Prosa aprisa
Caso Winckler exhibe a
morenos en el Congreso
Arturo Reyes Isidoro
¿De lo que haga o deje de
hacer la bancada del PAN en el Congreso local depende la suerte del fiscal
Jorge Winckler? Para nada. Pero algo puede ayudar a favor.
Winckler se defiende solo, o
con el apoyo de especialistas pagados por sí, porque le deben favores o porque
alguien se los patrocina.
Hasta ahora ha hecho ver muy
mal a la bancada mayoritaria de Morena y al jurídico que tienen, pero pienso
también que al propio jurídico del Palacio de Gobierno.
Ayer se cumplieron dos meses
de la nueva administración y lo que seguramente les parecía un flancito les ha
resultado un pan reseco, duro, que no han podido masticar y menos deglutir.
Independientemente de que el
fiscal se vaya o no en lo inmediato (de que se va a ir se va a ir, aunque en
una de esas dentro de siete años cuando venza su periodo), su caso le está
dejando ya una lección al joven gobierno morenista.
De que le traían ganas se la
traían, lo que supimos porque desde la campaña se la cantaron, y cuando
asumieron el poder iniciaron la ofensiva en su contra que hasta ahora ha
resultado infructuosa.
La lección es que no aplicaron
la dura amonestación que un día lanzó urbi
et orbe el entonces gobernador Miguel Alemán Velasco: solo los pendejos
dicen lo que van a hacer.
El licenciado la aplicó sin
ninguna consideración contra su propio hijo quien con todo candor reveló planes
de empresas que pretendían realizar en el Estado, entre ellos un periódico.
Alemán Velasco sabe de empresas
pero también de política, que casi mamó pues acompañó de niño a su padre como
gobernador y luego de joven como presidente, no obstante lo cual (varias veces
lo escuché platicarlo) decidió no participar en política a su sombra.
(A veces me pregunto si no fue
él quien aconsejó a Andrés Manuel López Obrador de que no procediera contra sus
antecesores, cosa de recordar que en diciembre de 1998 cuando iniciaba su
gubernatura dijo que no llegaba como gobernador a “barrer para atrás”, pues los
enemigos de su antecesor Patricio Chirinos le pedían que lo investigara y lo
castigara.)
(Se hizo célebre aquella frase
que me declaró ya siendo exgobernador –7 de octubre de 2012–: “Yo consejos ya
no doy, porque los inteligentes no los necesitan y los pendejos no hacen caso”,
ante la pregunta que se le había hecho sobre qué aconsejaría a los jóvenes
gobernantes, respuesta que se consideró una clara alusión al entonces joven
gobernador Javier Duarte, a quien había dado consejos y había ofrecido apoyo,
pero el gordo lo ignoró y prefirió escuchar a su mentor político Fidel Herrera Beltrán,
lo que llevó a Veracruz al desastre.)
En las últimas semanas he
platicado con abogados serios, con integrantes de la judicatura local serios y
con experiencia y con funcionarios ministeriales federales con mucha
experiencia y todos coinciden: sí había forma, sí la hay, de quitarle el cargo
al fiscal, aunque tal vez con recursos extralegales, pero nadie escucha, me
dijeron, y por otra parte lo alertaron y le dieron mucho tiempo para que
preparara su defensa.
Se vaya Winckler en lo
inmediato, en lo mediato o hasta que venza su periodo, su caso también ha
servido para exhibir la falta de autoridad y de negociación en la bancada de
Morena, incluidos, en especial, los presidentes de la Mesa Directiva y de la
Junta de Coordinación Política: no han podido, no han querido o no han sabido
ejercer el poder que tienen para meter orden y minar al panismo.
No hay nadie que jale al
coordinador de la bancada del PAN, Sergio Hernández, y le aplique la
quebradora: o haces a que los tuyos firmen a favor de la salida del fiscal o
llegamos hasta el fondo en el caso de la Cuenta Pública 2017 en el que
“solventaron”, sin tener facultad, anomalías de exfuncionarios y exalcaldes (léanse
“Prosa aprisa” del 08/11/2018 “El gran negocio de la Comisión de Vigilancia”,
del 18/11/2018 “Huele a gato encerrado”, y del 23/11/2018 “Caso Comisión de
Vigilancia, va”).
