Prosa aprisa
Cuando se enfrentan a
alguien que sabe
Arturo Reyes Isidoro
Cenutrio. ¿Ha escuchado usted alguna vez esta palabreja?
¿Cenutrio? Sí. Este adjetivo lo usó Sergio Rodríguez Cortés, ahora titular de
la Procuraduría Estatal de Protección al Medio Ambiente, para calificar al
dirigente estatal del PRD, Jesús Velázquez Flores.
Confieso que me tomó por sorpresa el concepto y tuve que
acudir al tumbaburros para saber de qué estaba hablando el exdiputado local y
exalcalde de Camerino Z. Mendoza (Mendoza o Ciudad Mendoza). Pues ni más ni
menos le estaba diciendo que es un torpe o estúpido. Eso significa cenutrio.
Ese término y una sentencia a su favor de la Sala Superior
del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación del 9 de enero
pasado, que le restituyó su militancia en el PRD, se los “restregó en su cara”
el también ingeniero en sistemas computacionales luego de que lo habían
expulsado “por traidor” por haber apoyado en la pasada campaña electoral a
Andrés Manuel López Obrador y a Cuitláhuac García Jiménez.
Del hombre se pueden decir muchas cosas (o se dicen), menos
que no sabe de política y cómo manejarse en la política, cómo se deben hacer
las cosas. Una vez con la resolución judicial favorable en sus manos, entonces
renunció al PRD. Se fue cuando él quiso, no cuando lo quisieron echar.
Su caso muestra cómo partiditos políticos dizque de oposición
e izquierda como el PRD lacayunamente se ponen al servicio del gobernante en
turno, olvidan sus principios y proceden contra sus propios militantes cuando
estos actúan correctamente y piden cuentas y transparencia en el manejo de los
recursos públicos a la autoridad legalmente constituida.
En la pasada legislatura, Sergio le tomó la palabra al
entonces gobernador Miguel Ángel Yunes Linares de que se manejaría con toda
transparencia y rendiría cuentas al pueblo veracruzano. En cuanto se le
presentó la primera ocasión lo puso a prueba. Le solicitó por escrito, con un
amplio razonamiento, bien fundado, que entregara “a la brevedad” un ajuste de
gastos, a la baja, a la Ley de Ingresos y al Presupuesto de Egresos de 2017, a
lo que se había comprometido (diciembre de 2016) y todavía no cumplía (julio de
2017) (y no cumplió).
Su partido y la bancada perredista encabezada por Yazmín de
los Ángeles Copete Zapot en lugar de respaldarlo se tiraron de tapete a los
pies de Yunes, se aliaron con los diputados del PAN y ese mismo día (11 de
julio de 2017) le quitaron la presidencia de la Comisión Permanente de Hacienda
del Estado. Minutos después de que le cortaron la cabeza hablé con él. “No
estamos en contra del gobernador, estamos a favor de la legalidad”, me dijo
(léase “Prosa aprisa” del 12/07/2019, “Pide cuentas y le cortan la cabeza”).
Desde entonces, pienso, pudo haber renunciado al PRD. No lo
hizo aunque sí renunció a formar parte de la bancada que lo había entregado.
Mantenía su militancia pero se negaba a la complacencia y a la complicidad con
el poderoso en turno. En su propio partido lo congelaron políticamente y en la
que había sido su bancada apestaba. Atrás siguieron las represalias de Yunes y
le quitaron a su esposa un cargo de la SEV que tenía en Orizaba.
Cuando vino la elección del año pasado la única opción que
tuvo fue la de apoyar las campañas de Morena (ya había trabajado con López
Obrador en el gobierno de la Ciudad de México). En su zona (Mendoza) le allegó
muchos votos a la Cuarta Transformación.
Fue el 19 de noviembre pasado cuando el dirigente estatal
perredista Jesús Velázquez Flores anunció que lo habían expulsado de sus filas
y que le habían quitado su nombramiento como consejero estatal y nacional. Vino
entonces la defensa legal del ahora funcionario de la Cuarta Transformación, a
quien el Tribunal Electoral Federal le dio la razón y le restituyó sus derechos
como miembro del PRD.
Entonces sí, Rodríguez Cortés anunció su renuncia al partido
del sol azteca del que fue dirigente estatal, luego de 27 años de militancia, en
una carta que le dirigió el jueves pasado al Comité Ejecutivo Nacional y que
hizo pública.
En su texto
recordó que “en el tiempo de Yunes recibí amenazas, se metieron a mi domicilio,
manejaron la fiscalía para coartar mi libertad de expresión, despidieron a
todos los servidores públicos afines a mi persona y lo peor, el Secretario de
Gobierno, Rogelio Franco, puso a su carga maletas como presidente del Partido
para que se cumplieran las órdenes de Miguel Ángel”.
Dijo que: “Nunca cogobernó el PRD, tampoco se gobernó desde
la Izquierda; tuvimos dos años de un Gobierno represor, conservador, corrupto y
monarquico, con la complacencia del Partido de la Revolución Democrática”.
Se fue, pues, por la puerta grande con el aval de una
resolución federal y dejó en ridículo a sus expulsores. Hoy el PRD es solo un
remedo de partido político.
Sin tanto escándalo mediático, Sergio Rodríguez operó su
defensa con éxito y dejó muestra de lo que puede hacer un político cuando es
preparado y capaz y mejor que sus enemigos políticos.
El caso, su caso, me dejó pensando: ¿y si Jorge Winckler
estuviera tratando de hacer lo mismo?, esto es, ¿y si estuviera esperando ganar
en todas las instancias legales su defensa para que no lo muevan de la Fiscalía
y cuando tenga las resoluciones a su favor, si es que las obtiene, entonces sí
renuncia por iniciativa propia al cargo y se va cuando él quiera, no cuando lo
quieran echar?

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