Prosa
aprisa
A favor del Premio
Arturo Reyes Isidoro
Hace 23 años, Ernesto
Villanueva documentó cómo la ayuda del Estado a la prensa no solo no es nueva,
sino que está legalmente establecida en varios países del mundo desde hace ya
muchos años.
El investigador es un
referente en México, acaso el más autorizado en el tema del Derecho de la
información y consulta obligada para los interesados en la libertad de
información.
Régimen jurídico comparado de la ayuda del Estado a la prensa es un libro que debiera ser lectura obligada en
todas las escuelas de periodismo y de comunicación, como ahora les llaman.
En la obra original (tal vez
la primera edición de 1996, que leí entonces, ya fue actualizada, pero su
esencia tiene plena validez en la actualidad); en la obra original, decía,
citando a Bel Mallén establece que estas ayudas datan de 1796, en el periodo de
la Revolución Francesa, cuando se dispuso una reducción de las tarifas postales
de los periódicos para “fomentar la libre comunicación del pensamiento entre
los ciudadanos de la República”.
Fue en el siglo pasado, el XX,
cuando el sistema de ayudas estatales adquirió carta de naturalización en buena
parte de los Estados democráticos del mundo: Estados Unidos, Reino Unido,
Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Portugal, para citar los más
significativos.
Villanueva señala que las
ayudas del Estado a la prensa se explican a partir de razones económicas y
consideraciones filosófico-políticas. “En el primer caso, si las crisis
económicas afectan la viabilidad de las empresas de cualquier tipo, la
industria de la prensa no habría de ser la excepción a la regla” (es el caso de
los medios en Veracruz ahora).
Cita las principales causas
(hasta entonces para aquella fecha de 1996) y explica las dos posiciones sobre
el tratamiento que debe darse a la prensa: una perspectiva liberal, que tiene
como base que el primer deber ético de la prensa debe ser con su sobrevivencia
económica, y una teoría de la responsabilidad social de la prensa. En el siglo
XIX esta concepción demandaba del Estado que se abstuviera para garantizar el
pleno ejercicio de la libertad de información.
Sin embargo, Ernesto establece
que las circunstancias actuales (1996) rebasaron esa doctrina, pues para
materializar la libertad de información en los términos previstos por el
artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se exige la
intervención del Estado en un sentido imparcial, y que una de las formas en que
debe manifestarse la presencia estatal “gira en torno a la figura jurídica de
la ayuda a la prensa”.
Señala el autor que la
prevalencia de esta doctrina ha sido el telón de fondo de las políticas
oficiales de la ayuda estatal, precisando que ese apoyo no debe suponer la
dependencia de la prensa respecto del poder público y que el espíritu de esas
ayudas presupone un principio de independencia básico. “Hay que recordar que la
prensa puede ser buena o mala, pero una prensa sin independencia es negativa
por definición. Esta independencia se preserva en la medida en que las ayudas
están dotadas de un fundamento legal, conforme al cual se convierten en objeto
de derecho de la prensa y, de manera correlativa, en fuente de obligaciones
para el Estado”.
Con todo lo anterior sustento
mi posición personal a favor de la creación del “Premio Regina Martínez” a favor
del periodismo veracruzano que anunció el viernes pasado el gobernador
Cuitláhuac García, sobre todo por la intención que lleva, pero que al final
dejó latente para que seamos los integrantes del gremio los que decidamos si se
instaura o no, luego de que un pequeño grupo se manifestó en desacuerdo y el
familiar de un compañero víctima de la violencia lo consideró “un chayote
disfrazado de premio”. Difiero.
Creo que se confundió el
propósito del premio con la demanda de justicia que se exigió. Esta, considero,
se logrará con el esclarecimiento de los casos, la detención, el enjuiciamiento
y el castigo de los responsables, de tal forma que no quede impunidad, pero ese
reclamo debió y debe ser al fiscal Jorge Winckler, que se supone que es el
titular del organismo autónomo responsable de procurar justicia para los
veracruzanos y que ha sido omiso en la investigación que debió realizar desde
el principio de su gestión.
En efecto y lamentablemente un
premio no devolverá la vida a las víctimas ni logrará que aparezcan quienes
están desaparecidos, pero el gobernador fue muy claro, una y otra y otra vez
(estuve presente en el acto) en que de lo que se trata es de reconocer, premiar
“al reportero de a pie”, no dar por resuelto con ello los casos.
No es ningún secreto que los
medios y sus trabajadores atraviesan por una grave crisis económica tanto por
la falta de pago al final de la administración de Javier Duarte como por la
exclusión, con sus contadas excepciones, de apoyos publicitarios por parte del
gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, lo que se vino a agravar con la
generalización de las redes sociales como nuevos vehículos de transmisión de
información. Muchos medios tradicionales ya colapsaron y otros están
prácticamente agonizantes.
Veo positivo que Cuitláhuac
traiga en su agenda el tema de los medios porque ningún otro gobernador se
había preocupado sobre todo por lo que los viejos periodistas llamábamos “la
infantería” del periodismo, los reporteros de a pie como citó el gobernante, la
base sin los cuales simple y sencillamente no habría información de calidad.
Fue muy preciso: dijo que no
era para premiar a los dueños de medios sino a los reporteros, fotógrafos y
columnistas políticos. “Se trata de un reconocimiento a la labor periodística”,
insistió. “No es parte de ninguna reparación del daño a nadie”. Reiteró que era
para “la gente de a pie, de los que están abajo”, “para los que merezcan ser
premiados”. Incluso propuso otorgarlos dos fechas al año, el 4 de enero y el 7
de junio.
Nunca dejará de lamentarse la
pérdida de muchos compañeros y la desaparición de otros, y el reclamo de
justicia para que no quede impunidad debe ser permanente. Pero opino que
tampoco debe olvidarse la precaria situación que viven muchos otros junto con
sus familias porque la mayoría de los dueños de medios no les retribuyen lo
justo y menos les otorgan ningún tipo de prestación, porque les pagan a veces
una miseria, porque los despiden y no los indemnizan conforme a la ley, porque
los explotan.
A mí me da mucho gusto y me
estimula ahora ver cuántas mujeres practican el oficio (en mis inicios eran una
excepción y una verdadera rareza) y ya están a la par o superan a los varones.
Conozco a varias que incluso han hecho posgrados en prestigiosas escuelas
especializadas en periodismo de investigación enfocado al combate a la
corrupción. Que yo sepa tienen un alto estándar ético y no actúan a la espera
de una dádiva. Pese a su precaria situación económica no se han corrompido. Me
pregunto si no tienen derecho a que se les reconozca con un premio y mejor aún
si es en efectivo (el buen periodismo, el de investigación cuesta mucho), eso
sí en forma transparente porque se trata de recursos públicos.
Cuitláhuac García al hacerlo
público y explicar los motivos en público, al informar que pediría una
modificación legal en el otorgamiento de premios oficiales, optó por la
transparencia, no por la opacidad, no por la penumbra, no por la entrega en lo
oscurito que deviene en corrupción. Ernesto Villanueva le da bases para
hacerlo. Yo estoy a favor de que se reconozca y premie al buen periodismo joven
que se practica en Veracruz.

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