Prosa aprisa
Civilidad política
Arturo Reyes Isidoro
Mientras que otros le tiran caca
al PAN y a su dirigente nacional Gustavo Madero, así como a los candidatos
blanquiazules, en especial con motivo del proceso electoral, el senador Héctor
Yunes Landa se conduce con toda civilidad, respeto y madurez política y dialoga
en los mejores términos con el barbudo líder blanquiazul.
El domingo, el equipo de prensa
del ex dirigente estatal del PRI difundió un boletín de prensa y una fotografía
donde se ve a los dos personajes platicando en un hotel de Ensenada, relajados,
sonrientes, no obstante que los candidatos de sus partidos sostienen una
batalla electoral a muerte por la gubernatura de Baja California. Con ellos se
ve también el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello.
“Lo que debe imperar es la civilidad política por encima de intereses
partidistas o de grupos. El gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, y un
servidor intercambiamos comentarios y nuestra visión sobre algunos temas con
Gustavo Madero, demostrando que podemos convivir y trabajar unidos por el
bienestar del país”, apuntó Yunes Landa.
Héctor, sin duda, interpreta así la conducta que muestra también al
respecto el dirigente nacional de su partido, César Camacho Quiroz, quien
dialoga no sólo con Madero sino igualmente con Jesús Zambrano, el dirigente
nacional del PRD, conducta que a su vez, con su ejemplo, les impone el
presidente Peña Nieto.
Esas cosas, como las del ex diputado por La Antigua, cómo cuentan en
política y cómo le habrán de redituar en su aspiración a la gubernatura del
estado para 2016, carrera en la que prácticamente sólo él y su “sobrino” José
Francisco Yunes Zorrilla ya van solos.
Inundaciones
Los recuerdos son imborrables y
por ello presentes y revivibles.
No se me olvida un viejo
avioncito de carga, que salvo los asientos del piloto y del copiloto era el
puro cascarón.
Quienes por primera vez nos
subíamos en él, que prácticamente éramos todos, nos sentíamos fuera de lugar al
no hallar asientos, ni cinturones de seguridad, ni siquiera correas para
agarrarnos o tener un punto de apoyo.
Era una especie de pequeño avión
militar, de tal modo que nos sentábamos, como los soldados, en el piso, pegados
a la pared de la nave uno junto al otro, a ambos lados del aparato.
La verdad, para mis adentros, me reía al ver a los
estirados funcionarios de entonces, bien vestiditos, almidonaditos,
planchaditos, acostumbrados a los cómodos jets o a los costosos
helicópteros, tener que viajar como
todos: sentados en el piso. Esa era una verdadera lección de democracia que
recibían y vivían
Nuestra primera experiencia era
de lo mejor. Quién sabe por qué, pero por inercia todos escogíamos para
sentarnos de la mitad de la nave hacia atrás, hacia la cola, sin que el piloto
o el copiloto nos hicieran alguna indicación.
Pero cuando ya éramos bastantes,
¡zas!, hacíamos contrapeso y el avión se paraba de cola y todos nos íbamos
hasta el fondo, unos encima de otros y revueltos entre la carga, hasta que
algunos de afuera corrían a colgarse de la parte delantera de la nave para
enderezarla.
Siempre tuve la impresión de que
el piloto y el copiloto se divertían con el espectáculo y por eso no nos
advertían nada cuando nos subíamos. Yo, a la vez, me reía de los funcionarios, que
cuando se nivelaba la nave, antes de emprender el vuelo ya tenían la ropa toda
arrugada y llena de polvo. Era un buen inicio para enfrentar el lodo, las aguas
putrefactas, inmundas, toda la insalubridad a las que nos íbamos a enfrentar
horas después.
Era el año 1999 y gobernaba el
estado el licenciado Miguel Alemán Velasco. Veracruz había sufrido una de las
más graves inundaciones en su historia y prácticamente todo el norte del estado
estaba devastado.
Como todas las vías de
comunicación habían quedado destruidas, la única manera de llegar a aquella
parte de la entidad y de llevar ayuda y auxilio era por vía aérea. Los
helicópteros se dedicaban a rescatar a decenas y decenas de personas que habían
quedado aisladas en muchos poblados.
Por eso el viaje en aquel viejo
avión. Se cumplió con los paisanos en desgracia. Aprendimos mucho. Supimos y
vivimos el valor que en esos casos tiene la ayuda, la solidaridad. Quienes
participamos entonces, lo sabemos bien ahora.
Por eso valoro, en toda su
magnitud, aunque la importancia de la acción se ha perdido entre los dimes y
diretes de las campañas políticas, la movilización y auxilio que prestaron el
pasado fin de semana las huestes de la Secretaría de Seguridad Pública en los
municipios de Actopan y Úrsulo Galván.
Viendo las imágenes por la
televisión de los helicópteros de la Secretaría de Seguridad Pública que
estuvieron rescatando a muchas personas que quedaron aisladas en diversas
comunidades por el crecimiento de los ríos y cuerpos de agua así como por los
desbordamientos en muchos casos, recordé aquellos momentos que vivimos al final
del siglo pasado.
Igual, cuando vi las imágenes de
policías y cadetes, pero también de trabajadores administrativos, civiles,
paleando para quitar el lodo y auxiliando a los damnificados para rescatar lo
rescatable de sus pertenencias, recordé cuánto significan esas acciones para
los veracruzanos en desgracia, que lo que más necesitan es el aliento, saber
que no están solos.
Esas son las buenas acciones de
gobierno que hay que reconocer. Qué bueno que Arturo Bermúdez Zurita, el
secretario de Seguridad Pública, se puso las pilas de inmediato y actuó y
ordenó actuar a todo el personal de su dependencia. De alguna forma les sirvió
de entrenamiento porque la temporada de lluvias y ciclones apenas comienza.
Como hay que reconocer también al
secretario de Salud, Juan Antonio Nemi Dib, a quien vi al anochecer del lunes
llegar con los zapatos llenos de lodo procedente de Actopan-Úrsulo Galván, en
donde ha estado pendiente que haya la atención primaria de salud oportuna, pero
también tomando las primeras medidas para construir de nuevo el Centro de
Salud-Hospital que prácticamente quedó destruido (me mostró las fotos que traía
en su cámara) y donde, preocupantemente, los expedientes de los pacientes
quedaron dañados en forma irreparable por el lodo que los bañó, así como muchas
medicinas echadas a perder entre el lodo.
Mi abrazo a Marijose
Joven y valiente mujer,
conductora de noticias y columnista, compañera, pues, Marijose Gamboa,
candidata del PAN a diputada local por el distrito XXI del puerto de Veracruz,
es víctima de una chicanada electoral que le ha hecho el Instituto Electoral
Veracruzano (IEV): No puso en la boleta electoral su sobrenombre, Marijose, con
el que todo mundo la conoce, sino sólo su nombre completo María Josefina Gamboa,
mientras que sí puso el de la candidata del PRI, Anilú, como todas la conocen y
cuyo nombre completo es Ana Guadalupe Ingram. Marijose paga, así, ser una
periodista combativa y de denuncia. Le envío mi abrazo solidario y le expreso
mi respeto y admiración. Por lo que hace a Anilú, mi ex compañera de trabajo en
el Gobierno del Estado, no creo que necesite de ese tipo de trampas para ganar,
si es que va a ganar.
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