El 1 de octubre del año pasado el
titular del Orfis, Lorenzo Antonio Portilla
Vásquez, entregó el informe de resultados de la Cuenta Pública 2017. Lo
recibieron personalmente los diputados de la 64 Legislatura, Juan Manuel de
Unanue Abascal, Fernando Kuri Kuri, Yazmín de los Ángeles Copete Zapot,
presidente, secretario y vocal de la Comisión de Vigilancia, respectivamente,
así como la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso, María Elisa Manterola
Sáinz, y el presidente de la Junta de Coordinación Política, Sergio Hernández
Hernández.
Originalmente el Orfis reportó
presunto daño patrimonial de entes estatales y municipales por 1,461 millones
390 mil 297 pesos, pero los diputados le enmendaron la plana y dijeron que no,
que era por solo 1,113 millones 078 mil 654 pesos, o sea 348 millones 311mil
643 millones (después ajustaron la cifra a 325 millones 797 mil pesos).
Sin gran discusión y en menos
de una hora, el Congreso aprobó la Cuenta Pública con 35 votos a favor, 12 en
contra y una abstención. La bancada de Morena votó en contra. Según el diputado
De Unanue Abascal, varios entes fiscalizables entregaron
la documentación probatoria del uso de los recursos públicos por lo cual varios
señalamientos fueron solventados. De acuerdo a su dictamen, 21 municipios
solventaron parcialmente y 43 solventaron totalmente, o sea 64.
En las columnas cuyos encabezados cito líneas antes
comenté que lo hicieron sin tener facultad y porque a cambio recibieron una
jugosa comisión de entre 10 y 20 por ciento, según la importancia del
ayuntamiento, e incluso mencioné nombres de presuntos operadores y un edificio
de la avenida Orizaba donde realizaban las operaciones. De Unanue y Hernández,
que avalaron aquella “solventación”, repiten en la actual legislatura. Una
investigación a fondo pondría en claro las cosas y pegaría directo en la línea de flotación de
la actual dirigencia de la bancada blanquiazul. La bancada panista no decidirá
si se va o no el fiscal, pero si los morenos quieren y saben cómo, tienen ahí
un elemento de negociación para neutralizar a los azules o para que los apoyen
a favor de su intención. Si deciden apretar saldrá pus, muchas pus.
Buen toquecito de bola
Andrés Manuel “Colmillo Retorcido” López Obrador dio ayer
un buen toquecito de bola en vísperas de pisar suelo veracruzano: anunció el
regreso del Águila de Veracruz a la
Liga Mexicana de Verano de beisbol profesional, es decir, no llega con las
manos vacías.
Apenas el sábado pasado Cuitláhuac García pudo haber dado
la primicia en el puerto de Veracruz, pero como buen político (ya está
aprendiendo) prefirió dejarle el honor a AMLO. La fanaticada del puerto debe
estar feliz. Si hay una plaza con tradición beisbolera en México esa es la de
Veracruz, pero los gobiernos priistas dejaron perderla para apoyar solo el
futbol.
¿Tiene que ver el deporte con la política o viceversa?
Una mañana en el transcurso de un desayuno Javier Duarte platicó a un grupo de
columnistas cómo había convencido (papalina de por medio y un fuerte apoyo
millonario) a Fidel Kuri para que trajera de nuevo al puerto a los Tiburones
Rojos. Estaba convencido de que mientras la gente estuviera contenta con un
equipo de futbol profesional, seguiría votando por el PRI. Había que darle al
pueblo, pues, pan y circo.
Seguramente durante su gira de este fin de semana por
Veracruz, López Obrador dará detalles, que no reveló ayer. Pelota caliente,
pues. ¡Play ball!

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