Salvador García Soto en su columna de El Universal “Serpientes y Escaleras” dijo que ha habido
una constante que es el sello de la casa: un hermetismo total y un control
absoluto de la información y de la decisión que sólo conocen hasta el último
momento en Los Pinos y en el despacho presidencial.
“Ha sido tan férreo el control presidencial en las decisiones, que
nadie ha sabido el nombre del candidato priista en esos cinco estados hasta que
el elegido recibe la llamada telefónica de la Presidencia en la que le dicen
que el Presidente necesita verlo; es hasta ese momento que solo el ungido sabe
y termina así un proceso de semanas de hermetismo e incertidumbre, en el que los
aspirantes priistas en los estados han pasado por una tensa y angustiante
espera donde campean toda clase de rumores, golpeteos entre ellos, supuestas
filtraciones y hasta desesperación”, escribió Salvador.
Por lo menos en los casos de Nuevo León, San Luis Potosí, Baja California Sur, Campeche y Sonora se
manejó que los candidatos elegidos lo fueron porque iban arriba en las
encuestas, eran los mejor posicionados de su partido y el PRI no quiso
arriesgar, por eso prefirió popularidad a cualquier otra circunstancia. En
Michoacán porque es el mejor para las condiciones que presenta el estado.
También tiene que advertirse que el CEN tricolor está decidiendo las
candidaturas con apenas cinco meses de antelación a las elecciones, y en
Veracruz falta casi año y medio para que se decida. Sí llama la atención que de
los seis seleccionados hasta ahora, cuatro eran senadores, uno diputado federal
y sólo uno funcionario estatal. Pero no ha sido el gobernador el que ha decidido.
¿Qué puede hacer pensar que en Veracruz será diferente?
En la tradición política priista del estado, siempre, al menos hasta
antes de que perdieran la presidencia de la república en 2000, el presidente en
turno decidió la sucesión gubernamental.
La última vez que un presidente priista decidió el relevo en Veracruz
fue cuando Ernesto Zedillo Ponce León determinó que el candidato fuera el
licenciado Miguel Alemán Velasco (Luis Echeverría impuso a Rafael Hernández
Ochoa; José López Portillo a Agustín Acosta Lagunes, Miguel de la Madrid
Hurtado a Fernando Gutiérrez Barrios y Carlos Salinas de Gortari a Patricio
Chirinos Calero), pero en 2000, ya sin presidente tricolor, el gobernador
Alemán Velasco asumió la conducción de su relevo y no dudó en hacerlo a favor
de Fidel Herrera Beltrán.
El panismo se instaló por 12 años en la presidencia, por lo que también
cuando llegó la hora del relevo de Fidel no había presidente priista. Igual que
Alemán, Herrera Beltrán indujo su sucesión en la persona de su hijo político
Javier Duarte de Ochoa.
Un error político hoy aflora y empieza a pasar factura: haber cerrado
la participación en el gobierno y en posiciones políticas a personas de las
diferentes corrientes que conforman el mosaico que es el estado y haber dado
juego sólo a los allegados al grupo en el poder, con el ingrediente de
pretender continuar por un periodo más con un candidato del grupo: Erick Lagos
Hernández, exsecretario de Gobierno y hoy aspirante a diputado federal.
Ahora ya hay de nuevo presidente
priista y la pregunta obligada es si para el caso de Veracruz el presidente se
erigirá otra vez como el gran factor de decisión. Por los casos que he citado
líneas arriba, todo indica que sí, máxime la división que ya existe, la
confrontación entre dos grandes corrientes y el riesgo de que por ello se
pierda la elección a manos del PAN.
Hoy hay el pleno convencimiento de
que la gubernatura de dos años, una iniciativa del gobernador Duarte, tuvo el
aval de Enrique Peña Nieto. Si no, no hubiera pasado. Su aprobación fracturó
totalmente la relación de los senadores Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes
Landa con el ejecutivo estatal. Está en punto muerto. Pepe habla de un proyecto
alternativo.
El sábado 17 de enero el diferendo
tuvo otro capítulo, aunque ahora mostró un rostro inesperado: la abierta
oposición de ambos legisladores de la cámara alta del Congreso de la Unión al
proyecto del Palacio de Gobierno tanto para
la gubernatura de dos como también para la de seis años que le seguirá,
aunque no hablan de acto de rebeldía con su partido.
¿Es que los Yunes rojos están
actuando por su cuenta y riesgo? ¿O acaso tienen calculado todo lo que hacen y
dicen? ¿Y si así como Duarte tuvo el aval del presidente para la gubernatura de
dos años ahora lo tuvieran Pepe y Héctor para actuar como lo están haciendo?
Extraña que del centro no los hayan parado o querido parar. Una posible
explicación es que primero, lo primero, primero las gubernaturas de 2015, pero
mientras tanto la división ahí está y puede crecer si no se opera a tiempo para
evitar que se haga más grande.
De lo que sí no hay lugar a dudas
es de que Pepe y Héctor son senadores, están arriba en las encuestas porque
llevan desde el sexenio pasado construyendo sus candidaturas y se ve muy
difícil que un candidato de Palacio los pueda igualar en apenas unos meses una
vez que pase la elección federal del 7de junio.
¿Alguien duda de que van a decidir
en México y de que en México van a hacer el gran anuncio sea cual sea el
resultado del próximo 7 de junio? ¿Incluso que el Presidente puede decidir, si
quiere, quién será el próximo coordinador de la diputación federal veracruzana?

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