Prosa aprisa
Cuitláhuac avasalla poderes y autonomías
Arturo
Reyes Isidoro
Tantos
años cerca de los hombres del poder político, tratándolos, viéndolos actuar,
observando la transformación que sufren cuando le empiezan a agarrar sabor a su
mando, les empieza a gustar y comienzan a sentirse verdaderamente poderosos, me
pregunto si luego de un año después Cuitláhuac García Jiménez ha empezado a
cambiar y pronto será otro al grado que ya no lo reconoceremos.
Muy
pocos de los que llegan a las alturas se salvan porque la mayoría sucumbe y
pronto caen en una borrachera de poder que no se les baja sino cuando ya están
terminando su gestión y, ya lo hemos visto sexenio tras sexenio, la cruda que
les viene, ya de nuevo ciudadanos, los pone muy mal.
El
poder político tiene su encanto y el hombre que lo alcanza, que lo obtiene, sabedor
que puede tener casi todo lo que desee o se le antoje, no se da cuenta del
cambio de su personalidad.
A
Cuitláhuac casi al inicio de su gobierno en las redes sociales lo criticaron y
le reprocharon que ya gobernante había desconocido a algunos amigos suyos y que,
necesitándolo, los había dejado solos. Se mencionaron nombres. Tal vez no tuvo
mayor repercusión porque se trató de casos personales.
Colaboradores
de su gobierno, que se decían cercanos a él, conforme ha pasado el tiempo se
han quejado que desde hace buen tiempo les dejó de responder a sus llamadas o a
sus mensajes cuando antes lo hacía de inmediato o cuando tenía tiempo, y que tampoco
ya no lo pueden ver como antes cuando se los permitía.
Miembros
de su propio partido e incluso algunos diputados de Morena, o casi la mayoría,
se han quejado que tampoco a ellos les toma las llamadas cuando que anduvieron
con él en su campaña y departían en momentos de receso o de descanso.
En
las últimas fechas ya lo vemos más suelto, más seguro, más empoderado y como su
jefe Andrés Manuel López Obrador hasta pretende darles clases a los reporteros
que asisten a sus conferencias sobre cómo hacer las cosas.
Pero
el mejor reflejo de su transformación, creo, se advierte en la concentración de
poder, en su mando único avasallante que no respeta división de poderes ni
autonomía de órganos, e incluso habla o responde por sus titulares,
rebajándolos a la condición de subordinados suyos.
Apenas
en días pasados, cual si fuera su empleada (que en el fondo lo es, aunque se
supone que es “autónoma”), salió a dar la cara por la fiscal general del Estado
encargada luego de que la mujer confesó ser familiar por línea directa de otra a
la que ligan con un grupo criminal de la delincuencia organizada.
No
es ningún secreto que su protegida trabajaba en su administración, en la
Secretaría de Gobierno, y que no tenía una trayectoria sólida para llegar al
cargo, ni la tiene aún, pero la impusieron. Ahora al menos debieran guardar las
formas, pero el gobernador, seguramente porque ya se siente por encima de todo
y de todos, con su actitud salió a responder a las múltiples críticas y
comentarios que pedían su destitución, olvidándose que supuestamente fue el
Congreso local el que la designó y no él. “Todo mi respaldo para ella en su
encargo”. La ratificó. Al no tomar distancia, la que exige la autonomía de la
Fiscalía, dejó abierta para la especulación que sigue siendo una empleada más
del gobierno, lo que implica un conflicto de interés.
Ayer
volvió a recaer en un padecimiento que se creía que ya había superado: la de
invadir competencias, ahora las del Poder Judicial.
Declaró
que se investigará a jueces que liberen “a priori” a delincuentes (¿o presuntos
delincuentes?) que ameriten cárcel preventiva y les cambien medidas cautelares
para otorgarles algún beneficio.
Es
decir, habló como si él fuera el titular de ese poder tal vez porque lo
traicionó el subconsciente al saber que la presidenta del Tribunal Superior de
Justicia, Sofía Martínez Huerta, llegó al cargo con su bendición. Otra más.
En
casos como el que señala de que un juez incumpla con su deber, solo tras
denuncia formal de por medio, corresponde al Consejo de la Judicatura del Poder
Judicial realizar una investigación, que culmina con una resolución del mismo
órgano, que preside en este caso doña Sofía.
O
sea, no se trata de enchílame estas tres. Sin duda, al gober lo anima un buen
propósito, que en el trasfondo es no permitir la impunidad, pero no es a él a
quien corresponde conminar a los juzgadores para que se porten derechitos.
Lo
que sí debió haber dicho fue que ante cualquier asomo de incumplimiento de un
juez, su gobierno lo denunciaría ante el Poder Judicial para que lo investigara
y lo sancionara, de llegarse a probar alguna infracción legal. Quien debió salir
a hacer la advertencia era la magistrada presidente. Él la suplió.
Son
asomos ya de aquí solo mis chicharrones truenan, de yo mando y si me equivoco
vuelvo a mandar, de la concentración de poder por encima de toda la estructura
de gobierno (el gobierno lo conforman los tres poderes), de cómo emerge ya el
hombre que se cree iluminado (el que cree estar en posesión de la verdad
absoluta), todopoderoso, y actúa como tal.
Y,
lector, ¿has notado que incluso ya desplazó, ahora sí, ya borró del escenario
mediático al secretario de Gobierno, Eric Cisneros, quien tiene buen rato que, contrario a como
acostumbrada, no ha salido a decir ni pío, tan proclive que era a dar
declaraciones de prensa así dijera sinsentidos?
Si
ya está cayendo en el supuesto que comento lo comprobaremos por su modito de
andar. Porque hasta en eso cambian.
Ahora
sí, ¿gobernador habemus?
Ningún despido en RTV
Anoche
confirmé que en Radio Televisión de Veracruz (RTV) no se tiene ni se ha tenido
considerado un despido masivo de trabajadores, ni de nadie, como corrió ayer una versión.
Los
más sorprendidos con la especie fueron el propio gobernador Cuitláhuac García
Jiménez y el coordinador general de Comunicación Social, Iván Luna Landa.
Lo
que sí es cierto que en las dependencias de gobierno, prácticamente en todas
las demás, ha continuado el despido de trabajadores y se sabe que va a
continuar. Lamentable por quienes quedan, junto con sus familias, en la
indefensión siquiera para sobrevivir.

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