Prosa aprisa
¡Por fin, algo diferente! Una
tarde de ópera
Arturo Reyes Isidoro
Si la montaña no viene a ti ve a la
montaña, dice el famoso refrán derivado del original contenido en los Ensayos
de Francis Bacon.
En Plaza Américas de la zona conurbada Veracruz-Boca
del Río desde hace muchos años se ofrece una misa a las once de la mañana todos
los domingos.
Quien lo pensó y tomó la iniciativa de
hacerlo tuvo una gran idea: el acto religioso siempre está muy concurrido
porque la feligresía está cautiva: es la que va a comprar o a desayunar.
Se supone que para los actos de culto para
eso están los templos, pero es indudable e inevitable que el consumismo,
impulsado más por las ventas nocturnas (aunque la gente comienza a comprar tan
pronto abren los almacenes) y los buen fin, disputa fieramente la clientela a
la Iglesia.
Mover las misas hacia esos modernos
becerros de oro que son las plazas comerciales es ir a disputarle en su propio
terreno al adversario la atención de sus feligreses.
Y por lo que se ve, lo hacen con éxito, con
la ventaja de que en una zona tan calurosa como a la que me refiero el espacio
tiene clima artificial, aire acondicionado, lo que da comodidad.
He llegado a pensar que ir en busca de los
fieles de esa manera es algo similar a lo que hacen los miembros de otras
religiones que van de casa en casa también buscando personas en plan sumatorio.
A esta reflexión me motivó un feliz
acontecimiento que tuvo lugar el domingo pasado en la plaza comercial Plaza
Ánimas de Xalapa donde para sorpresa de quienes ahí estábamos por la tarde, de
pronto escuchamos –y supongo que muchos reconocimos de inmediato– cantos de la
ópera Carmen, de Bizet.
En efecto, cuando nos asomamos y acercamos
reconocimos de inmediato al tenor (y médico) xalapeño Armando Mora quien hacía
una escenificación en un amplio espacio a un lado del área de comidas, con
parte del elenco.
La piel se enchinaba de emoción con los
agudos y los graves de la soprano lírica y de la soprano así como del propio
Mora y hubo un momento en que en pleno siglo XXI nos trasladamos en el tiempo a
la plaza donde tiene lugar el drama, en la Sevilla de inicios del siglo XIX.
Pero, de pronto, la aparición de Carmen, la
gitana personaje central de la obra nos volvió a la realidad cuando de pronto
irrumpió con su canto desde el fondo del área de comidas, que atravesó ante la
expectación de todos.
Aquello era impactante. Pese al bullicio
común de toda plaza comercial, en el área de la escena el silencio absoluto se
imponía. Los comensales asistían a un acontecimiento que difícilmente olvidarán
y los demás disfrutábamos, incluyendo niños y jóvenes, mientras seguíamos los
movimientos y los desplazamientos de los actores.
Escuchar a Micaela (Claraliz Mora), quien
está enamorada de don José (Armando Mora), a quien a su vez ha seducido Carmen
(Gabriela Flores) y que luego lo rechaza para volcar su amor en el torero
Escamilla (Gabriel Morera), lo que originará que don José la asesine, todo
resumido en fragmentos en un domingo placero de ópera no es común aunque es
posible que tal prodigio ocurra en Xalapa.
Lo acontecido me hizo recordar algo que
presencié muchos años antes en la capital del Estado y que me sorprendió como
pocas cosas en mi vida: la noche de un sábado en que un numeroso grupo de
jóvenes rompió por la fuerza los gruesos cristales del Teatro del Estado para
poner entrar a presenciar y escuchar la ópera Turandot, de Puccini.
Para esa ocasión los boletos de entrada se
agotaron pronto y el día de la función muchos muchachos llegaron con la
esperanza de entrar. Cuando vieron que el tiempo transcurría e iba a iniciar
sin ellos empezaron a empujar los cristales, hasta que los rompieron. Por
fortuna no hubo lastimados y nadie intentó detenerlos menos reprimirlos.
Esa vez a los organizadores no les quedó de
otra más que permitir que los jóvenes se sentaran en los pasillos, amontonados
todos, de arriba abajo y viceversa, de la sala grande. Yo estaba feliz por lo
que veía porque antes solo había presenciado que irrumpieran de tal forma grupos
de porros o vándalos en actos del PRI, cuando las famosas bufaladas.
Tanto amor y pasión por la cultura, en
especial de los jóvenes, debía celebrarse. Me hablaba de la Xalapa culta,
ajena, por fortuna, a sus políticos y a sus malos gobernantes, quienes además
siempre le han hecho fuchi, guácala a ese tipo de manifestaciones, a las que no
les dan apoyo ni les prestan interés.
Lo chistoso era que los boletos se habían
agotado porque, promocionado como el verdadero acontecimiento que era, muchas
señoras fifís habían decidido ir… pero para lucirse con vestidos y joyas.
Días previos me había tocado estar en una
famosa boutique de la época, la de Homero Montano (creo que era de él), en el
entonces Hotel Xalapa, viendo cómo no se daba a vasto complaciendo las más
caras exigencias de las ricas señoras que pedían lo mejor, vestidos de 10 mil
pesos (de los de entonces) para arriba, porque nadie quería verse menos.
Y en efecto, el día de la función, por
momentos el hall y el mezanine del Teatro parecían una pasarela de
modas.
En el intermedio, cuando bajamos a la sala
de entrada donde vendían bebidas y algunos alimentos, me tocó escuchar a
algunas ¡quejarse que estaba todo muy aburrido y muy largo! ¡Ya había pasado el
rato del lucimiento personal y ya no aguantaban a Puccini!
Por eso me dio más gusto que quienes sí
apreciaban la obra, los jóvenes, aunque fuera por la fuerza hubieran podido
entrar.
Volviendo a lo del domingo pasado, me
pregunto por qué no se repite e incluso se lleva a las otras plazas comerciales
de Xalapa.
Debo aclarar que los fragmentos que vimos
fueron parte de la promoción de Carmen. El espectáculo que se presentará
los días 19 y 20 de este mes en Tlaqná, Centro Cultural, en la USBI de la zona
universitaria, y que patrocinan conjuntamente la Universidad de Xalapa (estaban
presentes sus máximas autoridades, Carlos García Méndez e Isabel Soberano de la
Cruz) y la empresa Armando Mora Producciones. Para entonces habrá más de 100
artistas en escena.
Lector, fue algo diferente y tonificante,
una verdadera bocanada de oxígeno ante el agobio que vivimos a diario por culpa
de nuestros políticos y gobernantes. Con mi reseña y mi comentario te lo
comparto.


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