Prosa aprisa
Cuitláhuac,
ahora sí
Arturo Reyes Isidoro
Aunque
nunca he creído firmemente que llegue a suceder, soy de los que cada vez más se
convence de que el gobernador Cuitláhuac García Jiménez terminará su gestión de
seis años, en contra de quienes vaticinan que dejará su cargo al cumplir dos
años al frente del gobierno.
Ahora
sí se ve que ya está aprendiendo, o escuchando a buenos consejeros o asesores y
que actúa en consecuencia.
La
forma en que desactivó el domingo, en el mismo lugar de la inconformidad,
Soledad Atzompa, en las estribaciones de la Sierra de Zongolica, un bloqueo de la
autopista Orizaba-Puebla y una manifestación en Xalapa, que los pobladores
tenían programados para ayer lunes, fue un trabajo limpio, profesional, muy
político, que me hizo recordar la forma de actuar de Miguel Ángel Yunes Linares
desde que era secretario general de Gobierno en la administración de Patricio
Chirinos.
Me
atengo a la nota de Adriana Estrada, quien estuvo presente, del diario El Mundo de Orizaba, un medio y una
ciudad cercanos al lugar donde tuvieron lugar los hechos.
Narró
la reportera que el gobernador atendió por más de ocho horas, a través de sus
autoridades municipales y comunales, a cinco mil pobladores de las 42
comunidades del municipio así como de la cabecera municipal que se congregaron
en las inmediaciones del palacio municipal.
Una
semana antes, el lunes 14, las autoridades comunales (agentes y subagentes, así
como jueces auxiliares y representantes de organizaciones) habían acordado que
“de tres a cinco mil” atzompeños se manifestarían ayer lunes 21 en la capital
del Estado, decisión que avaló el alcalde Armando Pérez de los Santos.
En
aquella fecha, Armando González Antonio, integrante del Patronato de Obras,
dijo que ya estaban “cansados” de esperar porque no les daban audiencia en el
palacio de gobierno o que cuando les daban alguna fecha luego se las cambiaban;
también, que se habían reunido con el titular de la SIOP pero que no veían
ningún avance. “Estamos cansados de los engaños”, expresó entonces.
El
alcalde recordó que la movilización la tenían planeada desde el año pasado pero
que él les había pedido a sus paisanos paciencia, aunque ya habían esperado
mucho y él no podía hacer nada porque estaba tomada la decisión.
Y,
entonces, el domingo, sin agenda previa, después del medio día llegó
Cuitláhuac.
Aunque
inicialmente se iba a celebrar una reunión solo con las autoridades y los
integrantes del Patronato de Caminos, los pobladores no estuvieron de acuerdo y
a gritos pidieron que fuera abierta, pública, a lo que accedió el gobernante,
quien durante ocho horas, en lo que se convirtió en un mitin, explicó los
proyectos de su gobierno para Atzompa este año y escuchó a los inconformes.
Después del mitin volvió al palacio municipal y todavía escuchó a 12 de los 42
representantes.
En
el mitin, el gobernador les pidió que “no se impacienten tanto, pero que sí lo
señalen”, les ofreció que ayer mismo iniciaría la construcción de cinco muros
de contención de 19 que le solicitaron, para luego iniciar la construcción de
carreteras, y que en marzo comenzarían otras obras de acuerdo a su prioridad.
Le demandaron la rehabilitación, encarpetado y pavimentación de carreteras,
maestros para 10 escuelas, así como medicamentos, médicos especialistas y
servicios de atención médica toda la semana.
Solo
después de ocho horas, ya de noche, se dirigió a comer. La reportera no
consignó ningún incidente durante toda la jornada.
Cuitláhuac,
pues, hizo lo que todo gobernante (federal, estatal y municipal) debe hacer:
escuchar a sus representados sobre sus necesidades. Eso fue todo, así de
sencillo.
Recuerdo
cuando Miguel Ángel Yunes fue secretario general de Gobierno en la
administración de Patricio Chirinos, en los años noventa del siglo pasado.
No
había entonces las comunicaciones de hoy por lo que conformó un equipo que le
monitoreaba el Estado las veinticuatro horas, equipo que estaba atento a todo
lo que se publicaba y se decía en los medios, por lo que si surgía algo que
pudiera derivar en una protesta o en un conflicto actuaba de inmediato.
Si
era posible en la noche, a media noche o en la madrugada enviaba negociadores a
cualquier punto del Estado para buscar, dialogar y negociar con los inconformes
o posibles protestantes; los atendían y les resolvían sus peticiones y solo si
era necesario los citaban en Xalapa, pero a una representación. Desactivaba,
así, manifestaciones y protestas públicas. Por eso el gobierno de Chirinos fue
uno de los más tranquilos y que pocas molestias ocasionó a Xalapa y a los
xalapeños. Resolvía de inmediato y en el mismo lugar de la inconformidad.
Cuitláhuac
ya sabía lo que los atzompeños se proponían. Actuó y se movió a tiempo.
Lo
que hizo no es menor. Los habitantes de Atzompa, que yo recuerde (visité muchas
veces ese lugar en plan de trabajo), de siempre han sido inconformes, al grado
que en Xalapa los gobiernos priistas llegaron a considerarlos “difíciles” de
tratar. Nunca se han dejado.
Nunca
antes un gobernador fue en persona a enfrentar su protesta e inconformidad y
menos en el propio municipio, menos a atender y escuchar a toda una comunidad
durante ocho horas, tampoco a entrarle al toro por los cuernos en persona y no
delegar en algún subalterno la tarea. Ningún gobernante había dejado pasar la
hora de la comida para escuchar a su pueblo.
Hizo
lo correcto, lo hizo bien. Ayer lunes no hubo bloqueo de autopista ni invasión
en Xalapa ni caos vial. El éxito que obtuvo le va a dar seguridad. Ojalá y así
enfrente y resuelva los graves problemas que padece Veracruz. Ahora sí dio una,
hay que reconocérselo.
¿Y
para esto, dónde estaba el domingo el secretario de Gobierno? Mañana le
seguimos con el tema.


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