Prosa aprisa
¿Ganamos un escritor, perdemos un
funcionario?
Arturo Reyes Isidoro
Aparte
de mi trabajo periodístico (en mayo próximo cumpliré cincuenta años en el
oficio) me considero un hombre de letras.
Estudié
la carrera en la UV, me dedico a la edición de libros en la casa de estudios y
me califico como un lector consumado.
Nada
celebro mejor, pues, que la aparición de un nuevo título; sé todo el esfuerzo
que implica escribir y publicar un libro.
Por
ese lado estoy sorprendido de la súbita irrupción en el escenario editorial de
Veracruz de un nuevo escritor: Eric Patrocinio Cisneros Burgos.
Escribir
un texto para publicarse en forma de libro requiere, además de saber escribir
(lógicamente), de tiempo, de concentración; de tener algo qué decir, de ser
creativo si se trata de una obra de ficción. Requiere de otras cosas más.
Según
el nuevo escritor, es nativo de Otatitlán, un pueblo muy bello de la cuenca del
Papaloapan, rodeado se sembradíos de plátano, de caña de azúcar, de mango
manila; regado por las aguas del río Papaloapan, en el tramo del Río de las
Mariposas en el que se bañaba Agustín Lara y que usó como escenario el
dramaturgo Emilio Carballido en su obra Rosalba
y los Llaveros.
Ese
hermosísimo pueblo lo visito cada año para pagar una manda que tengo con el
Cristo Negro, y cada que voy a El Santuario hago una visita obligada al
restaurante La Chinampa donde me sirven una mojarra que acaban de sacar del
río.
Cruzar
la panga para llegar (o un poco antes, en Tlacojalpan) es retroceder a los años
cincuenta del siglo pasado cuando las pangas eran la única forma de cruzar los ríos,
como la que hubo en Alvarado, animadas además por los vendedores de bolsitas de
plátanos, de quesos, de tortas y de todo lo que los hermosos pueblos ribereños
pueden ofrecer.
En fin.
Es tan bella y colorida la cuenca del Papaloapan, tan hermosos los pueblos como
Otatitlán, tan alegres sus cantos acompañados de arpa y jarana, que dan ganas
de imaginarse el Macondo que inspiró a Gabriel García Márquez.
Con
toda esa riqueza cabe pensar de dónde le viene la vena de escritor a don Eric
Patrocinio. Se me olvidaba: su obra se llama Veracruz: Un protagonista en la conformación del Estado mexicano. No
lo he visto en las librerías de Xalapa, por eso no le he echado una hojeada.
Y
como buen escritor que promueve su obra, don Eric se dedica ahora a andarlo
presentando. Ya lo hizo en el Senado, en El Tajín, ¡en Baja California! (a
invitación de la Universidad Autónoma de Baja California) y ahora lo hará el 18
de octubre en Orizaba aunque ya hacen cola también en Oaxaca para escucharlo.
Ha
declarado que con la obra pretende promover el Estado para atraer inversiones
en turismo, cultura e identidad. Parte de las ganancias por su venta serán
dedicadas a preservar las lenguas indígenas del Estado. Nobles propósitos, sin
duda alguna.
Veracruz,
pues, creo que ha ganado un nuevo escritor ¡pero está perdiendo a un
funcionario público clave!, al número dos en la jerarquía de mando, quien (eso
al menos en la ortodoxia de la política tradicional) en lugar de estar dedicado
día y noche, en cuerpo y alma, a atender y a tratar de resolver, junto con el
gobernador Cuitláhuac García, los graves problemas del Estado, de ese Veracruz
que anda promoviendo, en cambio se pasea por pueblos y villorrios como un torero
triunfador en traje de luces en tarde de toros. ¡Olé!
Violencia,
inseguridad (feminicidios, secuestros, masacres, descuartizamientos, asaltos,
extorsiones), desempleo, falta de medicamentos para el cáncer, dengue… se ve
que no existen para el señor secretario de Gobierno.
¿O
será que el gobernador Cuitláhuac ya halló una forma elegante de mantenerlo
alejado de la administración, de que no afecte su gobierno haciendo
declaraciones imprudentes, facilitándole todo para que se pasee por donde
quiera como escritor, todo con tal de que no le estorbe en su tarea de
gobernar?
Independientemente
de ello, voy a tratar de leer Veracruz:
Un protagonista en la conformación del Estado mexicano. A lo mejor como
escritor no me decepciona don Eric. Su prosa, necesito su prosa.
Un mes sin Winckler y todo sigue igual
Mañana
hará un mes que le dieron un albazo a Jorge Winckler para sacarlo de su cargo
como Fiscal General del Estado, que no para destituirlo porque eso legalmente
está en veremos, y mientras hay solo una encargada al frente del órgano.
Tan
fue irregular la acción para deponer al abogado oaxaqueño que por eso es la
hora en que no designan a un nuevo titular. De hecho, por eso, hasta que no se
defina la situación, hay dos fiscales: el legal, pero separado, y la encargada,
pero no titular.
Hay
una situación irregular, pues, pero parece que es el sello de la actual
administración: funcionar irregularmente.
Hace una semana el propio gobernador Cuitláhuac
García Jiménez sorprendió al confirmar que los secretarios de Gobierno y de
Seguridad Pública estuvieron en el cargo durante diez meses sin contar con los
exámenes de control y de confianza del Sistema Nacional de Seguridad Pública
(SNSP), y dijo que apenas acudieron el miércoles 26 de septiembre a
presentarlo. No han mostrado ningún documento que diga que lo aprobaron.
Si separaron a un fiscal muy malo para su trabajo, como lo
acusan, entonces debieron haber puesto en su lugar a uno mejor, a alguien con
experiencia y capacidad para ofrecer resultados porque la que llegó está igual
o peor que Winckler: totalmente rebasada por la delincuencia y sin resolver
casos como los recientes feminicidios de jovencitas o la desaparición de
jóvenes en diferentes puntos del Estado.
Anoche me llegó un reporte del secuestro del empresario Rogelio
Lemarroy González cuando se dirigía de la ciudad de Coatzacoalcos al aeropuerto
de Minatitlán. Un grupo que se transportaba en cuatro camionetas lo interceptó
y siete delincuentes lo bajaron de su vehículo y se lo llevaron. Su esposa
Marissa Montanaro pidió el auxilio. La familia Lemarroy es de las más conocidas
en Coatza y el caso seguro va a causa escándalo.
¿De quién es la culpa ahora?
El dengue, bajo control… pero mediático
Pues
sí, la epidemia de dengue en el Estado ya está bajo control… pero mediático.
Cuando
ya van más de cinco mil casos, a inicios de la semana pasada de plano
impusieron una ley mordaza a los titulares de las jurisdicciones sanitarias.
Mediante
una circular les ordenaron no emitir declaraciones sobre el tema a los
representantes de los medios de comunicación ya que, les dijeron, los únicos
autorizados para hacerlo son el propio gobernador y el secretario de Salud.
No se
les explica un motivo o razón. Puede ser que la situación sea más grave de lo
que se nos viene diciendo y tratan de evitar que alguien lo vaya a revelar.
En
efecto, el secretario de Salud Roberto Ramos Alor sí hizo una declaración ayer,
dijo que los casos de dengue no disminuyen “porque hay algunas condiciones
epidemiológicas que están fuera de control humano” (Ana Alicia Osorio/AVC
Noticias).
Pero
no explicó cuáles son esas condiciones. Creo que lo correcto fue que dijera que
porque no previeron ni previnieron la epidemia, es decir, por negligencia
humana: la de las autoridades sanitarias que él encabeza.

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